¿Quién es la persona humana?

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La persona humana es la estricta novedad, subsistente en la humana naturaleza, que hace suya mediante su yo (hábito de sindéresis).

Para comprender el función del yo ver la etiqueta 6.2




Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 348


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¿Cómo denomina Polo al principio de la dación?

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Polo llama "Intimidad" al principio de dación.

Alcanzar ese principio aclara definitivamente la noción de persona.

No somos sólo "yoes", subjetividades, inmanencia.
La capacidad de dar es más radical incluso que las cotas más altas de nuestra esencia, (que son las virtudes). Pues si somos generosos es porque, más adentro, está la fuente del dar.

El hombre es un ser personal porque es capaz de dar. Dar íntimamente, se entiende: no es el dar chocolatinas, sino la fuente del otorgamiento.

Desde la persona, dar significa aportar.

Desde la intimidad todo lo que tenemos (instrumentos, pensamientos, virtudes) adquiere la belleza del amor (de la comunión interpersonal entre dares).

Por eso dice Polo que el aportar refrenda el tener.

Lo más íntimo no es el yo, sino la persona: el dar, aceptando el don.

El yo se queda en don.

Puedo así olvidarme de mí (de mi yo), concentrándome en quien lo acepta (mi amante).

Y nos saltamos a la torera (si está permitido hablar así), toda la filosofía moderna con sus inmanentismos, idealismos y subjetividades.







Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 131.2

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¿Es la verdad una persona?

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El último apartado de "Quién es el hombre" se titula "el encuentro con la verdad".
Son apenas dos páginas que describen la conmoción que desencadena el acontecimiento del encuentro con la verdad (sin el cual, la vida es anodina).

La última frase del libro es: "la verdad siempre encomienda".

Me pregunto: ¿es la verdad una persona?

Juan García me dice que no todas las verdades son personas, quizá sólo una.

Pienso que, siendo la verdad el desvelamiento del ser, si lo que se desvela es el ser personal, la verdad es persona en tanto que canta para los demás y nos invita a danzar (ése es el encargo).

Si lo que se desvela es el cesto de Caperucita, entonces la verdad no es persona.


El desvelamiento de mi ser personal es el encuentro con mi "réplica", la persona que soy en Dios.
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¿Por qué la persona no significa "supuesto"?

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"Supuesto" es lo que está puesto debajo, lo que sostiene como fundamento.
Podemos "suponer" a una persona, imaginándola como una estatua: Sócrates.

Pero si queremos alcanzar lo que es la persona debemos abandonar la "suposición".

Suponer es objetivar el conocimiento, consumarlo. Si después pensamos a Sócrates vivo, la vida pensada sería un añadido a lo supuesto.

Persona no significa "supuesto", sino ser abierto, por dentro y por fuera.

La solución de Hegel (ser autoconciencia) y la solución de Kant (ser yo legislador) son intentos frustrados de abrir el "supuesto".

Polo, al caracterizar a la persona humana como futuro indesfuturizable, deja su ser abierto: siempre más (felices).







De esto hablan  Alfredo Rodríguez Sedano y Juan Carlos Aguilera en su artículo " La intersubjetividad a la luz de la apertura íntima personal", aparecido en Studia Poliana, 13, (2011), p. 38, 3.

Para saber más sobre:
el futuro………………………..……etiqueta 1.12.5
el dar trascendental……………etiqueta 1.0.2
la suposición………………………etiqueta 2.4.0 objeto y presencia mental

Se pueden estudiar también las etiquetas :
5.0.0 el ser de la persona humana;
1.0.5 persona;
2.4.0 supuesto;

5.11.0 apertura íntima.
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¿Es la persona una sustancia individual de naturaleza racional?

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Sí. La clásica definición de Boecio es correcta.

Pero inmediatamente debemos hacer aclaraciones, porque el término "sustancia" es utilizado para designar nociones distintas. A veces se habla de sustancia divina, otras veces de sustancia lógica, o de un sujeto de nuestro pensamiento.

Polo utiliza propiamente "sustancia" para designar a las sustancias elementales, a los efectos puros del mundo físico, que hoy se llaman bariones, quarks y cosas así.

