¿Cómo depende el hombre de Dios?

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La dependencia del hombre de Dios, a diferencia de la del Universo, no se cifra en el principio de causalidad trascendental, sino en su libertad.

Por eso puede extrañar que Polo diga que Dios no es “causa” del hombre.
La sorpresa desaparece al comprender que crear un ser libre es más que causar.

La persona humana depende, libremente, de Dios.


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¿Es real la relación de la creatura con Dios?

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Sí.
Los actos de ser creados son reales.

Sin  embargo, en Dios, son relaciones de razón.

No se asusten.
Noten que nuestros objetos pensados son irreales. Y bien que jugamos con ellos.

Los actos de ser en Dios son semejantes a las ideas en nuestra mente.




Para saber más sobre la realidad ver etiqueta 1.1.5
Para saber más sobre la relación ver etiqueta 1.5.2

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¿Dónde hablamos de creación primera y creación segunda?

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la 1ª creación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.14.0, se trata de la iniciativa divina o elección de cada persona antes de la creación del mundo. El universo físico será creado concomitantemente para ella.

la llamada inicial o 2ª creación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.15.0.

la elevación o mantenimiento de la llamada : la estudiaremos en la etiqueta : 5.16.0 y se asimila a la gracia personal y a las gracias actuales de la teología.

la glorificación : la estudiaremos en la etiqueta : 5.18.0, es  el encuentro definitivo con Dios.

Pero además de estas cuatro elevaciones no podemos olvidar que "trascendentalmente" hubo una caída (que se corresponde con lo que la teología llama pecado original). No es otra cosa que la comunión con el maligno, con el don nadie. La estudiamos en la etiqueta 5.16.1, se trata de la caída trascendental.

Y hay también una redención trascendental. Es lo que llamamos nueva creación o redención. La estudiaremos en la etiqueta 5.16.2.

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¿Cómo se establece el estatuto filosófico de la criatura?

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Genara Castillo lo explica muy bien:

Aristóteles no sospechó la creación.

Un planteamiento creacionista se asienta gracias a la distinción real entre acto de ser y esencia.

En Dios no hay distinción real, sino identidad: su esencia es su acto de ser.

En las criaturas no es así: el acto de ser es recibido, es un acto de ser "creado".

En la criatura el acto de ser se distingue realmente de su esencia. Las criaturas son inidénticas.

Solo Dios "es" por esencia.
Los demás seres somos lo que somos porque Dios nos da el "ser".

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¿Qué relación existe entre la distinción, la dependencia y la libertad?

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En los años 60 se puso de moda en mi país la expresión: los belgas se han ido y nos han dejado en la más completa independencia.

Polo asegura que el hombre es más libre si depende más de Dios.

En efecto, Dios necesita más esfuerzo, por decirlo así, para crear la libertad del hombre que para crear una planta.

Dios debe sostener las ocurrencias de los hombres, estar atento a sus caprichos. A las plantas, les basta con la lluvia.

Además, y esto también es poliano, cuanta más dependencia, más distinción. Dependencia libre, claro está. Otros la llaman servicio.

Es un buen asunto para meditar.


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¿Proviene el hombre del universo?

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El universo no es capaz de crear al hombre, ni de contenerlo.

El ser como fundamento (el universo) es sencillo, mientras que el hombre es dual.

El hombre no es una esencia mundana. Sólo su cuerpo forma parte, también, de la esencia del universo.


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¿Podemos conocer solamente nuestras ideas?

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Los idealistas objetan que sólo podemos conocer nuestro propio conocimiento, sin que podamos traspasar la idea y conocer más allá de la idea.
La vieja objeción idealista respecto al realismo olvida la "intencionalidad".

No es cierto que no podamos traspasar la idea, porque conocer es precisamente alcanzar "intencionalmente" la realidad.
No es mirar la "imagen" en un espejo, o mirar la "proyección" de la caverna de Platón. Nosotros no estamos encadenados.

El ejemplo de la imagen del espejo y el ejemplo del mito de la caverna pueden ayudarnos a comprender lo que es conocer, pero son sólo ejemplos que nos ayudan, pues ni el espejo ni la caverna son actos de conocer.

La imagen que vemos en el espejo nos sirve para entender que del mismo modo que la imagen  no es real en el espejo, tampoco la "intencionalidad" que posee el acto de conocer es real,  pero me lleva a la realidad de modo semejante a como la imagen del espejo me lleva a la realidad. Según ella, gracias a la "intencionalidad", conozco la realidad.

