¿Por qué el hombre puede solucionar problemas?

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El hombre tiene la capacidad de idear.

Puede descubrir propiedades constantes en las cosas, que van más allá del aquí y del ahora.

Aunque las circunstancias cambien, la inteligencia, al tener la capacidad de abstraer de lo particular, encuentra remedios, que puede aplicar frente a problemas complejos.

En el animal esto es prácticamente inexistente.

Polo expone a este propósito el experimento del chimpancé en una balsa.

El hombre es capaz de entender que el agua tiene la propiedad de apagar el fuego.

Gracias a la capacidad abstractiva, el hombre posee más recursos que el animal.

El hombre es un solucionador de problemas.

Los animales no inventan recursos.
El hombre suscita problemas y encuentra soluciones.

El hombre resuelve problemas y además los suscita, los provoca.

El hombre inventa la bomba atómica y encuentra la solución para evitar emplearla mal.

El hombre inventa recursos.
El animal tiene recursos muy limitados. A lo sumo, las especies se adaptan al medio.

Las especies superiores que tienen imaginación (facultad con base orgánica) pueden encontrar soluciones gracias a los "razonamientos" condicionados.



Para saber más sobre la imaginación ir a la etiqueta 8.3.0
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Introducción al 1er capítulo de "Quién es el hombre"

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¿Quién es el hombre? : un espíritu en el tiempo.

En el tiempo actual habrá siempre problemas.
En este mundo siempre habrá crisis, sociales, políticas, económicas.

Los animales no entran en crisis. Los problemas de una especie animal se solucionan adaptándose al medio (o desapareciendo).

El hombre, al ser libre (al estar incluido en el ámbito de la máxima amplitud), al ser un aventurero, es un grandioso creador de problemas.
Polo, para ilustrarlo, en el primer capítulo de "Quién es el hombre" en lugar de presentar dilemas, nos propone un trilema.

El hombre, al ser inteligente, utiliza diferentes métodos para solucionar los problemas. Tres por ejemplo:

1) Un coche se repara analizando sus piezas. Desmontando y montando. Sistema cerrado.

2) El médico analiza, observa, para descubrir los elementos que no funcionan. Sistema abierto.

3) Más dificultades encuentran el político y el economista (pues la libertad interviene en las decisiones sociales). Sistema libre.


La verdad del universo, la verdad de la vida en el tiempo, es un problema. Un trilema.

¿Qué sentido tiene la vida si siempre habrá problemas?
¿No habrá otra verdad?
Sí, existe otra verdad: la verdad personal.

El hombre es espíritu. Su verdad es personal. Es un sistema cerrado, abierto y libre, a la vez. Pero su intríngulis es un "hacia".

Personal quiere decir aquí "importante" para alguien. La persona no existe sola, co-existe.

Resolver problemas es interesante. Pero lo que me importa eres tú.

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¿Cuál sería la estructura básica de un hombre, de una persona humana?

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Juan A. García González, el 1 de julio 2009, en su blog para los polianos, nos propone un objeto de discusión.

Lo enuncia en cuatro preguntas, que trato de responder:

1. ¿podríamos pensar la estructura básica de la persona humana en lugar de como un compuesto de cuerpo y alma, con la dualidad interior-exterior, apertura hacia dentro y hacia fuera?

Respuesta 1: Pensarlo, lo podemos pensar. Pero no me gusta nada eso de "básica", como si la persona tuviera un cimiento, una estructura que hace de base.

Pienso que la mejor vía para pensar la estructura de la persona humana es la de la "comunión".  Las dualidades están al servicio de la comunión.
Cualquier dualidad sirve para hacerse una primera idea de lo que es el hombre, porque el hombre es un "ser dual".

2. ¿qué se ganaría o perdería con ello?

Respuesta 2: Se pierde claridad.
En efecto, lo más inmediato en esta vida es ver los cuerpos. Cuando decimos que el hombre es cuerpo y alma nos situamos sencillamente ante el hombre.

Ya ves cómo la gente se complica cuando, como dice san Pablo, explicamos que el hombre es cuerpo, alma y espíritu. No es fácil explicarlo a la gente sencilla.

Si tenemos que elegir, yo me quedo con "espíritu en el tiempo".


3. ¿se puede decir que el organismo y las facultades, la entera naturaleza humana es exterior a la persona?