Por eso, a la definición de Boecio, se le podría acusar de "cosista", pues estaríamos en el mundo físico. No hay novedad.

Lo mismo pasa con la noción de "naturaleza", que es la sustancia en tanto que sujeto de operaciones. Estamos en el mundo físico.  Es verdad que podemos decir que si una naturaleza tiene operaciones que son espirituales, racionales, entonces nos hemos salido del mundo físico, pero inmediatamente habría que aclarar que la naturaleza humana, racional, es dual: vida física, (sustancia que opera) y vida espiritual añadida por la persona, que es de donde vienen las operaciones espirituales.

La naturaleza es racional porque detrás hay una persona.

La definición de Boecio es correcta, pero no explica por qué la naturaleza en cuestión es racional, haciéndola depender, aparentemente, del mundo físico, de la sustancia que es su sujeto, y del orden del universo en la que se haya incluida.

Alguien podría pensar que del mismo modo que existen monos muy inteligentes (ya se entiende de qué tipo "inteligencia" hablamos), la naturaleza haría emerger seres con una inteligencia especial. La definición de Boecio se debe mejorar.

Pienso que la definición de la persona debe incluir alusiones al dar. A la novedad de la dación.

Novedad que no puede, de ningún modo, venir del universo físico.





Para saber más ir a las etiquetas:
5.0.0 el ser de la persona humana;
1.0.2 dar trascendental;
4.1.0 sustancia; 
1.0.4 persona;
2.4.0 supuesto;
5.4.5 novedad;
5.4.0 carácter de además.

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¿Qué es lo característico de la persona que exija el amor?

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Lo característico de la persona es el coexistir.
La persona nunca está aislada.
Una persona única es un absurdo pues no coexistiría.

El coexistir o co-ser, no es una relación externa o sociológica, sino una característica trascendental, radical.
Dependemos siempre de otro. Estamos abiertos al otro.

Es cierto que "otro" puede ser un perro, pero entonces nuestro ser se estancaría en la perreidad.
Más otro es otro hombre u otra mujer. Pero aun así, el coexistir con el otro no sería exhaustivo, nunca se agotaría nuestro ser con lo que el otro pudiera aportarnos (llegaríamos al aburrimiento). Y además el otro se nos puede morir.

Esas alteridades son relativas, algo o mucho aportan pero no nos dirán nunca quiénes somos exhaustivamente.
El hombre es incapaz de alterizar completamente a los demás (que los otros dependan de tal modo de él que agoten su ser en él). Y el hombre es también incapaz de alterizarse completamente respecto de ellos, es decir, que los otros me digan enteramente quién soy.

Donde se desarrolla completamente el hombre, en su carácter coexistencial, es "en" Dios.
Dios es, el absolutamente "otro" para mí.
No el relativamente "otro" de quien mi ser depende en parte. Mi ser entero depende de Él. Coexisto en Él.

(Atención, decir que Dios es el absolutamente Otro, no quiere decir que sea imposible el conocerle al ser tan distinto de mí. Eso es una idea de lo trascendental como lo inaccesible. Aquí decimos lo contrario, cuanto más Otro, más dependemos de Él, más podemos coexistir, más podemos recibir y dar. Más podemos ser además).

El hombre se conocerá absolutamente a sí mismo sólo en el amor de Dios.
Y se conoce relativamente a sí mismo en el amor de los otros.

En cualquier caso, el co-ser o coexistencia del ser personal humano exige el amor.








Ideas inspiradas en la pregunta nº 18 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor;
1.5.0 otro;
5.5.1 co-ser;
1.0.4 persona;


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Estudiamos actualmente en nuestro blog (hasta el 12 de julio 2016), la noción de "persona". Se trata de las preguntas de la etiqueta 1.0.4

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Intentamos acceder a una noción de persona que sirva tanto para las Personas divinas, los Ángeles y las personas humanas.

El ser de la persona "humana" lo estudiamos en la etiqueta 5.0.0

El gran descubrimiento de este tema es el "dar".
Estudiamos el "dar trascendental" en la etiqueta 1.0.2

El Origen es el Dar divino.