El conocimiento es la posesión, por el acto de conocer,  de una intencionalidad sin imagen. El acto de conocer no es un espejo, no tiene nada de material. No tenemos un espejo en el cerebro. Lo que posee el acto de conocer es pura  "intencionalidad".

No es correcto hablar de un paralelismo entre conocer "lo conocido" y conocer "la realidad".
El objeto pensado no es un "medio", en el sentido de instrumento, para poseer la realidad. La realidad se posee "intentionaliter" y ése es el fin, télos, del conocer.

Conocer es poseer "intencionalmente" la realidad.
Si existen realidades incognoscibles es su problema.
Lo que conocemos nosotros no es un "fenómeno" de un "noúmeno" real oculto. Lo que conocemos es la realidad, intencionalmente conocida.
Puedo equivocarme y creer que un billete falso es verdadero, pero también cuando me equivoco conozco la realidad. En este caso, conozco verdaderamente, intencionalmente, un billete falso.





Para saber más sobre la intencionalidad ver Etiqueta 2.2.0

De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 55.4


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¿El conocimiento es sustancia o accidente?

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Ni lo uno ni lo otro.
Sustancia y accidente son categorías físicas.
El conocimiento no es físico.

La sustancia material es el término de una generación y existe mientras no se corrompe, en cambio, el conocimiento ni se genera ni se corrompe, no tiene nada que ver con los movimientos transitivos.

El conocimiento es inmaterial.






De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 61

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¿Es el acto de conocer una realidad en sí?

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El acto de conocer es real, pero no como una cosa en sí.

El acto de conocer, la mente en cuanto está en acto, no es "en sí", no es una substancia o un accidente aristotélico.

El acto de conocer (que es enérgeia en terminología de Aristóteles) es un sentido del acto distinto del sentido del acto de la realidad en sí. Es un nuevo sentido del acto que Aristóteles encontró muy joven.

La realidad "en sí" es otro sentido del acto, distinto del acto de conocer. La realidad "en sí" es lo que en griego se llama ousía (substancia); se puede hablar de substancia en acto, y esto significa entelécheia en el lenguaje del Filósofo.

Si el conocimiento fuera substancia, sería un acto separado e incomunicado. El conocimiento es una "separación" distinta.

De ninguna manera se puede admitir que el acto de conocer sea incomunicado.

Por tanto, tiene que haber un sentido del acto que no sea substancia (y tampoco accidente).

No somos sólo células organizadas y vivas. Somos seres "abiertos" por dentro, y por fuera.
Capaces de comunicar.
Y no monolitos "en sí".







Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.70.3

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¿Es real el "entender"?

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Llamamos realidad a lo que es.

Pero el ser se dice de muchas maneras.

El "entender" es real.
Siendo real el "entender", no es sencillamente el ser, porque la realidad del "entender" es "hacerse otro".

Si el ser es acto, el entender es acto de acto.

Si el ser "realea" como acto, el entender "realea" como acto de acto.

Entender es acto noticioso, trasparecer activo: un desdoblamiento del acto tal que, sin dejar de ser acto, acoge cabe sí, como acto novedoso, lo otro.

Entender es pues otro sentido de la realidad, más rico, propio de seres superiores, capaces de crecer con ganancia noticial.









De esto habla Ignacio Falgueras en Studia Poliana n. 2.  2000 p. 197 
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¿De dónde viene el hombre?

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El hombre no proviene del universo.

Es creado directamente por Dios que lo inserta en el ser del universo, para que lo transforme en su "mundo"



Las criaturas del universo físico obedecen al despliegue de la naturaleza, en armonía tetracausal. Sin embargo, la luz siempre encendida del inteligir proviene de una fuente extracósmica (la persona) ya que supone la capacidad de poder parar el movimiento, detener el tiempo físico y poder dar.
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¿Qué significa persona "creada"?

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Intentemos comprender la siguiente frase de Polo en Studia poliana, 1 (1999) p. 23: "la persona creada significa que su intimidad no es ninguna "otra" persona".

Para entenderla debemos emplear la noción poliana de "intimidad".

La intimidad trascendental de Polo quiere decir "apertura íntima" de la persona, interior y hacia dentro (ver etiquetas 5.11.0 sobre la apertura íntima y la intimidad).

Pues bien, yendo hacia dentro, la persona busca "otra" persona que le desvele su identidad.