Respuesta 3: No.
La persona esencializa el universo, haciéndolo su mundo.
Y es gracias a ese mundo como comunicamos, como entramos en comunión con Dios y con los demás.
El mundo nos une.

El organismo y las facultades son exteriores sólo en cuanto que los "pensemos" como creación de Dios a la espera de ser asumidos por la persona.
Incluso la vida recibida de nuestros padres no es completamente intracósmica.
En la realidad de nuestra vida "humana" nada es exterior.

4. ¿sólo en la interioridad e intimidad accede el hombre a Dios?

Respuesta 4: Sí.
Pero para ser aceptado el hombre necesita del mundo, necesita vivir esencializando el cosmos.
Es su regalo, su don, su canto, que le permite gozar de la Comunión.

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¿Cuáles son los tres sentidos principales del "acto" hallados por Aristóteles?

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Aprovecho la respuesta a esta pregunta para llamar la atención sobre la importancia de esos hallazgos de Aristóteles.

En efecto, tenemos la impresión, por ejemplo, de que la tierra no se mueve. Y, sin embargo, se mueve.

La riqueza de nuestra vida no está en lo que "ya" somos, sino en la "fuente" que somos, en nuestra vida inmanente o vida interior. A eso alude la enérgeia.

Veamos pues los tres sentidos principales de "acto" hallados por Aristóteles:

1. El acto imperfecto, que es el movimiento físico, la kínesis. Ejemplo: construir una casa.
Es un acto transitivo, que pasa, praxis atelés (acto que no tiene aún su fin).

Movimiento que cesará en su término. Cuando se termina la casa ya no se construye más, el acto de moverse ha terminado. Y mientras se construye, el acto de construir es temporal, es una serie de cambios continuos. Una potencia se está actualizando.

2. El acto perfecto o acabado. Que es el término del movimiento.
Ejemplo, la casa construida.
Es la entelécheia.
La substancia o el accidente son entelécheia. Son actos acabados.

3. El acto que posee su fin, poseyéndolo. Es la enérgeia u "operación inmanente" o acto ejercido.

Ejemplo: al ver, estamos "ya" viendo, poseemos lo visto.
Al conocer poseemos lo que conocemos.
Praxis teleia (acto que posee ya su fin).

El acto de conocer posee inmanentemente lo conocido. Lo que conocemos no es el término de una construcción, sino que al conocer poseemos ya el fin, que está en la acción misma, y seguimos poseyéndolo. La acción misma tiene carácter final, sin acabarse. Hay unidad en acto entre el acto de ver y lo visto. Lo visto está en el acto de verlo.

Es un acto extratemporal.

También cuando la vaca "ve" su pasto, está ejerciendo un acto extratemporal. Eso no quiere decir que la vaca esté fuera del tiempo. Pero el acto ejercido no es una serie de cambios. Es "ya", sin cambios.

Aunque se mueva y aunque lo que ve también se mueva, el ver es acto inmanente, posee lo que ve, no produciéndolo como se construye una casa o se proyecta una película, sino "viéndola" (que es mejor).

Este punto es importante en la filosofía poliana: conocer no es producir, no es fabricar, no es construir.
Nuestro pensamiento no es humo del cerebro.







Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.74
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¿Qué dos sentidos de la realidad y qué dos sentidos del acto hay que entender para comprender a Aristóteles?

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Hay dos sentidos de la realidad según Aristóteles: no es lo mismo una montaña que el acto de “conocer” la montaña.

Aristóteles distingue dos sentidos principales del acto enérgeia y entelécheia.

"Conocer” en acto, enérgeia, no es lo mismo que ser "una cosa en acto", entelécheia.

Si el acto de conocer una mesa, enérgeia, fuera una mesa, (entelécheia), si fuera real como lo es una mesa, no podríamos pensar más, el conocimiento se acabaría como se acaba la mesa.
Se trata de dos tipos distintos de realidad.

De ahí que no sea adecuado llamar a la persona “substancia”. Pues la substancia la entiende Aristóteles como entelécheia, acto acabado.

La persona es el subsistente racional, espiritual. La persona no es una montaña, no está "acabada", sino abierta.

Al acto de conocer, Aristóteles lo llama enérgeia (energía) y a la cosa “en sí” entelécheia (en castellano, entelequia).