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¿Qué es el amor?

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Amor es comunión fructífera y sabrosa entre personas.

Dicho de otra manera, el amor es la comunión de personas que se afirman mutuamente.
Comunión asentada por la afirmación que uno hace del otro, del ser del otro.

Cuando dos personas se aman, se afirman mutuamente, al aportarse su "querer que el otro sea más". Estamos revelando que queremos añadirle nuestro "querer que sea más". Nos estamos "declarando".

Todos los actos de la voluntad, en cuanto que se diferencian de las operaciones cognoscitivas, tienen un carácter de autorevelación.
(No así las operaciones cognoscitivas, cuya intención es de "semejanza").

Así, cuando digo, me gusta el chocolate, revelo que "a mí" me gusta el chocolate.

Y no porque me guste como le pueda gustar la leche al gato, sino porque "la persona que soy" está constituyendo el acto de mi voluntad.
Los actos de la voluntad necesitan ser constituidos por la persona, que se manifiesta "aportando", desde su querer-yo.

El yo está en nuestras acciones, incluso cuando sencillamente escribo, pero la manifestación del yo en el escribir es una manifestación muy pequeña, casi ínfima.

Hay amores más altos, hay una jerarquía del amor.

Se debe llamar propiamente "amor" al analogado principal de esa automanifestación: al amor dirigido a un ser que cumpla la condición de grandeza e inagotabilidad.
Y que corresponda a ese amor.

Amor es, pues, la comunión fructífera y sabrosa entre personas.





Ideas inspiradas en la pregunta nº 1 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;
6.9.6 enamoramiento.


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¿Es el amor un acto de la voluntad?

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Los actos de la voluntad son seis:
- Los que versan sobre el fin: velle, intendere y frui.
- Los que versan sobre los medios: consensus, electio y usus.

Más que decir que el amor es un acto de la voluntad debemos decir que el amor es la actividad culminante de la voluntad, si se alcanza la comunión de personas.







Ideas inspiradas en la pregunta nº 1 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la revista y busquen el número 33 en el que aparece la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;

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¿Por qué dice Polo que la voluntad es una potencia menos fuerte que la inteligencia?

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La voluntad es una potencia menos fuerte que la inteligencia porque es menos autosuficiente.

La inteligencia ilumina la realidad con su luz propia. Es luz siempre encendida. Luz que ve a no ser que se le interrumpa el paso cerrando la ventana.

Sin embargo, la voluntad sola no sabe lo que querer.

Y además, cuando la inteligencia le presenta bienes deseables, necesita el refrendo de la persona. Los actos de la voluntad no los puede constituir la voluntad sola, sino que tienen que ser integrados libremente por la persona.

Cuando pensamos, el yo no constituye lo que pensamos.
En cambio, cuando escribimos con la pluma, nos "ponemos" a escribir. Este componerse comporta libertad, implica autodominio.
Todo acto voluntario es una autodesvelación.

Los actos de la inteligencia no son autodesvelantes del todo, basta que alcancemos una semejanza de la realidad. Nos autodesvelaremos después, si la verdad nos inspira.







Ideas inspiradas en las preguntas nº 3 y 4 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;


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¿Qué niveles tiene el crecimiento "habitual" de la persona humana?

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La persona crece, según sus hábitos a tres niveles.

A nivel categorial, en la medida en que, gracias a la posesión de instrumentos (coches, sombreros, ordenadores, teléfonos) se prolonga y se desborda.

A nivel esencial, en la medida en que, gracias a los hábitos de la inteligencia (ser poeta, músico o labrador) y a las virtudes de la voluntad (amabilidad, serenidad, optimismo) crece y se amplía.

A nivel íntimo y personal, en la medida en que, gracias a los hábitos superiores (sabiduría, esperanza, gracia) se abre más a Dios y a los demás.

Se multiplica.





Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.5

¿Consigue el hombre su identidad haciendo crecer su esencia?

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Por mucho que el hombre crezca, por mucho que se perfeccione a lo largo de su vida en forma de hábitos, a pesar de todo, en el hombre siempre permanece la distinción entre la essentia y el esse; nunca el hombre puede llegar a ser "una" identidad.