Esa "otra" persona no existe en su interior, porque la persona humana es inidéntica, es "creada".

Si Dios dejara de pensarla, la creatura desaparecería.

Me dirán ustedes que también el ser del universo desaparecería si Dios dejara de pensarlo. Es cierto. Pero en el caso de la persona la dependencia del Creador es mucho mayor, porque como la persona es novedad permanente, es decir, libertad, nunca se puede decir que está acabada.

La esencia del universo se cumple, sencillamente, una vez establecida por Dios la unidad de orden que es la tetracausalidad.

Pero la esencia humana siempre crece. En mi interior no tengo la clave de mi ser. No basta que me decida, como Heidegger, a ser auténtico, pues ignoro mi autenticidad, a no ser que me abra a la transcendencia.

Las personas divinas existen las unas en las otras, sin confusión, en unidad eterna. La persona humana es ciertamente creada porque no tiene el "otro" del que vive en su interior. Si vive es porque el "Otro" le da la vida. Es el Otro el que me hará ser, si quiero.







Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 351, nota 53.

Etiqueta 1.5.0  otro.

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¿Tiene el canto nuevo un carácter "operoso"?

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Polo califica de "operoso" el actuar humano, al advertir que la persona, que está en su origen, acompaña el obrar con su canto.

La persona canta cuando otorga su amor.

Desde su ápice divino, el don del amor es "operante"

Tomás de Aquino entiende la creación como la donación del ser.
La criatura no es una parte de Dios (Dios no tiene partes), sino realidad otorgada.

La filosofía cristiana descubre que el otorgamiento es tan radical como la realidad.

Crear de la nada no es fabricar o producir algo de una materia preexistente. Es innovar, dar el ser, pues no hay nada que presuponga la criatura.

Y bien, cada persona, al otorgarle Dios la capacidad de dar, acompaña, si quiere, sus obras con su canto.

Su actuar es, digámoslo así, operoso.

La operosidad es lo que el amar de una persona añade a sus obras.








Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 131

Para saber más sobre el dar trascendental ir a la etiqueta 1.0.2

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¿Es la creación un dar?

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Dios crea las personas humanas (y los ángeles) dándoles el ser personal y su manifestarse, que no es otra cosa que su vida.

No es exacto aplicar “el dar”  para hablar del resto de la creación.

En efecto, los animales, plantas y océanos no pueden agradecer, son, a lo más, puramente receptores.

La persona, sin embargo, es capaz de aceptar, de agradecer, de responder.

Hablamos propiamente de “dar” cuando el que recibe tiene la dignidad de poder responder. Siendo así "semejante" a Dios.

Quiero decir que Dios, al crearnos, nos ha dignificado, pues nos ha dado la vida como un don. (Dios da como el que da a un semejante).
 Se ha abajado esperando nuestra respuesta.
“Intereso” a Dios.







Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 134.2

Para saber más sobre el dar trascendental ir a la etiqueta 1.0.2

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¿Qué entendemos por naturaleza?

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Clásicamente se considera que la naturaleza de una cosa es "la esencia" de esa cosa, en tanto que principio de operaciones.

Polo dice que la palabra "naturaleza" tiene un significado muy extenso, que propicia un uso ambiguo.
Lo más apropiado para ella es asignar los vivientes, y mejor aún los vivientes inferiores.

Si la empleamos para designar la esencia humana, que significa directamente perfección "espiritual" corremos el riesgo de dejar fuera del hombre a la libertad, e incluso contraponer naturaleza y libertad.


Desde luego, podemos hablar de naturaleza divina, naturaleza humana, o naturaleza animal o vegetal. Sin embargo la noción propia de naturaleza debería reservarse propiamente a una realidad meramente "física". 

Polo entiende la naturaleza en esa línea, cuando dice que una naturaleza es una tricausalidad física integrada por las causas material, formal y eficiente.

El vegetal es el ejemplo de naturaleza simple: tiene materia, forma y movimiento (movimiento en sus  tres funciones de nutrición, reproducción y desarrollo)

La noción de "sustancia" física es más elemental que la noción de naturaleza, pues en la sustancia física sólo encontramos causa material y causa formal, sin causa eficiente intrínseca. Las sustancias físicas son entes hilemórficos y su forma se agota en informar la materia. La sustancia así considerada es solo "un efecto" físico, un quark, un barion, un elemento del universo, incapaz de moverse por sí mismo.