El ser capaz de conocer tiene unas “energías” que no son materiales.

La realidad, al margen de la mente, es la entelécheia, que es un sentido del acto y de la realidad, distinto del sentido del acto propio al “conocer”.

La noción de enérgeia recorre toda la filosofía de Aristóteles, desde los fragmentos de sus obras juveniles que nos han llegado, hasta sus libros tardíos.

La enérgeia es acto de la mente, del noús, en tanto que se despierta, en tanto que posee, inmaterialmente, la verdad de la cosa.

La entelécheia es la verdad de la cosa, la realidad en sí; la realidad en tanto que verdadera en sí. La realidad como ousía.



La solución de Aristóteles abre enormes horizontes de pluralidad, pues el acto, el ser, se dice de muchas maneras.

Habrá que descubrir, por ejemplo, otro sentido del acto: el acto de ser del universo.

Y más aún, encontrar el "acto de ser personal".

El talante de Aristóteles nos sirve para estar atentos. Para no concluir prematuramente nuestro viaje. Para ser humildes.

La verdad no es mi pensamiento. Mi pensamiento no es una cosa “en sí”.

Al menos somos dos.






Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.69.4
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¿Cómo podemos llamar, desde nuestra situación, a la entelécheia y a la enérgeia aristotélicas?

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Cabe llamar a la entelécheia "acto constitucional" o "forma real", para dejar claro que se distingue de la idea pensada. Es un acto acabado.

Y cabe llamar a la enérgeia, acto ejercido.

Ejemplo de entelécheia: la patata.

Ejemplo de enérgeia: "saborear" la patata. O si se quiere: "saborear" lo agridulce. Como le gusta a Alemamá.









Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.2
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¿Cómo se dio cuenta Aristóteles de lo que es el acto?

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Fue un descubrimiento de juventud.

Se dio cuenta de que, al despertarse la mente, conocemos lo que conocemos. Poseemos lo conocido al conocer. Vemos lo visto. Sentimos lo sentido.

Y eso es el acto. La riqueza interior que Aristóteles formulará a fin de cuentas como "actualidad".

Aristóteles no dice exactamente que conocer sea un acto (aunque lo sea), sino que sabemos lo que es un acto si sabemos lo que significa conocer.

Enérgeia (que es este sentido primario del acto) equivale a conocer.

Lo conocido está presente al conocer.

Conocer significa estar conociendo. Actualidad (para Aristóteles). Enérgeia.

Pero acto no es solamente actualidad. Es más.

Conocer no es una piedra. No es tampoco una pata. Y no es, claro está, un humo. Es acto rico por dentro y no sencillamente entelécheia.








Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.75.4
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¿Cuál es el otro sentido del acto que halla Aristóteles, distinto del acto de conocer?

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El sentido aristotélico primario de "acto" es el acto de conocer (enérgeia): la mente despierta.

Pero eso no quiere decir que una patata, o construir una casa, no sean "actos".

Son actos también, pero otro sentido distinto del acto. Es el acto como "realidad en sí" el acto acabado, la realidad extramental. O en el caso de la construcción de la casa, el acto que es movimiento físico.

La realidad en sí es el otro sentido del acto hallado por Aristóteles, distinto del acto de conocer.

El acto de conocer también es real, pero es un sentido de la realidad distinto del sentido de la realidad vinculado a lo extramental.

Aristóteles lo dice de muchas maneras: "el fuego pensado no quema" o "la idea de caballo no engendra un caballo".

La enérgeia, el acto de conocer, no es una causa eficiente, sino acto inmaterial, no efectivo: cuando pienso una cosa no la estoy produciendo.

¿Dónde está la idea de caballo?, ¿en el cielo? No, porque entonces sería real extra mentem (entelécheia).

La idea de caballo está en mi mente cuando la pienso (enérgeia). La idea no es efectiva en cuanto que está en la mente.

En el conocimiento no hay "inseidad", pero no por ello hemos eliminado absolutamente el en sí. No decimos que no exista ninguna inseidad, sino que es exterior al conocimiento.

Construir una cosa es una acción real. La casa construida es también real. Pero con otro sentido de lo real distinto del conocer las casas, pues la casa es real al margen de conocerla.