Es decir, por grande que sea su crecimiento esencial, siempre su ser está por encima de él.

Polo suele decir esto así: el hombre es un ser que carece de réplica en su esencia.

Nunca llegaremos a ser la persona que somos (que seremos, pues nuesro futuro es indesfuturizable).

Aunque nuestra esencia puede crecer, y nos hacemos más coherentes con el ser personal que somos, sin embargo, eso no tiene más que el carácter de una manifestación de mi persona.

La persona crece al crecer su esencia, se expresa mejor, según su esencia. Pero la persona es inagotable.

La esencia va hacia delante, pero nunca se agota.
Nunca se supera la distinción real entre esencia y ser personal.

Y cuando veamos a Dios cara a cara será nuestra esencia la que estará por encima de nuestro ser. Siempre inidénticos. Siempre hijos. Futuro indesfuturizable.











Éste último párrafo lo aprendí en Pamplona, de Ignacio Falgueras, durante el Congreso sobre la libertad trascendental en septiembre 2012. Lo interpreto diciendo que en el Cielo es la esencia la que tirará para arriba de la persona que seremos, saciándola sin saciar.
Si quieren ustedes leer una síntesis de la distinción real esencia – acto de ser, vayan al principio de este blog, a la página (en rojo) ""Esencia – Ser. Su distinción"


¿Por qué dice Polo que cuando amamos a alguien lo estamos afirmando?

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Cuando amamos a alguien lo estamos afirmando porque al amar estamos añadiendo al ser del otro "nuestro querer que sea más".

El amor es la actividad culminante de la voluntad. Y la voluntad no es algo mecánico, que se desencadene sola, como cuando un perro encuentra un hueso, o un árbol.

Los actos de la voluntad deben ser constituidos por la persona, que se manifiesta aportando "su querer" y añadiéndose así al otro.
Aparece una novedad.
El yo se ha lanzado libremente hacia el otro. La persona comparece.

El amado, o la amada, resulta así afirmado o afirmada, por el amor, por el verdadear de la voluntad del amante.






Ideas inspiradas en las preguntas nº 1 y 2 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;


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¿Por qué decimos que la voluntad es curva?

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Decimos que la voluntad es curva porque los actos de la voluntad necesitan ser constituidos no solo por la voluntad sino también por la persona, que "aporta" desde su querer-yo.

De ahí que digamos que la voluntad es "curva".

"Curva" quiere decir que no sigue solamente una instancia rectilínea, sino que tiene en cuenta dos direcciones a la vez: una dirección marcada por la voluntad (es la "intención sobre"…) y otra dirección superior, en la que la persona se desvela o comparece.

El yo se lanza hacia el otro, no solo porque la voluntad quiere, sino porque la persona refrenda con su querer-yo lo que la voluntad quiere.








Ideas inspiradas en las preguntas nº 1 y 2 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;



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¿Es la sustancia la realidad por antonomasia?

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No, la realidad por antonomasia es el acto.

Por una inveterada manía, que preside en gran parte una orientación filosófica correcta, que es el realismo, se suele tender a considerar que la realidad por antonomasia es la sustancia; es lo que se llama realismo “sustancialista”.

Esto viene de Aristóteles que divide las categorías en sustancia y accidentes.

Si se entiende que la sustancia es la realidad por antonomasia se concluye que la plenitud de la noción de acto corresponde a la entelécheia. Ser real como una montaña es real, como un monolito.

Sustancia es entonces el sentido del acto más importante. Y el pensamiento sería un accidente, importante, pero accidente.

El conocimiento en acto, el acto de conocer, se considera secundario, como si fuera  un accidente de la montaña, como si fuera un volcán. Se le presta menor atención, y al fin y al cabo sería un asunto marginal a la filosofía primera.

Nosotros decimos, sin embargo, que el ser personal no es estrictamente sustancia. Podemos pensarlo o “suponerlo” como sustancia. Es correcto. Pero el ser personal es otro sentido del ser. La persona, más que sustancia es subsistente espiritual, y por lo tanto abierto por dentro.

