¿Cuál es el modo correcto de entender la omnipotencia?

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El modo correcto de entender la omnipotencia es en términos de donación.

Ser omnipotente es dar ad extra puramente, sin pérdidas ni condiciones limitantes.

No se trata de que Dios pueda hacer todo, sino que Dios es el Origen de todo.

"Todo es posible para Dios" Mt 19, 26
"Nada es imposible para Dios" Lc 1, 37

El hacer divino no está regido por la posibilidad, pero tampoco por la necesidad, ni por la contingencia lógicas.

"Lógicamente" intentamos comprender lo que sucede necesariamente (la piedra cae) o contingentemente (y me aplasta).
Es posible que una piedra me aplaste.
Y también es posible que no me aplaste.

El hacer de Dios está por encima de toda posibilidad.
Es un dar trascendental puro, que hace que las cosas sean posibles o imposibles.

Todo es posible: lo posible y su opuesto.
Nada es imposible: Dios es el que da el ser a lo imposible. El Origen de la imposibilidad es también Dios.










Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.57. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García..

¿Qué es autotrascenderse?

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Autotrascenderse no es una especie de autorrealización para ser más o de nirvana para desvanecerse. No es ni causarse ni destruirse.

Autotrascenderse es una forma de dar (no olvidemos nunca que el "trans" de transcendental significa "dar").

Autotrascenderse es darse, buscando quién nos acogerá.

Es una búsqueda pura, pues no se trata de encontrar algo, sino sumirse en el dar.

Un dar que es imposible si el don no es acogido.

¿A quién contaré mis penas mi dulce amor…?








Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 nota 35. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?

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Autotrascenderse es una forma de dar. La más alta.

No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.

Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad más alta de dar: darse.

Lo trascendental en sentido estricto es el Dar supremo, Dios.

Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.

Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.

La Sagrada Escritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).

Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.

Luego el autotrascendimiento humano nos muestra, si lo llevamos al extremo, cómo será el Dar supremo que es Dios.








Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1  Dios
1.0.2  dar trascendental
1.5.2  relación (en construcción)
5.2.0     trascendentales
12.1.0  Trinidad(en construcción)

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¿Cómo se enriquece nuestro entendimiento de la congruencia de la Trinidad?

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Nuestro entendimiento de la congruencia de la Trinidad se enriquece si entendemos lo que significa dar sin reservas.


"Dar sin reservas" es la anulación en Dios del amor a sí mismo.

El Padre no se complace en sí mismo, ni tampoco el Hijo, sino el Padre en el Hijo (Mt 3, 17) y el Hijo (Jn 15, 11) en el Padre (Jn 4, 34); y el Espíritu Santo, que es el amor, no se ama a sí mismo, sino que es el gozo que se goza en el Padre y en el Hijo, de los que procede.

El dar es interpersonal.



En la etiqueta 2.11.1 hablamos de la "congruencia", noción poliana para designar que lo conocido es "congruente" con el conocer. Existe coincidencia y separación entre el conocer y lo conocido.
El conocer más alto será aquél en que más coincidan método y tema.
Dios es Idéntico.
Pues bien, las Personas divinas, al no dejar resquicio para pensar en sí, al ser un "dar sin reservas" son congruentemente Idénticas, sin dejar de ser Tres.













Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.62.3 y nota 42. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Cómo es el dar divino?

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El "dar divino" es sin  pérdidas ni reservas.

El profesor Ignacio Falgueras encuentra que el Dar supremo es sin pérdidas al constatar que es dar puro.

Y añade que Cristo revela (a quien lo busca) un núcleo del dar aún más profundo y preciso.
Se trata de un ingrediente del Misterio manifestado en la cruz: el dar sin reservas.
La muerte de Cristo, libremente aceptada y querida, tiene el sentido donal más alto.
Los cristianos sabemos así que el dar divino es “sin reservas”.




Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar", de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
Para saber más:
Etiqueta 1.0.1 Dios.

Etiqueta 1.0.2 Dar trascendental.
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¿Pueden las criaturas dar sin reservas?

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El "dar sin reservas" de Dios es un misterio oculto.

Pero su revelación por la palabra silente de la cruz arroja una iluminación inesperada para la inteligencia humana en su investigación de los trascendentales.

El “sin reservas” es la anulación en Dios del amor a sí mismo.

