¿Qué caracteriza al crecimiento de la vida?

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Como siempre debemos distinguir entre el ser vivo del universo físico y el ser vivo personal.

Veamos primero cómo crecen los seres vivos en el universo físico.

La forma del ser vivo, físico,  su alma, que es como una torre de control (que rige la tricausalidad propia de estos seres vivos materiales) aprovecha los cambios del entorno, las informaciones que le llegan, para mejorar su programa, aunque ciertamente no puede mejorarlo más allá de lo que se lo permite el orden ya determinado en el universo (que también se llama causa final).

A ese aprovechamiento podemos llamarlo "hiperformalización".

Crecer es así más que durar, más que seguir siendo o simplemente progresar.

El ser vivo es una unidad, una forma, una estructura, una torre de control que aprovecha otras formas, apropiándoselas, actualizándolas en su interior, elevándolas al incorporarlas a su propia vida.

Por ejemplo, cuando llega la primavera, se abre la flor.

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Veamos ahora como crece el ser personal.

Lo más asombroso es que, en el caso de la vida "humana", ya no rige sólo ese orden del universo (la causa final).

El alma humana, la esencia manifestativa de cada persona, interviene más o menos libremente, según sus virtudes,  en la toma de decisiones que van más allá del desarrollo biológico (aunque también pueda mejorar inteligentemente su duración con la dieta mediterránea).

¿Por qué? Porque como el ser humano es "extracósmico", la persona aprovecha los cambios introduciendo novedades del otro mundo. No solamente para durar más o reproducirse mejor, sino para "dar" más amor.

Yo "sé" quién es el Creador de la flor.

El conocimiento más allá de los sentidos, el querer más allá del instinto… todo eso es crecimiento de la vida "humana".

Y ese crecimiento no tiene límite, es irrestricto. Es "extracósmico".





Glosa a Genara Castillo. Planteamiento poliano de la constitución y desarrollo de la vida humana. Studia Poliana, nº 11,  p. 19

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