Este sentido de lo real (entelécheia) es eficaz, es capaz de influjo. Es decir, una piedra pensada no hiere a nadie. En cambio, una piedra real puede romperte la cabeza.

La acción de pensar es real. La piedra en sí es real. Son dos sentidos distintos de la realidad.

La piedra pensada, el objeto del pensamiento, es irreal. Se limita a remitir intencionalmente a la realidad de la piedra (entelécheia), cuando la pensamos con un acto de pensar (enérgeia) que es otro sentido distinto de la realidad.

Polo es el filósofo de la distinción. Aristóteles también lo fue (aunque menos).






Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.77.2

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¿Sirve la distinción substancia-accidente para entender la distinción entre la “energéia” aristotélica y la “entelechéia”?

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No.

Energéia es un sentido aristotélico (ver etiqueta 20.4.3) del acto que no es “en sí”, como la substancia.  Energéia es acto ejercido, inmanente, ejerciéndose, no acto “acabado”.
Cuando vemos, estamos viendo.

Tampoco la energéia es accidente. No es algo acabado que existe en un “en sí”. La energéia no está “acabada”, al vivir seguimos viviendo, es acto ejercido, ejerciéndose.

Substancia-accidente es un par que sirve para entender a los entes físicos no vivos. Si se aplica este par al viviente, se dificulta comprender el acto inmanente que existe en la unidad de su vida. Imbricado en su ser.
Respirar no es ser un volcán.
Respira el ser vivo. El volcán sólo está vivo en nuestro pensamiento, metafóricamente, no en la realidad.

Si reservamos la noción de substancia y accidente a los seres no vivos, es decir, a la física, se entiende que ver, oír, entender, vivir, no son accidentes, sino actos del ser vivo, no actos en el sentido físico (entelechéia) sino actos inmanentes (energéia) integrados en la unidad de la vida.

No es lo mismo estar amarillo (porque estoy enfermo del hígado), que es un accidente del cuerpo (entelechéia), que pintarme de amarillo, que es un acto del que somos dueños, incorporado a su ser, por la mujer o el hombre que han decidido amarillearse.

Aunque físicamente el amarillo es accidente. Amarillearme es energéia, mientras que estar amarillo es entelechéia. Son dos actos distintos en la misma realidad física.









Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.71.4
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¿Es el acto de conocer una realidad en sí?

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El acto de conocer es real, pero no como una cosa en sí.

El acto de conocer, la mente en cuanto está en acto, no es "en sí", no es una substancia o un accidente aristotélico.

El acto de conocer (que es enérgeia en terminología de Aristóteles) es un sentido del acto distinto del sentido del acto de la realidad en sí. Es un nuevo sentido del acto que Aristóteles encontró muy joven.

La realidad "en sí" es otro sentido del acto, distinto del acto de conocer. La realidad "en sí" es lo que en griego se llama ousía (substancia); se puede hablar de substancia en acto, y esto significa enteléchéia en el lenguaje del Filósofo.

Si el conocimiento fuera substancia, sería un acto incomunicado. Detenido.

Por tanto, tiene que haber un sentido del acto que no sea substancia (y tampoco accidente).

De ninguna manera se puede admitir que el acto de conocer sea incomunicado.

No somos sólo células organizadas y vivas. Somos seres abiertos por dentro, y por fuera.
Capaces de comunicar.
Y no monolitos "en sí".





Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.70.3

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Potencia

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El ser se dice de muchas maneras.
Una manera de decir el ser es decir: "acto".
Otra manera de decir el ser es decir: "potencia". De este modo indicamos que el acto no es acto puro, que al depender del Ser, siempre puede ser más, según la dependencia.
Los actos de todas las criaturas son acto-potenciales, no son puros, teniendo perfección siempre pueden ser más perfectos.

<Piá dirá que la causalidad trascendental muestra que un acto de ser creado no puede existir sin esencia, porque al “depender” del Origen, no es todo lo que puede ser, todo acto de ser creado se distingue realmente de su esencia. Este es el gran descubrimiento de Tomás de Aquino>


Polo es un gran maestro.
Sabe poner en relieve los grandes descubrimientos de la Filosofía, destacando sus novedades.

Un ejemplo es cómo, poco a poco, hizo estudiar a sus discípulos (Ricardo Yepes, Jesús de Garay…) los diversos sentidos del acto y de la potencia en Aristóteles.