Pues bien, considerada así, físicamente, damos el nombre de "naturaleza" a la sustancia física que en y a partir de sí misma es capaz de operaciones.

Una naturaleza física es pues una sustancia que tiene en sí un principio intrínseco de operaciones, es decir posee el movimiento en y a partir de sí misma.

Ésta debería ser la utilización propia del término "naturaleza", según Polo. Conviene no olvidarlo.


Sin embargo,  aunque la noción de naturaleza debería reservarse para la física, en el lenguaje corriente y habitualmente también en filosofía, se utiliza la noción de "naturaleza" no sólo para caracterizar una realidad física capaz de operaciones, sino  para designar, en general, "la índole" de un ser, en cuanto que es capaz de operaciones". Lo estable del ser.

Por ejemplo, hablamos de la "naturaleza" divina para expresar lo que conocemos del ser de Dios.
Y decimos "naturaleza" humana para indicar que el hombre es de tal modo que, por sí mismo, hace tal o cual operación. Por ejemplo: tiene una naturaleza racional porque es capaz de pensar. Aunque no piense, lo estable en él, su ser, su naturaleza, es poder pensar.

Juan A. García llama a la naturaleza, así entendida, sentido genético  del ser.

Veamos ahora cómo se distingue la naturaleza de la libertad:  siendo el ser jerárquico, los seres superiores se abren en novedades.
Así, la naturaleza divina, que es la máxima amplitud, se desborda actuosamente. A este sentido desbordante del ser, o sentido puramente activo, podemos asimilarlo a la "libertad".

Las naturalezas físicas son, a lo más, sistemas abiertos que pueden evolucionar y mejorar, aunque siempre según el orden del universo físico.

La naturaleza humana es un sistema libre, abierto por dentro a la máxima amplitud. En ella vige tanto el sentido genético como el sentido desbordante del ser.
No hay aquí contraposición entre naturaleza y libertad.










Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.36). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.  Ver también Genara Castillo :  Futurizar el presente p. 20, nota 26.  

¿Qué es la vigencia creatural?

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La vigencia creatural es la dependencia y apertura de la realidad hacia el Creador.

La criatura vige según su dependencia del Creador.

No es lo mismo la vigencia de la criatura cósmica que la vigencia de la criatura personal.

La criatura personal vige según los cuatro trascendentales personales.

La criatura física (el ser del universo físico) vige a través del la criatura personal, que la convierte en su "mundo". Se despliega según la tetracausalidad, dependiendo de las personas y, en definitiva, del Creador.









De esto habla César Montijo en su tesis doctoral "Don y criatura. La creación personal según la estructura donal en  la Antropología trascendental de Leonardo Polo". p. 341 de Cuadernos doctorales de la Universidad de Navarra.  Volumen 21/2011.

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¿A qué llama Polo "reserva"?

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"Origen", "reserva" e "Identidad" son equivalentes (El ser, 73).

La expresión "reserva" señala la imposibilidad de culminar la intelección de la Identidad para el  hombre, ya que Ésta permanece siendo un misterio.

El hombre sólo pude vislumbrar el "Origen", pues no sabe cómo puede culminar originariamente la Identidad.

O sea, la Identidad es aquello en que nunca podremos acabar de penetrar (Nominalismo, 261).





De esto habla Salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 71.2

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¿Dónde reside el misterio de la Identidad?

.En la simplicidad.

Todas las criaturas son compuestas. Solo el Origen es simple.
La identidad real (Dios) es actividad simple, Originaria.

Y es así porque la simplicidad exige ser primer principio en sentido absoluto
« Identidad real » significa Origen.

La Identidad real es exclusiva de Dios, único ser Originario.
El resto de las realidades son inidénticas.
Si la identidad no es Originaria, no es Identidad.




Ideas sacadas de Salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 72.2

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¿Qué es naturaleza y qué es libertad?

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La distinción entre naturaleza y libertad es primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas maneras. Entre otros tiene un sentido genético (naturaleza) y un sentido puramente activo (libertad).

Una de las primeras aporías de la filosofía es cómo conjugar lo Uno y lo Múltiple.

El problema es mal resuelto si optamos por el monismo (Parménides) o si separamos en exceso (dualismo cartesiano).

En la actualidad muchos niegan la libertad pensando el mundo y los humanos como combinatoria de átomos (es la versión materialista de lo Múltiple, como si todo fuera una combinatoria de naturalezas físicas). Como si fuéramos una red material.