No es lo mismo ser una montaña que “conocer” una montaña.
“Conocer” es ser comunicando con otro ser, asimilando, incorporando otras realidades.
Estamos abiertos por dentro y por fuera.

La imagen del volcán (que es sólo una imagen) nos sirve como eso, como imagen. Somos energía, enérgeia, pero no energía física sino “espiritual”. La persona puede dar más, puede darse, ser comunión.

Puedo poner todas mis “energías” al servicio de Dios. Y de los leprosos.






Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.2

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¿Qué es la intención de otro?

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La intención de otro, que es la intención propia de la voluntad, es el intento de incrementar la razón de otro en el ser. (Es decir, que el ser amado, dependa más del amante).

El amor trata de poner al otro en el ser. Quiere más ser para el otro.

Amar es así querer que el otro sea más.

Se quieren dar nuevas razones para que el otro sea. Y la razón más importante es que yo te quiero, más.

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¿Son los actos cognoscitivos desvelantes de la realidad?

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La verdad es, en efecto, desvelamiento del ser.

El acto cognoscitivo es una actividad "asimilativa".
No es el yo o el acto de pensar quien constituye la mesa conocida. La mesa ya está hecha. Al conocer asimilamos la mesa.

No es que el conocimiento sea pasivo, sino que es asimilativo.

Con la intención asimilativa no nos desvelamos, sino que desvelamos la realidad.

Esto no quita que la verdad nos inspire, y entonces expresamos la verdad con nuestro canto, al aceptarla y amarla. Entonces sí que nos autodesvelamos, pero es porque interviene el amar personal.






Ideas inspiradas en la pregunta nº 5 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;

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¿Es el Espíritu Santo asimilativo?

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El Espíritu Santo no es asimilativo.
El Espíritu santo (en tanto que Persona distinta del Padre y del Hijo) es el Don al Otro.

Tomás de Aquino dice que si el Espíritu Santo fuese también asimilativo, sería un segundo Hijo. No se distinguirían.

Si se quiere hacer una teología trinitaria debemos distinguir entre la intención de la voluntad y la intención de la inteligencia.

La intención de la voluntad es intención de otro, está en lo otro, quiere más otro, transmigra hacia el otro. Por ahí se llega al Espíritu Santo.

La intención intelectual hace suyo lo otro, es asimilativa. Acepta. Por ahí se llega al Verbo.






Ideas inspiradas en la pregunta nº 6 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;

1.2.2 amor ; 

¿Por qué dice Polo que el "yo pensado no piensa?

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Polo repite la fórmula "el yo pensado no piensa", para señalar de una parte que lo que se piensa es irreal, (y por lo tanto no puede pensar). Lo que es real es el acto, y no el objeto pensado.

Pero esta fórmula aclara también cómo en los actos intelectuales el yo se limita a asimilar lo iluminado, mientras que en los actos de la voluntad el yo constituye el acto, desvelando a la persona.
"El yo pensado no piensa" mientras que "el yo queriente quiere".
El yo es queriente al querer.
El yo está en el acto voluntario. Está añadiéndose.

El yo no está en el acto intelectual, lo que hace es asimilar lo otro, traer a sí mismo lo otro.

En la voluntad hay algo así como la creación de una verdad. La verdad de la voluntad que quiere.
Para que haya amor, para que haya comunión de personas, no basta conocerse, la persona debe comprometerse en el querer, autodesvelarse dándose, queriéndose.







Ideas inspiradas en la pregunta nº 6 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;


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¿Es creadora la voluntad de verdades

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Sí, la voluntad "crea" una verdad que es propia de la voluntad y que consiste en el añadir, al ser del otro, nuestro "querer que sea más".
Por eso la voluntad debe estar asistida por el amar personal que aporta una novedad, la novedad de "su querer". Quiere "más ser, para el otro".

Se crea así la verdad de la voluntad que quiere.
La persona se ha comprometido al querer, autodesvela la novedad de su querer. Su voluntad "verdadea"

Hay pues una verdad en la voluntad, que sólo se da si se da el acto voluntario. Y en este sentido también hay una manifestación personal.

