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¿Ponen los griegos el amor en Dios?

 


No.
Pues lo consideran un defecto.
Lo consideran como una tendencia a algo que nos falta.
Pero los cristianos sabemos que Dios es Amor.
 
Veamos lo que dice el profesor Sellés:
“Leonardo Polo acostumbraba a reiterar que la importancia del amor personal es un descubrimiento netamente cristiano, porque en la filosofía clásica griega se consideraba como una pasión, o en el mejor de los casos se vinculaba a la voluntad, la cual se tenía como tendencia, no como acto y, por tanto, inferior al entendimiento.
 
Pero Polo advierte que el mejor de los filósofos griegos, Aristóteles, se equivocó en relación a la voluntad. Porque, si bien es verdad que la voluntad es apetito, resulta falso reducirla a apetito.
Un cristiano lo sabe perfectamente; si no lo sabe le falta caridad. ¿Cómo va a ser un apetito amar al prójimo? El samaritano ¿qué apetito tenía de recoger al herido tendido en el camino, cargar con él y pagar sus gastos?
 Está claro que no se trata de eso”[1], es decir, que ni el amor personal ni su elevación son una tendencia (deseo, apetencia, orexis)".



[1]Polo, L., Presente y futuro del hombre, 242-243.

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