¿Es lo mismo la libertad esencial que la libertad trascendental?

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No es lo mismo la libertad esencial que la libertad del ser personal o la persona en tanto que libertad (libertad trascendental).

La libertad en la esencia es "manifestación" de la libertad personal (la libertad trascendental se manifiesta libremente con libertad esencial).

Pongamos un ejemplo de libertad esencial: escoger entre moto o bicicleta ; o la libertad de expresión, que me dejen gritar.

La libertad trascendental (y éste es uno de los grandes descubrimientos de Polo), es la persona misma. La persona, cada quién, es un ser abierto por dentro.

Abierto quiere decir eso, que no está cerrado, que puede ser todas las cosas, si quiere.

La libertad, como todo lo humano, es dual. Tener en cuenta la dualidad nos ayuda a entender mejor la antropología poliana.

Pero no debemos imaginar la esencia como un sujeto distinto del sujeto que es la persona. Eso sería dualismo.
Polo llama a la esencia humana "el disponer indisponible". No podemos disponer de nuestra esencia.

La esencia es nuestro autoperfeccionamiento. No es que yo tenga más músculo haciendo ejercicio, sino que yo soy músculo. El "tener" con los hábitos no es lo mismo que el "tener" con las manos.

De ahí que podamos decir que somos más libres (libertad esencial) en la medida en que disponemos con más virtudes. El hombre puntual puede llegar a tiempo o retrasarse (si quiere). El que no posee la virtud de la puntualidad llegará tarde a no ser que por casualidad se presente a tiempo.

Luego la libertad trascendental crece según el crecimiento de la libertad esencial. El ser personal no crece aislado, sino que decimos que es "elevado". La elevación es un cierto crecimiento intrínseco, sin culminación.

En la etiqueta 5.7.0 hablamos de las elevaciones o etapas trascendentales.



Y ahora detengámonos sobre la dualidad que es la libertad trascendental.

El miembro inferior de esa dualidad es la libertad nativa y el miembro superior es la libertad de destinación.

"Libertad nativa": Dios crea al hombre llamándolo. El hombre no está obligado o determinado a responder. Su creación es una llamada…

Aunque no nos demos cuenta (el "darse cuenta" pertenece a la esencia humana), aunque ahora no nos demos cuenta, digo, al ser creados hemos sido llamados por Dios a acompañar libremente, íntimamente, a acompañar a los otros, a las demás personas y a Dios, con amor donal, sirviéndonos del mundo. Esa llamada inicial es la que nos hace radicalmente libres: es la "libertad nativa".

El miembro superior de la dualidad de la libertad trascendental es lo que Polo llama "libertad de destinación": seremos eternamente lo que queramos ser. No se nos impone el destino.

Acompañaremos a quien queramos: a Dios, a Zapatero, al Pálido Iniesta, a Nadal o a Segolène. O al lucero del alba.

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