Así consiguió mostrar que la esencia es "acto" y también es "potencia", pero con sentidos mucho más precisos de los que estamos acostumbrados.

La esencia es, desde los griegos, "acto", perfección.
En Aristóteles la ousía, que sería el equivalente de esencia, es un sentido del acto. Es entelechéia, forma.

De ahí que digamos: esta flor "es" un tulipán. El meollo o esencia de esta flor es ser tulipán. Acto estable, acabado.

(A ese sujeto, en cuanto que principio de operaciones, se le puede llamar naturaleza).

Noten ustedes que sin darnos cuenta hemos introducido en nuestro discurso una "suposición". Suponemos que la esencia es subsistente. La esencia pensada sí es perfecta, pero en la realidad no existen las esencias pensadas. Las criaturas son actos, sí, pero actos no acabados.

Aristóteles quedó prendido de la perfección de sus entelechéias  sin sacar todo el partido de su descubrimiento de juventud.

Polo llamó la atención sobre ese descubrimiento de Aristóteles (el par potencia-acto) que hizo al observar la distinción entre la mente dormida y la mente despierta. En cuanto dormida, la potencia indica imperfección, en cuanto despierta, el acto indica perfección.

Este sentido del acto, energéia, que no está detenido, que está despierto y abierto a ser más, quedó arrinconado por el prestigio de la "sustancia", de lo acabado, de la forma.

En tanto que los entes pueden "despertarse", perfeccionarse, son potencias "activas". La semilla puede devenir árbol.

Hay, sin embargo, ciertas potencias que son "pasivas", dependen de otras y pueden "recibir" perfecciones que no están contenidas en ellas a priori. Es más ventajoso para la inteligencia ser potencia pasiva, pues así puede conocer lo que por sí sola no podía conocer.

Y es así como las potencias pasivas adquirirán hábitos que no poseían de entrada.

En definitiva, la "potencia", siendo imperfección, es una cierta presencia del futuro en el ser.

Lo que no podremos decir es que cigarro esté en potencia de ser ceniza, aunque haya la posibilidad de convertirse en ceniza. No debemos confundir potencia con posibilidad.


Tomás de Aquino, al descubrir la distinción real entre esencia y acto de ser ("acto de ser" es otro sentido del acto que Aristóteles no conoció) hace una investigación más atenta sobre la noción de potencia, clave de la filosofía aristotélica.

Y encuentra un sentido de la potencia que Aristóteles ignoró: la esencia como "potencia" del acto de ser.

La noción aristotélica de potencia era la dynamis. Y es válido ver el universo en movimiento. Potencias activas y pasivas que se van actualizando armoniosamente. Potencias de las diversas naturalezas, que se actualizan según el orden de la tetracausalidad. El universo de Aristóteles es así, en movimiento. Es lo que es: Acto puro y potencias que se actualizan, imperfecciones que se perfeccionan.

Pero el nuevo sentido de potencia, la esencia que sin el ser no es nada, introduce la novedad, vislumbrando una riqueza nueva de lo radical. No es una potencia como las potencias aristotélicas. Es una potencia que siempre dependerá de un Ser dador del ser.

No es que la esencia esté en potencia del acto de ser (eso es "posibilidad"), sino que la esencia como potencia es "potencia" gracias al acto de ser. No es que sea imperfección gracias al acto de ser, sino que el ser puede abrir horizontes no contenidos en las semillas (si el Creador se los da, directamente o a través de otros seres).

El universo ya no es "lo que es" sino que también es lo que será con novedades. (Los sentidos que los hombres queramos aportar). Hemos descubierto el amor, que es dar, en el Ser.

El tulipán ha podido provenir de cruces genéticos, y puede desplegarse según sus cromosomas, dependiendo de su "alma", pero lo más alto, lo radical y primero, es que el tulipán "es" dependiendo de su acto de ser, creado por Dios. Depende radicalmente del don de Dios.

La esencia, la sustancia del tulipán, depende radicalmente del acto de ser creado. Ya no es solamente lo que es porque las cosas son así, sino porque Dios quiere que sea así. Radicalmente hay una decisión libre del Ser supremo.

La esencia es pues acto, en tanto que sustancia (Aristóteles) y la esencia es potencia no sólo porque tiene potencialidades que se activan (eso lo dice también Aristóteles), sino porque, radicalmente, es potencia respecto del acto de ser (Tomás de Aquino). Depende del acto de ser, dependiendo del Ser.