Las criaturas no pueden dar “sin reservas”. Y no lo pueden porque su “dar” es recibido. Sólo olvidándose de sí llegan a ser divinizadas y entran en el dar interpersonal supremo.

Aquí, olvido de sí significa olvido de su yo. (Lo digo porque cabe otra interpretación del olvido de sí, como introducción querida del límite mental para actuar y servir).

Los trascendentales humanos son condicionales.
Dan si reciben. Y si nada en ellos se opone al dar. Evitar esa oposición es la tarea que los cristianos llamamos lucha ascética: el progresivo y constante olvido del yo.









 Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.62.2 Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más:
Etiqueta 1.6.1 Ser creado
Etiqueta 1.0.2 Dar trascendental

Etiqueta 1.0.1 Dios
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¿Cómo iluminar la conversión en identidad de los trascendentales?

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Iluminaremos la conversión de los trascendentales si consideramos que el dar divino es sin reservas.


Falgueras saca un enorme provecho de Fil 2, 7-8 en donde se habla de la kénosis o exinanitio y de la humiliatio del Verbo.

Este "sin reservas" arroja una luz inesperada para la inteligencia humana en la investigación de los trascendentales.

En efecto, ya sabíamos que el dar divino es sin pérdidas.
De ahí que entendamos que no hay incompatibilidad entre la Unidad de Dios y la Trinidad, pues las Personas, al dar, no pierden nada.

Ahora, con el dato revelado del "sin reservas", entendemos que los trascendentales se convierten en identidad.

La teología trinitaria gana en comprensión de la positiva congruencia o unidad entre las Personas. Y, a la vez, la filosofía trascendental y cristiana afirma su convicción en la conversión en identidad de los trascendentales personales, mejor dicho, en el horizonte de identidad, ya que la persona humana será siempre "además" (la identidad no es detención).









Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.62.3. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Cómo se caracteriza el dar puro?

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Es un dar en el que nada se pierde y nada se guarda.

Un dar sin reservas.





Ideas inspiradas en el artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.68.2. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Es misterioso el origen del dar?

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Podemos describir la electricidad y conocer sus causas físicas. ¿Pero qué es la luz? La luz en sentido estricto es "conocer" (hacerse otro).

Nos complace describir fenomenológicamente nuestra experiencia intelectual del conocer. Pero solo Dios sabe "dar" el conocer.
El Origen es un misterio.
(Misterio es una iniciativa divina).

El hombre sabe cómo "dar" en la medida en que aparece en él la verdad de su voluntad: lo tuyo es querer, hacer el bien, dar más otro, dar sin perder.

El mal, el dolor, es la obstrucción del querer. Inexplicable en su origen como inexplicable es el Origen del dar.

Yo puedo explicar el porqué de un dolor de muelas y su utilidad para preservar mi boca. Pero hay razones que solamente conoce el corazón. La más alta es el Origen.

El dolor humano es un símbolo del dolor puro. Y el dolor puro es un misterio.
¿Por qué no quieres dar?
Solo el Amor lo desvela.

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¿No serán la verdad y el bien, el conectivo del amor?

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Siendo la verdad el desvelamiento del ser.
Siendo el bien la efusión del ser.
Siendo el amor la comunión del ser.

Pienso que los tres son convocados por la belleza de la humildad.


Quizá, según el plan de Dios, es María el conectivo. La Belleza que convoca.
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¿Qué es el bien?

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El bien es la efusión del Ser.

Se dice también que el bien es "lo otro que el ser", en orden a la realización del ser.
Es importante notar que el ser creado es inidéntico. A eso alude la expresión "en orden a su realización".

Siempre podemos dar más, ser más. Los bienes son el futuro que se va realizando.

Ideamos bienes (lo otro) y podemos quererlos y otorgarlos en orden a destinarnos.

El bien está siempre subordinado a la aceptación por el otro, con el Otro.

El Bien Absoluto es el Don del Espíritu Santo que realiza la Comunión.


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¿Es el bien un trascendental?

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Los trascendentales son las propiedades puras del ser.
"Pura" significa aquí acto sin potencia.

Los trascendentales metafísicos son las propiedades puras del acto de ser del universo físico.

Los trascendentales personales (descubiertos por Polo) son las propiedades puras del acto de ser personal.

El bien se convierte con el ser: tanto con el ser del universo físico como con el ser personal.

El bien metafísico es difusivo.
El bien personal es efusivo. (No es otra cosa que la tríada amorosa trascendental, el Amar personal con sus tres dimensiones Aceptar, Dar y Don).

