¿Tiene grados la vida?

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Sí.

Los grados de la vida, esquemáticamente, son tres:
vida vegetativa (que estudiaremos en la etiqueta 4.5)
vida animal (que estudiaremos en la etiqueta 4.6)
vida humana (que estudiaremos en la etiqueta 6.1.0)

La vida humana no es un "grado" superior de vida biológica, ya que es la manifestación de una persona humana, y por tanto, libre.
La vida en el universo físico no es libre.

La vida humana, creación segunda de Dios, es la respuesta a la llamada inicial a vivir en el ámbito de la máxima amplitud (por eso es libre).

La fe sobrenatural nos revela la "vida eterna".
Este tema no es, sin embargo, exclusivo de la teología sobrenatural. Antropológicamente, según el plan de Dios, podríamos abrirnos a esa vida gracias a las aperturas transcendentales.

Sin embargo, como el pecado es el error peculiar de la libertad, solos no podemos introducirnos en la felicidad. Solamente una nueva intervención divina puede salvarnos de la muerte segunda.
Esta nueva intervención, gracia sobrenatural, nos introduce en la vida eterna, cuando Dios acepta el don de nuestro trascendental personal "amar" (en la etiqueta 5.5.3 estudiaremos el trascendental personal "amar").

En Dios la vida eterna pienso que hay que referirla al Espíritu Santo: el Don que en cuanto vínculo amoroso se llama Amor (vínculo de la Comunión). Aunque Vida es un atributo divino operativo, inmanente, aquí la considero, es una propuesta, no como un atributo divino, sino como Tercera Persona.

Un comentario: la vida es intensiva. No así el acto de ser personal.

En Studia Poliana nº 7 hay un artículo de Gabriel Martí, que habla de la sempiternidad de Dios.

De Ana Marta González aprendí que Dios es la máxima vida. Dios es el Ser, la Identidad, Acto puro, Origen activo. Dios es la máxima vida, la Identidad activa, la Unidad de riqueza infinitamente armoniosa, simplicísima.

En su último libro de Epistemología, don Leonardo dirá:
Una segunda interpretación de la vida post mortem es pensarla como una duración sin fin. Es claro que de esta manera sería intolerable, aunque en ella se multiplicaran los motivos de felicidad propios del mundo terreno, como se pretende en el islamismo. La expresión “vida eterna” intenta evitar ese motivo de desesperación. Así pues, la eternidad no es una duración interminable, un continuo sucederse de los días, sino el sumergirse en el océano del amor infinito en el que ya no hay antes y después. Quizá en la idea de la muerte eterna de los condenados se nota que la falta del amor infinito hace insufrible la eternidad.


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