Más aún, en el amor en cierta manera se crea al otro, al querer más otro.
En este sentido el amor es incrementativo. Y Polo lo califica de efusivo.

Cuando queremos a alguien lo estamos honorando.


Ideas inspiradas en las preguntas nº 7 y 8 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;

1.2.2 amor ;

¿Es el bien la efusión del ser?

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El amor es incrementativo, pues la intención de la voluntad es intención de alteridad, queremos más otro.

En este sentido podemos hablar del bien como la efusión del ser, pues se está "creando" la verdad de la voluntad que quiere más otro.

Y porque queremos más otro, queremos que sea más. Y ese querer que sea más es su bien (la efusión actualizada por la voluntad del que ama).

La razón de bien depende de la razón de otro (más otro es el bien querido).

Pero la razón de bien (el querer más actualizada por la voluntad) no es espontánea o automática, no está desencadenada como si fuera un apetito sensible , sino derivada desde dentro de la persona que ama, porque el auténtico trascendental es el amar.
El bien depende del amar, y no viceversa.

Por eso podría decirse que en Dios la voluntad no es difusiva, sino efusiva.

Siempre que aparece un bien, en lo más alto hubo efusión del ser.

El bien es difusivo porque el amar es efusivo, pero el bien, en el fondo fondo, es una efusión del ser.


Ideas inspiradas en las preguntas nº 8 y 9 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor ;



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¿Hay una verdad en la voluntad?

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Sí, hay una verdad en la voluntad, que es propiamente un "verdadear" de la voluntad y que es exclusivo de ella.

Gracias a esta verdad, el yo se manifiesta y se efunde.
Es la efusión del ser personal que conduce más allá de sí, que apunta al otro, que quiere más otro, el bien del otro o de lo otro.





Ideas inspiradas en la preguntas nº 10 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
5.2.1 verdad;

6.2.2 voluntad
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¿Qué diferencia hay entre difusión y efusión

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La difusión es como una degradación.

La efusión es incrementativa.

Los antiguos decían que bonum est diffusivum sui.
Pero lo que deriva del bien que quiere la voluntad, es inferior al bien: va hacia abajo.

En cambio, el amar trascendental es incrementativo. Es en este sentido en el que hablamos de efusión.
El amar personal "crea" el querer de la voluntad, la verdad de la voluntad que afirma al otro.

De ahí que siempre que aparece el bien hubo, trascendentalmente, una efusión incrementativa del ser.

Esto no obsta, al contrario, para que el bien se difunda, en la medida en que pueda ser acogido por el otro o por lo otro.





Ideas inspiradas en la preguntas nº 9 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.13.1 efusión;
5.2.2 bien

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¿A qué debemos llamar propiamente amor?

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El amor es la comunión de personas que se afirman mutuamente.

En el amor cada persona se automanifiesta.


Pero hay una jerarquía del amor.
Hay que llamar propiamente amor al analogado principal de esa jerarquía.

Propiamente el nombre de amor es merecido por el amor dirigido a un ser que cumpla la condición de grandeza e inagotabilidad. Dios.
Dios es el Amor.

Cierto es que también es amor el don gratuito y libre que se da a un chucho.
Pero la medida de la libertad no está en la indiferencia, sino en la diferencia. No está en que libremente se elija amar, sino en lo que se ama o en aquél a quien se ama.

Hay más libertad cuando se puede abarcar más. Dios es la máxima amplitud. El amor a Dios marca la diferencia más alta.

La mayor altitud de la persona a la que se refiere el amor requiere más dones para ser aceptado en comunión.

Amor, amor, es el amor personal.
Y el Amor propiamente es la Trinidad.






Ideas inspiradas en la preguntas nº 11 de "ANALÍTICA DEL AMOR". Entrevista de Juan Cruz Cruz con Leonardo Polo, que pueden ustedes encontrar en el nº 33 de la revista Miscelánea poliana.

Pinchen aquí para acceder a la entrevista completa: http://www.leonardopolo.net/revista/revista.html


Para saber más vayan a las etiquetas de este blog:
18.1.1 analítica del amor;
1.2.2 amor



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