Otros, en su interior, se imaginan de tal modo libres, que deciden vivir según su espontaneidad (es una versión idealista de lo Uno, como si todo fuera libertad espontánea de mi yo). No cuentan con lo otro.

Nosotros sostenemos que no hay contradicción o contraposición entre naturaleza y libertad.

Es cierto que el filósofo busca el primer principio (arjé) que explique la realidad entera.
Desde Parménides se sabe que ese principio es el ser.

Pero ¿es el ser uno, monolítico? ¿Es acaso el  ser un "todo" de teselas?

La unidad, en antropología, es siempre prematura.
Somos creados, elevados "hacia" la unidad.
Lo que en Dios es Uno (principio y fin, alfa y omega, sentido genético y sentido desbordante del ser) en la criatura es múltiple.

El ser del universo físico contiene naturalezas, principios de operaciones que tienden a cumplir el Orden del ser sencillo. Su "desbordamiento" o actividad es solamente movimiento físico.

Juan A. García llama sentido genético del ser a esa capacidad que tiene, de entrada, el ser primero o universo creado, naturaleza pura.

La persona creada, sin embargo, es dotada de una actividad superior, pura actividad, desbordamiento, que llamamos libertad. Polo la llama ser segundo.

La persona no es la actividad "sencilla" de lo ya determinado en la naturaleza por las condiciones iniciales del universo. La persona se destaca siempre de sus obras y no se reduce a ellas.

La persona es un ser que desborda su actuar. Su actividad es un renacer añadido libremente, que no se aquieta nunca. Podemos equipararla a la libertad trascendental.

La distinción entre naturaleza y libertad es pues primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas maneras. Entre otros tiene un sentido genético (naturaleza) y un sentido puramente activo (libertad).




Para saber más:
Etiqueta 3.1.0 sobre el ser del universo
Etiqueta 1.1.2 sobre la libertad
Etiqueta 5.5.4 sobre la libertad personal
Etiqueta 1.14.0 sobre la unidad

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Ser Origen, ¿es ser origen de algo?

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No y no.

Origen significa Simplicidad Originaria. Ser Origen no significa ser origen de algo (el "de", implica una dualidad).

Dios es.

Dios es al margen de cualquier predicación, de cualquier explicación.
Dios no necesita ser algo. Dios es.
Dios es la Identidad real.
Las criaturas somos algo. Dependemos del Origen.

La criatura se caracteriza precisamente por no ser originaria, carece de identidad porque depende. Mi ser me viene dado. Incluso o más cuando debo aceptarlo libremente, pues la libertad también nos la da Dios.






Ideas sacadas de Salvador Piá en “El hombre como ser dual” p. 72.3


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¿Qué peligro principal acecha a la filosofía a lo largo de la historia?

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El peligro de recaer en el monismo.

Es una peligrosa confusión subordinar el ser al uno.
(No olvidemos que la unidad "favorece" la pluralidad del ser y la pluralidad "sirve" a la unidad)

El ente no es mónon, no es único; se dice de muchas maneras.

Ya la distinción aristotélica entre los dos sentidos del acto muestra que la unidad no es superior al ente.

El materialismo imperante en la cultura occidental actual es un ejemplo de cómo fácilmente recaemos en el monismo. Los físicos buscan "una" sola fuerza…, multitud de personas piensan que el universo es un conjunto de átomos o de partículas, todas iguales, que se combinan no se sabe por qué.

La unidad (en el caso del ejemplo, el átomo) no es lo primero.

Lo primero es plural. Querer reducirlo a la unidad es un error.

La unidad será, en último término "Comunión" en Dios. Comunión de Personas.

Nos acogerá, si le dejamos.




Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.4

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¿Es "una" la persona?

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No.
La persona humana es co-ser o coexistiencia, apertura hacia dentro. Sola sería un absurdo. La persona está abierta por dentro (y por fuera).

La coexistencia, o co-ser, o la persona humana en tanto que ser, es creada como réplica a la que debe libremente destinarse. Es un "hacia".

Es un ser "hacia" Dios.
La plena unidad del ser (Dios) no carece de interioridad, de intimidad. Le conviene la réplica personal (el Hijo que traspasa el Entender divino).

El coexistente humano busca esa réplica, la suya, en el Verbo, justamente porque el hombre carece de ella y en su interior está solo.