La ampliación de los trascendentales (además del bien metafísico el "amar" personal) se comprende cuando entendemos la libertad trascendental.
En efecto, el ser personal es libre, por lo tanto, su ser es co-ser, su verdad es inteligir personal, y su bien es amor personal.

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¿Qué distinciones es conveniente hacer antes de abordar el tema del bien?

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En primer lugar: no es lo mismo el bien trascendental que el bien esencial.

El bien trascendental es una de las propiedades puras del ser. Es un trascendental como el acto de ser y la verdad.

Si, con Polo, distinguimos entre el ser personal y el ser del universo físico, tendremos dos trascendentales distintos: el bien personal (que se convierte con el ser y la verdad personales) y el bien metafísico (que se convierte con el ser y la verdad del ser del universo físico.

El bien esencial :tanto la esencia de la persona humana como la esencia del universo físico tienen razón de bien. La persona humana otorga los bienes de su vida y el ser del universo físico se despliega según el orden del universo.
Tenemos así el bien esencial personal y el bien esencial metafísico.

El bien personal es efusivo.
El bien metafísico es difusivo.

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Detengámonos en los distintos bienes, sin olvidar que la noción que abarca todos los bienes es su consideración como "lo otro que el ser, en orden a la realización del ser".

El bien de la persona es su realización como amor.
El bien del universo físico es su realización como conectivo del amor personal.

El bien trascendental personal  es la efusión de las personas como comunión de amor,  siempre abierta al futuro. Tal el fuego. Es un bien necesario (de ahí que los condenados desesperen, al cerrarse libremente al futuro). También se le llama bien absoluto, en cuanto que se añade al Ser, sin añadirle nada.

Mi bien esencial personal es la efusión de mi esencia para entrar en comunión con otros. También se llama bien moral. Es el bien operado o procurado u otorgado. Es la dimensión "esencial" del amor personal humano.


El bien trascendental metafísico es el futuro, en cuanto tal, del universo físico, que es sencillo y depende solamente de Dios. Es también un bien necesario. Es el sentido metafísico del bien: todas las cosas tienden al bien por el que han sido creadas. El ser es una fuente que mana y manará.


El bien esencial metafísico es la realización del plan de Dios para el universo físico. En el análisis del bien del universo, descubrimos la esencia del universo como tetracausalidad que se despliega. Su cumplimiento es el orden de las causas. Gracias a los bienes del universo físico, las personas podemos conectarnos unas a otras, para otorgarnos dones, y hacer crecer la comunión de nuestras vidas.
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¿Hay distintos niveles de bien?

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El bien es la efusión del ser.

La verdad es el desvelamiento del ser. El bien es su efusión.

El bien, me escribió un día Jorge Mario Posada, es lo otro que el ser, en orden a la realización del ser.

Veamos sus niveles:

1) El bien absoluto es el Don de Dios. El Espíritu Santo que se identifica con el Dar y Aceptar divinos.

2) El bien de la persona es la efusión de su ser.

El bien trascendental personal  es la efusión de las personas como comunión de amor,  siempre abierta al futuro. Tal el fuego. Es un bien necesario. También se le llama bien absoluto, en cuanto que se añade al Ser, sin añadirle nada.

A nivel trascendental, el bien de la persona es el futuro no desfuturizable, pues Dios la asistirá siempre. Siempre más. Es la Réplica de cada quién en Dios.


3) A nivel esencial el bien personal es su don, es decir, su esencia creciente. La tarea de la persona es hacer el bien que ofrecerá a Dios. Edificar su vida.

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Y ahora hablemos del ser del universo físico, que es distinto del ser personal, pues no es libre.

1) El bien absoluto es Dios como primer principio de Identidad.

2) El bien del universo físico, a nivel trascendental es el futuro, sencillamente persistente.

3) El bien del universo, a nivel esencial, es su esencia, el despliegue de la tetracausalidad que se cumple gracias a la causa final. Por eso hay un adagio en filosofía que dice que el bien tiene razón de fin.








Para saber más
Etiqueta 4.0 La esencia del universo.
Etiquetas 1.4.4 la tetracausalidad y  1.4.8 Causa final (ambas en construcción).
Etiqueta 1.0.2 Dar trascendental

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Si el bien es "lo otro que el ser", ¿es lo mismo "bien" que esencia?