Hay algo en la potencia que ya es, porque será, pues "depende" de Dios, ya sea desplegándose (esencia del universo físico como orden dado por Dios), ya sea aportando (libre esencia humana que acepta su destino).

Es un sentido de la potencia como "bien" del acto de ser, como lo otro que el ser, en orden a la realización del ser. Es "otro" don. Somos y seremos. 

Seré feliz (es esencial), si Dios quiere, y si yo quiero.

"Lo otro que el ser", u otra manera de decir ser, es decir: "potencia", que en la medida que es, la llamamos bien.

El bien es lo otro que el ser en orden a la realización del ser.

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¿Cuál es la aportación más importante de Aristóteles a la Filosofía?

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La distinción potencia-acto.

La filosofía avanza resolviendo dificultades, saltando obstáculos, abriendo aporías.

No es filósofo el que no se considera a menudo tonto, al constatar que, una vez más, ha perdido las llaves: no sé entrar o salir al encuentro de la verdad.

Pues bien, Aristóteles, al aportar la distinción potencia-acto nos entrega un modo poderoso de resolver dificultades.

Por ejemplo: ¿es el universo infinito?
Potencialmente sí; en acto, no.






Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.66.2
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¿Cuál es el meollo en el que surgió el par potencia-acto?

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Fue intentando explicar el conocimiento como Aristóteles descubrió la distinción entre mente dormida y mente despierta: potencia-acto.

Cuando esta pareja de nociones se aplica inconsideradamente a cualquier dificultad, no se entiende bien su significado.

Por ejemplo, se dice que unos trozos de madera son una mesa en potencia; alguien los lija, los acopla, etc., y la mesa ya está en acto.

Así no se entiende el sentido primario del par potencia-acto, que es la solución realista al problema del conocer.

Yo no estoy "en potencia" de ser ceniza, aunque un día me pueden quemar vivo.

Nótese el fácil deslizamiento (típico de la modernidad) en que podemos incurrir, confundiendo la potencia con la posibilidad.

No por mucho madrugar amanece más temprano. La realidad es testaruda.






Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.67.3

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¿Es la esencia "acto", o es "potencia"?

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Polo es un gran maestro.
Sabe poner en relieve los grandes descubrimientos de la Filosofía, destacando sus novedades.

Un ejemplo es cómo, poco a poco, hizo estudiar a sus discípulos (Ricardo Yepes, Jesús de Garay) los diversos sentidos del acto y de la potencia en Aristóteles.

Así consiguió mostrar que la esencia es "acto" y también es "potencia", pero con sentidos mucho más precisos de los que estamos acostumbrados.

La esencia es, desde los griegos, "acto".
En Aristóteles la ousía, que sería el equivalente de esencia, es un sentido del acto. Es entelechéia, forma.

De ahí que digamos: esta flor "es" un tulipán. El meollo o esencia de esta flor es ser tulipán. Acto estable, acabado.

(A ese sujeto, en cuanto que principio de operaciones, se le puede llamar naturaleza).

Pero la esencia es, desde otro punto de vista, potencia.
Tomás de Aquino, al descubrir la distinción real entre esencia y acto de ser ("acto de ser" es otro sentido del acto que Aristóteles no conoció) hace una investigación más atenta sobre la noción, tan utilizada por Aristóteles, de potencia.

Y encuentra un sentido de la potencia que Aristóteles ignoró: la esencia como "potencia".

La noción aristotélica de potencia era la dynamis. Y es válido ver el universo en movimiento. Potencias que se van actualizando armoniosamente. Potencias de las diversas naturalezas, que se actualizan según el orden de la tetracausalidad.

Pero el nuevo sentido de potencia, la esencia que sin el ser no es nada, tiene mucha más importancia, pues apunta a lo radical. No es una potencia como las potencias aristotélicas. Es una potencia que siempre dependerá del Ser.

El tulipán ha podido provenir de cruces genéticos, y puede desplegarse según sus cromosomas, dependiendo de su "alma", pero lo más alto, lo radical y primero, es que el tulipán "es". Depende del acto de ser. Depende del Ser.

La esencia, la sustancia del tulipán, depende radicalmente del acto de ser creado.