Su Cielo es el "encontronazo" del enamoramiento.

Ni que decir tiene que Dios tampoco está solo. Su Misterio es la Unidad originaria de Tres.






De esto habla Juan A. García González en Miscelánea poliana n. 43: "La unidad del ser y la coexistencia humana". 11 julio 2013. Jornadas castellanas tras el fallecimiento de Polo.


Para saber más de la coexistencia humana o co-ser, ir a la Etiqueta 5.5.1
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¿Propone Polo tres sentidos de la unidad?

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Sí.

- la Identidad del Origen;
- la mismidad del objeto pensado;
- la unidad de orden (el fin) o valor físico de la unidad. (La esencia del universo es la unidad de orden y el orden lo instaura la causa final)

Atención: La unidad de la esencia "humana" es distinta de la esencia del universo físico, no es ya la unidad delorden, sino la unidad de la vida creciente, que tiende a su consumación. Es la unidad aportada por la coexistencia humana (por la persona humana) al hacer crecer su vida y manifestar la riqueza de su réplica. No es propiamente unidad, sino puente entre Dios y el mundo, libremente otorgado. Vida interminable. Entrelazamiento de sus dimensiones (amistad, trabajo y luz).



Véase Polo, AT, I, 78, 3.
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¿A quién está reservada la unidad trascendental?

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A Dios.





Inspirado en Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales. Juan A. García González. Miscelánea poliana nº 11. Glosa 2, p. 88. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Por qué se ve tan claro desde la filosofía poliana que la unidad trascendental está reservada a Dios?

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Porque Polo, filósofo de la distinción (ver etiqueta 1.5.0 sobre la  distinción), afirma que lo nuclear de la creación es la distinción entre el ser increado y el ser creado antes que la distinción del ser creado con su esencia.

Cuando prima la consideración de la esencia, pensamos la esencia como una: un gato, un escarabajo, el viento o la bruma. Resaltamos la unidad de los seres creados sin darnos cuenta de que todas las criaturas dependen de Dios, es decir, son inidénticas. O lo que es lo mismo, solas no son nada.

Solo Dios es idéntico.
La unidad en la criatura no es trascendental, es esencial.

En el universo físico, como esencia, se trata de la unidad del orden instaurada por la causa final.
En el hombre, la unidad de su vida es precisamente su manifestación esencial, que depende libremente de la persona (trascendentalmente es co-ser, es hijo).


Solo el ser originario es idéntico.
Usted y yo no somos, nada menos, que "además" de Dios.









Inspirado en Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales. Juan A. García González. Miscelánea poliana nº 11. Glosa 2, p. 88. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.
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¿Dónde se da la unidad plena y perfecta del ser?

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En Dios, en el Origen.

La Identidad originaria del ser, que es su unidad plena y perfecta, muestra, sin embargo, una doble faz.

En efecto, respecto al universo es primer principio y respecto a los hombres es réplica personal.




De esto habla Juan A. García González en  Miscelánea poliana n. 43 : "La unidad del ser y la coexistencia humana". 11 julio 2013. Jornadas castellanas tras el fallecimiento de Polo.

Para saber más, ver:
Etiqueta 1.0.1……………….Origen
Etiqueta 5.4.2……………….Réplica
Etiqueta 3.0.0……….……..universo y mundo.


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¿No rompe la coexistencia humana la unidad del ser?

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La unidad del ser es, ante todo, la unidad de la Identidad Originaria, Dios.

La plena unidad del ser (Dios) dispone también de interioridad, de intimidad. No se rompe al ser Trina.

A la unidad originaria del ser conviene, por tanto, la réplica personal: el Verbo que traspasa a Dios como pensado (el Hijo que traspasa el Entender divino).
Tomás de Aquino dice que el Verbo de Dios no es el Padre entendiéndose a sí mismo, sino "el engendrado" por ese "entenderse a sí". Se da cuenta de que el Hijo no se reduce a ser objeto de conocimiento, es decir, a "ser entendido". El Hijo traspasa el "ser entendido", no es una mímesis ideal sino una realidad "personal" (Polo, La verdad como inspiración).


Pues bien, la dualidad de la coexistencia (que no es otra cosa que el co-ser personal humano o la persona humana en tanto que co-ser) es también interior a la unidad del ser, no la rompe, sino que es justamente su interioridad.