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En un cierto sentido sí, porque la esencia se distingue realmente del ser, y por tanto es "lo otro" que el ser.

Pero es estrictamente  "bien" en cuanto que es aceptada por otro, con y por el Otro.

Pienso haber entendido esta explicación en el blog poliano de Juan A. García González, tras una  intervención de Jorge Mario Posada, aclarando que hace falta distinguir el intento de bien como "otro que el ser", de la instauración de ese intento.

La instauración de ese intento se realiza con intervención de las personas: las personas aceptan u otorgan un don, el bien.

El intento de bien aparece gracias a la razón práctica y es refrendado por la voluntad, a nivel de la esencia del hombre. Es ésta la dimensión  esencial donde se juntan bien y esencia, si las personas se aman.

El amar, trascendental personal, acepta o da el bien al otro, con y por el Otro.


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Me permito insistir: Si el bien es "lo otro que el ser" en orden a su realización, el bien es un don.

El bien de la persona es su esencia libremente otorgada y aceptada.
El bien del universo es su esencia desplegada según Dios, con la colaboración del hombre, como teatro de nuestros Amores.

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En cualquier caso, el bien es un don. Es lo otro que el ser, que se realiza como don de la persona.

1. El ser (del Universo físico) persiste,  y entonces la persona que otorga el don es Dios. Ese don es el bien metafísico, que podemos contaminar con nuestros amores desordenados.

2. El ser (la persona humana) insiste, y entonces es la persona humana la que otorga el don, añadiéndose al querer de Dios. Ese don es el bien moral.

3. Si lo miramos desde la esencia, el bien es crecimiento :
El bien metafísico existe (la esencia del universo).
El bien personal es siempre más, consiste (la esencia humana).
El bien antropológico es, pues, lo que las personas añaden a la esencia, desplegándola (bien metafísico) o queriéndola (bien personal).

En los tres casos el bien (lo otro) es el ser en orden a su realización.


Jorge Mario ha aclarado que a nivel trascendental,  el amar equivale a dar y a aceptar un don.
Es una ampliación del bien trascendental metafísico, es ahora uno de los trascendentales personales descubiertos por Polo.

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¿Qué es servir?

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Servir es hacerse otro sin dejar de ser quien somos, en orden a la comunión, para dar más. Como una coral. Acompañar.
Servir es "hacerse otro", por el amor, gracias a los dones que aceptamos y otorgamos.

Aprendí de Ignacio Falgueras que "hacerse otro" es más que desvelar el ser. Pues cuando el ser se desvela nos inspira y le cantamos, dándole más.

Servir es "hacerse otro" para dar más a alguien. Es convertirse en bien para alguien.

Somos un bien para los demás gracias a los dones, que aceptamos y otorgamos.

Si el bien es lo otro que el ser en orden a su realización, servir será el "hacerse otro" para dar más a alguien, en orden a la comunión de personas (que es el amor).

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¿No serán la verdad y el bien, el conectivo del amor?

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Siendo la verdad el desvelamiento del ser.
Siendo el bien la efusión del ser.
Siendo el amor la comunión del ser.

Pienso que los tres son convocados por la belleza de la humildad.

Quizá, según el plan de Dios, es María el conectivo. La Belleza que convoca.

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¿Es el bien más o menos intenso?

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La noción de "intensidad" la reservamos para la esencia, que puede crecer más o menos.

El acto de ser no es intensivo.


El bien trascendental no es más o menos "intenso".

El bien esencial sí que es más o menos "intenso".

Mi bien trascendental es el don de mi vida cuando sea acogida por Dios. Este bien no crece, es mi Réplica.

Mi vida, sin embargo, sí que va creciendo, y ese crecimiento es precisamente mi bien "esencial", que voy otorgando libremente.

Mi esencia (mi vida) es un bien (esencial) porque, gracias a ella, entro en comunión de amor con el otro.
Es lo que en mí es también de otro.

Para el universo el Bien trascendental es la tetracausalidad querida por Dios, y el bien esencial su despliegue según el orden divino.

Para cada persona el Bien trascendental es su Réplica como Don acogido por Dios.
Su bien esencial es el otorgamiento que va realizando de su vida.


El bien más alto, es Dios, la Esencia divina, el Don del Espíritu Santo, que es Fuego que no se consume ni se consuma, que no crece.