La esencia es pues acto, en tanto que sustancia (Aristóteles) y la esencia es potencia no sólo porque tiene potencialidades que se activan, sino porque, radicalmente, es potencia respecto al acto de ser (Tomás de Aquino). Depende del acto de ser, dependiendo del Ser.

Hay algo en la potencia que ya es, porque será, pues "depende" de su ser creado, ya sea desplegándose (esencia del universo físico como orden), ya sea aportando (libre esencia humana).

Es un sentido de la esencia como "bien" del acto de ser, como lo otro que el ser, en orden a la realización del ser. 

Seré feliz (es esencial), si Dios quiere, y si yo quiero.







Inspirado al leer la esencia de la persona humana. p.33.3 Se trata de unas notas sacadas de la conferencia dictada por Polo el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García


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¿En qué se distingue el "amar donal" de la voluntad?

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El "amar donal" es un trascendental personal, uno de los cuatro radicales de la persona humana.

La voluntad está a un nivel inferior, es potencia espiritual "esencial" a la persona humana. Pertenece a la esencia humana. La voluntad se activa desde la persona, gracias, precisamente al "amar donal".

El "amar donal" redunda en el querer-yo, miembro superior del ápice de la esencia, que constituye el acto de la voluntad libremente.


Pero aún existe una distinción más profunda: el "amar donal" comporta siempre reciprocidad y mutualidad del intercambio donal, es dar y aceptar.

En cambio, la voluntad es solamente capacidad de querer, intención de otro.

Nótese que la voluntad puede no ser correspondida por el otro.

Sin embargo, a nivel trascendental, la persona "es" amar donal. Correspondencia a Dios que tomó la iniciativa creándola, y sigue llamándola y amándola.

El hecho de existir como persona "es y será" amar donal, aunque, a nivel esencial, al nacer, la aportación sea mínima. Como un bebé es respuesta apenas naciente al amor de sus padres.

Trascendentalmente "somos y seremos" amor, comunión.
Rechazar voluntariamente (a nivel esencial) ese amor, es el error peculiar de la libertad, que los teólogos llaman pecado.






De esto se habla entre otros lugares en  Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 18.
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¿Qué es lo otro que el ser? Abordo aquí un sentido nuevo de la esencia, que no es solamente "potencia" del acto de ser, sino lo que Aristóteles llama entelechéia, acto que debe realizarse, el bien en definitiva.

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Lo otro que el ser es el bien.

No se debe confundir "lo otro que el ser" con la "diferencia pura con el ser" que es la mismidad del pensamiento. ("Lo mismo", "lo que pienso", "lo pensado", que es irreal, que no es ser).

Podemos llamar "lo otro que el ser" a un sentido de la esencia, que también es ser.
Lo que pasa es que el ser se dice de muchas maneras.
La esencia es un bien para el ser.

Lo Otro que el ser, en definitiva, es Dios, la Esencia divina.  Es el bien más alto. También para la criatura.

Los otros también son bienes. El bien común.

Dicho de otro modo:
Una manera de decir el ser es decir: "acto".
"Lo otro que el ser", u otra manera de decir ser, es decir: "potencia", que en la medida que es, la llamamos bien.

El bien es lo otro que el ser en orden a la realización del ser.


En Dios Ser y Esencia se identifican. Dios es simple.

¿Qué es principio?

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Principio es lo primero.

Lo primero es el Ser. El ser se dice de muchas maneras.

El primer principio de Identidad es Dios.
Pero también es principio el principio de no contradicción.

Tan principio es el fundamento como el fin. Son los dos cabos de una misma cuerda.
Fundamento e Identidad son Primeros principios.

Esta consideración no incluye la Libertad, la estricta novedad del futuro inagotable.

Luego Dios es Principio sin fin, gracias a la Libertad, gracias al encuentro amoroso con el Hijo
En términos de Libertad, "Principio" es Inspiración.
Y entonces es mejor llamar "Origen" a Dios.


¿Cuáles son los primeros principios reales

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Hablamos de primeros principios "reales", no lógicos o mentales.

Son el primer principio de Identidad (Dios), el primer principio de causalidad trascendental y el primer principio de no contradicción.

El acto de ser del universo es un primer principio al que Polo llama persistencia y describe como “comienzo que ni cesa ni es seguido. Es el primer principio de no contradicción.