Podemos mirar esa dualidad interior, en la que los trascendentales personales se convierten, sin atentar a la unidad, pero igualmente podemos mirar cómo la persona se dualiza también, hacia más adentro que el dentro, buscando su réplica. Es así como entenderemos que la persona está incluida en otra unidad a la que no altera: la Identidad de Dios como Origen, es decir, el ámbito de la máxima amplitud de la existencia, que es Dios.

La coexistencia humana es así un dentro, en Dios, no localizado, atópico y creciente, indeterminable por interminable.

La persona humana no rompe la unidad de Dios.
Y su ser "co-ser", no rompe tampoco la unidad de su vida humana, pues precisamente la vida de cada uno crece gracias a que la persona está abierta por dentro a Dios y por fuera al universo que esencializa en mundo.

La unidad de la vida humana es un "hacia" la unidad de Dios, es un gozar, repito, interminable, de la intimidad de Dios.







De esto habla Juan A. García González en Miscelánea poliana n. 43: "La unidad del ser y la coexistencia humana". 11 julio 2013. Jornadas castellanas tras el fallecimiento de Polo.

Para saber más sobre la coexistencia humana o co-ser, ir a la Etiqueta 5.5.1

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¿Es la dualidad de la coexistencia, interna a la unidad?

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Sí.

Pero no debemos pensar "la dualidad de la coexistencia humana" como una dualidad numérica, que reitera y multiplica exteriormente la unidad.

Las dualidades de la persona humana se reúnen jerárquicamente vinculando lo inferior con lo superior, constituyendo tanto lo inferior como lo superior en un "dentro" de la unidad.

Es así como se manifiesta la riqueza del Ser, su interioridad.
Lo interior de la existencia del Ser, se abre libremente en dualidad jerárquica.

Es así como el universo es elevado a mundo, como ofrenda amorosa hacia su creador.

En el interior de Dios no se está como los materiales integrados por una forma para constituir una sustancia natural.
Tampoco se está como las naturalezas ordenadas finalmente dentro del universo.
En Dios vivimos libremente, incluidos atópicamente en su máxima amplitud. Nuestra vida crece al ritmo de nuestro querer, interminablemente, como una llama siempre encendida a la que nunca faltará ni aire ni estopa.

Nuestra vida interior en Dios no es un "elemento" de la unidad divina, o una dimensión, sino el rebrotar interno y amorosamente libre de su Hijo, en el que viviremos siempre más, además.







De esto habla Juan A. García González en Miscelánea poliana n. 43: "La unidad del ser y la coexistencia humana". 11 julio 2013. Jornadas castellanas tras el fallecimiento de Polo.


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Potencia

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El ser se dice de muchas maneras.
Una manera de decir el ser es decir: "acto".
Otra manera de decir el ser es decir: "potencia". De este modo indicamos que el acto no es acto puro, que al depender del Ser, siempre puede ser más, según la dependencia.
Los actos de todas las criaturas son acto-potenciales, no son puros, teniendo perfección siempre pueden ser más perfectos.

<Piá dirá que la causalidad trascendental muestra que un acto de ser creado no puede existir sin esencia, porque al “depender” del Origen, no es todo lo que puede ser, todo acto de ser creado se distingue realmente de su esencia. Este es el gran descubrimiento de Tomás de Aquino>


Polo es un gran maestro.
Sabe poner en relieve los grandes descubrimientos de la Filosofía, destacando sus novedades.

Un ejemplo es cómo, poco a poco, hizo estudiar a sus discípulos (Ricardo Yepes, Jesús de Garay…) los diversos sentidos del acto y de la potencia en Aristóteles.

Así consiguió mostrar que la esencia es "acto" y también es "potencia", pero con sentidos mucho más precisos de los que estamos acostumbrados.

La esencia es, desde los griegos, "acto", perfección.
En Aristóteles la ousía, que sería el equivalente de esencia, es un sentido del acto. Es entelechéia, forma.

De ahí que digamos: esta flor "es" un tulipán. El meollo o esencia de esta flor es ser tulipán. Acto estable, acabado.

(A ese sujeto, en cuanto que principio de operaciones, se le puede llamar naturaleza).

Noten ustedes que sin darnos cuenta hemos introducido en nuestro discurso una "suposición". Suponemos que la esencia es subsistente. La esencia pensada sí es perfecta, pero en la realidad no existen las esencias pensadas. Las criaturas son actos, sí, pero actos no acabados.

Aristóteles quedó prendido de la perfección de sus entelechéias  sin sacar todo el partido de su descubrimiento de juventud.