En Dios Ser y Esencia se identifican. Dios es simple.


El bien es conectivo entre las personas, o conectivo del amor. Nos otorgamos bienes.

La noción de "intensidad" puede entonces describirse como mayor o menor cercanía de la esencia (del don de las personas) al Don Absoluto, el Amor que es la fuente de la comunión entre Personas.
La mayor cercanía, o identificación, es el Verbo, donde inhiere mi Réplica.

Un mismo bien puede ser, esencialmente, más o menos intenso. Depende de cómo jueguen las personas.


Nótese que Polo, describe la noción de "alternativa" como el encuentro con un modo de "vivir" mejor.
Así, hablando de las oportunidades que aparecen en la vida, al presentarse, podemos descubrir una mayor sociabilidad o comunión de amor.

La vida, que es la esencia humana, crece cuando hay mayor Comunión, cercanía al Amor.

En definitiva, a un mismo bien, a una misma oportunidad, se le puede sacar más punta según la libertad, es decir, según juguemos en el ámbito de la máxima amplitud.  

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¿Es lo mismo fin que bien?

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Al estudiar la moralidad de las acciones humanas se suele decir que el fin tiene razón de bien.

En efecto, el fin es el bien que se intenta al actuar.

Sin embargo, no todo bien es fin, pues hay bienes que nunca terminan.

Por ejemplo, la felicidad vivida en el orden del Amor.

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¿Es el bien un don?

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En Antropología, el bien, efusión del ser, es un don que se queda dentro.

Al darlo no se pierde. (Pues siempre encontrará correspondencia, si no, ese amor habría que matarlo. Dios, sin embargo, que tiene memoria, en último término se encarga de guardarlo).

Y el alma crece, esperando que el don sea aceptado y recuperado con creces.

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¿Tiene normas la libertad?

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Sí, las normas éticas.
Las normas éticas son leyes del ser libre para ser libre.
La primera es "haz el bien y crecerás".

El ser humano es un ser libre, es un ser personal, dueño de sí, debe destinarse y para destinarse necesita conocer su destino y el camino que conduce a él.
Destino que no se le impone. Libremente, la libertad se trueca en búsqueda de su destino.
El hombre libre es capaz de entender su destino y el camino.

Al ser libre puede seguirlo o no. Y puede cantarle.

Es aquí donde podemos ya comprender la normatividad ética propia de la libertad humana.

Las leyes éticas no son leyes físicas que nos determinan, son leyes del ser libre para ser libre, para destinarse libremente a su destino.

Veámoslo:

En la medida en que se entiende y se ama el destino, somos más libres, más dueños de nosotros mismos.

La ética descubre así dos series de nociones que son enteramente originales del hombre libre, a saber, bien-mal, virtud-vicio.

Bien y mal no se puede decir de lo físico, a no ser que abusemos de las palabras. La explosión de una supernova no es ni buena ni mala.
Buena mesa y mala mesa, o buen clima y mal clima, son acepciones secundarias.
Bien y mal, primariamente, son nociones estrictamente éticas que sólo se captan si se es libre. Lo bueno me conduce a mi destino, que libremente he de darme. Lo malo me separa de mi destino.

Haz el bien y crecerás es la primera norma ética, la primera norma de la libertad, del ser libre para ser libre.

Por otra parte, el cumplimiento o no de las leyes morales, modifica intrínsecamente la capacidad de realizar las acciones. Aparecen las virtudes y los vicios que perfeccionan o malogran la voluntad humana.

Ya tenemos las tres dimensiones de la ética: normas, bienes y virtudes.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 61.2, 62.3 y 63

Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre el bien, ver etiqueta 5.2.2
sobre la virtud, ver etiqueta 6.2.5

sobre el destino, ver etiqueta 13.0.0
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¿Qué es lo bueno y lo malo?

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Primaria, estricta y propiamente, decimos bueno y malo
de lo que hacemos según las decisiones libres.

Bueno si nos mejora. Malo si nos empeora.

Si nos mejora respecto de la vida lograda o si nos empeora respecto de la vida lograda.

La vida lograda es la que será aceptada por Aquél que no puede morir. El bien y el mal se miden, en último término, según el grado de Comunión (de Amor) que aseguran.

Originariamente, la alternativa bueno y malo es ética.