El primer principio de identidad es el acto de ser divino, que Polo llama Origen.

La vigencia entre estos dos primeros principios es el tercer primer principio, al que Polo llama principio de causalidad trascendental (no predicamental). Según este principio, se advierte la dependencia de la persistencia respecto del Origen.








Así habla Polo en Antropología trascendental I, p. 115.3
El hábito de los primeros principios o 1ª dimensión del abandono del límite mental se estudiará en la etiqueta 3.2.0



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¿Qué es un principio?

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Ordinariamente se utiliza la palabra principio para designar el primero de una serie (como el principio de una línea).
Llamamos principio, en general, a aquello de lo que algo procede, de cualquier modo, es decir, aunque no haya un influjo positivo sobre los otros elementos de la serie, como el 1 es principio del 2, del 3, del 4...

Desde Aristóteles, la noción de principio se enriquece, y se entiende por principio la fuente de donde deriva o procede algo real.

Es decir, ahora hablamos de Principio de actividad que hace ser.

Por eso la Metafísica llama principios a las dos dimensiones que constituyen al ente: la essentia y el esse se denominan co-principios del ser.

¿Son las causas principios?
Las causas son principios, pero no primeros principios.
A las cuatro causas, material, formal, eficiente, final, aunque también de ellas depende la esencia de las cosas, es mejor llamarlas, como hace Piá, principios segundos.

Las Ciencias buscan explicar la realidad por sus causas, por sus principios segundos.
La Metafísica estudia los primeros principios que fundamentan todas las Ciencias.

De ahí que, clásicamente, se llame Filosofía Primera a la Filosofía que busca lo más radical, el primer principio, que se suponía único. Nosotros sabemos que los primeros principios son plurales.

La física y la biología son pues filosofías segundas pues no tratan del fundamento, no buscan el primer principio, sino que buscan comprender lo real de acuerdo con principios segundos y causas, que son menos radicales que el primer principio.

Polo también dirá que la Antropología es Filosofía Primera, aunque la persona humana no es principio, no es ser primero, sino  segundo.

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¿Qué es la especie impresa?

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En la filosofía clásica se llama especie impresa a la forma intelectual que el intelecto agente suscita al iluminar los objetos de la fantasía.

Es un añadido a la potencia intelectual para que ésta pueda ejercer sus operaciones.

La actualización de la inteligencia (la inteligencia es la potencia intelectual), gracias a la concepción (al acto de concebir), será la llamada "especie expresa".

La especie impresa es el necesario añadido previo que permite que se actualice la especie expresa, la idea, en la potencia.

La especie impresa es, pues, aquella iluminación de los objetos sensibles sin cuya añadidura –o recepción- la potencia es incapaz de iniciar su ejercicio operativo.





Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.153.3

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¿Por qué los sentidos externos y el sensorio común no tienen especie expresa?

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Tras el comentario de Juan A. García he tenido que cambiar la pregunta (que en su anterior versión decía que no había especie expresa en todos los sentidos internos).

Yendo a las lecciones de Psicología clásica de don Leonardo veo que los sentidos internos sí tienen especie expresa, salvo el sensorio común.

No acabo de entender el tema, pero me parece vislumbrar que el sobrante formal de los sentidos externos y del sensorio común no está suficientemente indeterminado, tiene un grado de indeterminación (por ejemplo, el sobrante formal del sentido de la vista es la "coloridad"), pero no tanto como los sentidos internos superiores.

Los sentidos "internos" superiores necesitan una especie expresa para poder conocer mejor la realidad sensible.

En los sentidos "externos", la especie impresa, es "objetivada" cuando el sobrante formal se actualiza en un color determinado tras la modificación del órgano. Y así se conoce su sensible propio.

Sin embargo, no pasa lo mismo con la potencia intelectual.
La inteligencia o potencia intelectual es sobrante puro, es una ventana sin cuadro. Todo se puede pensar. Está completamente indeterminada
Y se pensará lo iluminado en el objeto sensible (que llamamos especie impresa intelectual). 
Ésa iluminación previa es la especie impresa intelectual.

Entonces la inteligencia se actualiza en especie expresa, que es la nueva objetivación de la especie impresa,  la idea concebida.

Me propongo estudiar más el tema. Pero si me podéis ayudar...

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