Polo llamó la atención sobre ese descubrimiento de Aristóteles (el par potencia-acto) que hizo al observar la distinción entre la mente dormida y la mente despierta. En cuanto dormida, la potencia indica imperfección, en cuanto despierta, el acto indica perfección.

Este sentido del acto, energéia, que no está detenido, que está despierto y abierto a ser más, quedó arrinconado por el prestigio de la "sustancia", de lo acabado, de la forma.

En tanto que los entes pueden "despertarse", perfeccionarse, son potencias "activas". La semilla puede devenir árbol.

Hay, sin embargo, ciertas potencias que son "pasivas", dependen de otras y pueden "recibir" perfecciones que no están contenidas en ellas a priori. Es más ventajoso para la inteligencia ser potencia pasiva, pues así puede conocer lo que por sí sola no podía conocer.

Y es así como las potencias pasivas adquirirán hábitos que no poseían de entrada.

En definitiva, la "potencia", siendo imperfección, es una cierta presencia del futuro en el ser.

Aunque un león sea magníficamente perfecto, nosotros, hijos de Dios, imperfectos, somos más ricos que el león. Nuestra imperfección es potencia obediencial abierta a la máxima amplitud. Aquí no hay leones que valgan.

Lo que no podremos nunca decir es que cigarro esté en potencia de ser ceniza, aunque haya la posibilidad de convertirse en ceniza. No debemos confundir potencia con posibilidad.


Tomás de Aquino, al descubrir la distinción real entre esencia y acto de ser ("acto de ser" es otro sentido del acto que Aristóteles no conoció) hace una investigación más atenta sobre la noción de potencia, clave de la filosofía aristotélica.

Y encuentra un sentido de la potencia que Aristóteles ignoró: la esencia como "potencia" del acto de ser.

La noción aristotélica de potencia era la dynamis. Y es válido ver el universo en movimiento. Potencias activas y pasivas que se van actualizando armoniosamente. Potencias de las diversas naturalezas, que se actualizan según el orden de la tetracausalidad. El universo de Aristóteles es así, en movimiento. Es lo que es: Acto puro y potencias que se actualizan, imperfecciones que se perfeccionan.

Pero el nuevo sentido de potencia, la esencia que sin el ser no es nada, introduce la novedad, vislumbrando una riqueza nueva de lo radical. No es una potencia como las potencias aristotélicas. Es una potencia que siempre dependerá de un Ser dador del ser.

No es que la esencia esté en potencia del acto de ser (eso es "posibilidad"), sino que la esencia como potencia es "potencia" gracias al acto de ser. No es que sea imperfección gracias al acto de ser, sino que el ser puede abrir horizontes no contenidos en las semillas (si el Creador se los da, directamente o a través de otros seres).

El universo ya no es "lo que es" sino que también es lo que será con novedades. (Los sentidos que los hombres queramos aportar). Hemos descubierto el amor, que es dar, en el Ser.

El tulipán ha podido provenir de cruces genéticos, y puede desplegarse según sus cromosomas, dependiendo de su "alma", pero lo más alto, lo radical y primero, es que el tulipán "es" dependiendo de su acto de ser, creado por Dios. Depende radicalmente del don de Dios.

La esencia, la sustancia del tulipán, depende radicalmente del acto de ser creado. Ya no es solamente lo que es porque las cosas son así, sino porque Dios quiere que sea así. Radicalmente hay una decisión libre del Ser supremo.

La esencia es pues acto, en tanto que sustancia (Aristóteles) y la esencia es potencia no sólo porque tiene potencialidades que se activan (eso lo dice también Aristóteles), sino porque, radicalmente, es potencia respecto del acto de ser (Tomás de Aquino). Depende del acto de ser, dependiendo del Ser.

Hay algo en la potencia que ya es, porque será, pues "depende" de Dios, ya sea desplegándose (esencia del universo físico como orden dado por Dios), ya sea aportando (libre esencia humana que acepta su destino).

Es un sentido de la potencia como "bien" del acto de ser, como lo otro que el ser, en orden a la realización del ser. Es "otro" don. Somos y seremos. 

Seré feliz (es esencial), si Dios quiere, y si yo quiero.

"Lo otro que el ser", u otra manera de decir ser, es decir: "potencia", que en la medida que es, la llamamos bien.

El bien es lo otro que el ser en orden a la realización del ser.

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