Aunque el animal percibe las situaciones de agrado o inconveniencia con su estado biológico y los estima (con el sentido interno denominado clásicamente "estimativa") como convenientes o inconvenientes, es decir, como situación que le determinará a intentar alcanzar o como algo a evitar, ese sentido de bueno y malo no es el sentido moral de  lo bueno de y lo malo.

Es un sentido secundario, como cuando decimos buena salud o mala salud. No tiene que ver con la libertad. No es una opción que esté en mis manos.

Muchas veces nos encontramos en la vida en situaciones que nos parecen malas, pero nos damos cuenta de que si esas situaciones no dependen de nosotros, no son malas, aunque mucho nos perturben.
No son malas en el sentido primario de lo bueno y de lo malo, que es el sentido moral, del que somos responsables.

Es bueno encontrar un tesoro, pero no es un bien que se derive de una decisión libre.







De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 63.3-4


Para saber más:
sobre normas, bienes y virtudes, ver etiqueta 9.1.4
sobre la ética, ver etiqueta 9.0.0
sobre el arranque de la ética, ver etiqueta 9.1.0
sobre la ley natural, ver etiqueta 6.2.0
sobre la virtud, ver etiqueta 6.2.5

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¿Cómo saber quiénes son personas?

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Sabemos que un ser es una persona humana cuando se manifiesta su naturaleza.
Como una persona es un animal que tiene razón, cuando un animal habla, sabemos que es persona.
Ésta es doctrina clásica, poseída pacíficamente.
Tomás de Aquino dirá que hay persona cuando hay forma humana, naturaleza humana.

Desde un planteamiento nominalista las cosas cambian, pues para el nominalismo cada individuo es distinto de los demás. No hay una naturaleza común.
Somos nosotros los que inventamos la etiqueta "hombre" y la ponemos a ciertos individuos. Habrá que recurrir al consenso o a la autoridad del legislador para saber quién es hombre y quién no.
Para unos el determinante será la autoconciencia, para otros el uso de razón y la libertad, para otros la edad.

En la práctica estas teorías han tenido mucha importancia a la hora de legislar sobre el aborto, la experimentación con embriones humanos, la esterilización de los deficientes mentales, y casos semejantes.

………………………………………

En ambos casos, ya sea porque la naturaleza humana aún no se ha manifestado suficientemente, o ya sea porque no admitimos la existencia de una naturaleza humana, parece difícil llamar persona a un embrión.

¿Cómo reconocer la persona que es un embrión humano?
Primero tenemos que darnos cuenta de que la noción de persona designa a un ser con una dignidad superior a los demás seres, pues la persona es un ser abierto a la trascendencia. Aunque a veces no lo manifieste, aunque no tenga aún la capacidad de enterarse de los primeros principios de la realidad, ya los posee.
La persona humana es una luz siempre encendida, llamémosle intelecto agente, o inteligir como persona, o libertad trascendental.
Para ver tenemos que abrir los ojos.
Un embrión humano no conoce (aún tiene los párpados cerrados) pero por dentro está abierto, es una relación subsistente.

El ser no se "identifica" nunca con sus manifestaciones externas.
(La composición real de acto de ser y esencia vige siempre en la criatura).
Gracias a las manifestaciones externas podemos tener indicios. Pero la persona se puede manifestar más o menos, o nunca.

El óvulo fecundado es persona humana.
Tiene un destino trascendente.
Es un ser abierto por dentro, aunque aún no lo esté por fuera.





Ideas sacadas de Rafael Corazón. Filosofía del conocimiento, pp 118-121.

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¿Qué ventaja tiene estudiar la ética en relación con la teoría de la evolución?

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Estudiar la ética en relación con la teoría de la evolución tiene la ventaja de darnos cuenta de cómo la ética impregna todo lo que existe en el hombre y correlativamente toda la acción humana.

No hay nada en el hombre que no tenga que ver con la ética. No hay nada en el hombre impermeable, aislado, autónomo de la ética.

O crecemos (y eso es la ética, el crecer del hombre, la ciencia del crecimiento humano hacia la felicidad), o nos extinguimos. Cada célula de mi cuerpo tiene una misión, un deber personal, mío. No está al servicio de la especie humana sino de mi libertad.

Así se esclarece el inicio de la vida del embrión humano y el sentido de la muerte y del dolor que la acompaña.
Éticamente triunfan la concepción y los cuidados paliativos.








De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 27.2

Para saber más sobre la teoría de la evolución ver la etiqueta 9.1.0

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