¿Por qué el interés de Polo por la Teoría del Conocimiento?

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Polo ha entendido su tarea como el intento de expresar y sacar partido a un descubrimiento súbito, que tuvo lugar en la primavera de 1950: el carácter de límite que comporta el objeto para el pensar.

Este descubrimiento desembocó en un método, que constituye el nervio de su aportación: el método del abandono del límite mental.

A este propósito y para tener una visión rápida de la Teoría del Conocimiento de Polo es interesante el artículo de José Ignacio Murillo: Distinguir lo mental de lo real. En Studia Poliana n. 1.



También el de Juan A. García : El abandono del límite mental y el conocimiento. Cuadernos de Anuario Filosófico n. 11.


El meollo del conocimiento es la "separación" que estudiamos en la etiqueta 1.5.3
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¿Necesitamos maestros?

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Ricardo Yepes, en su artículo “Aún no es primavera” advertía que en la época actual nos faltan maestros.

Sobre todo necesitamos que nos muestren el camino del conocimiento.


Que nos enseñen Teoría del conocimiento.
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¿Cómo se puede describir la operación mental?

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La operación mental, cuando objetualiza, se puede describir como el ocultamiento que se oculta.

Lo que se oculta es la operación mental. (Concretamente, se oculta el carácter dual de la operación mental y aparece solo el objeto)

Y al mismo tiempo la operación mental es un ocultamiento, pues cuando pensamos objetivamente queda oculto el carácter "objetivo" de lo pensado. Nos quedamos prendados de la realidad aspectual presenciada.

Al pensar objetivamente "se supone" el objeto.




El meollo del conocimiento es la "separación" que estudiamos en la etiqueta 1.5.3


¿Qué ventajas tiene el verbo "alcanzar"?

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"Le dí a la caza alcance".

Volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance.

Alcanzar remite etimológicamente a talón (calx-cis) y tiene el significado de llegar hasta algo, ir tras los talones de alguien.
En la teoría del conocimiento, "alcanzar" se utiliza para designar que sin llegar a tocar a tocar el tema, aunque sea distinto a nosotros, coincidimos, logramos adherirnos al tema, añadirnos.

Por ejemplo, el objeto conocido y la actividad cognoscente de la operación intelectual forman una mismidad. Hay conmensuración entre ambos.
La inteligencia alcanza los temas. Aunque siga separada.




Glosa a Juan José Padial. El abandono del hogar y el alcance de la intimidad. II Conversaciones de AEDOS. Unión Editorial. p. 88.2



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¿Por qué decimos que el alcanzar "sobra" y el advertir sólo "apunta"?

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Polo (que es un explorador y va poniendo nombres como Stanley o Colón) denomina "advertencia" al conocimiento metafísico, según el hábito de los primeros principios "reales" (es decir el hábito que permite conocer los primeros principios de la realidad).

"Advertimos" así el ser del universo (Polo llama al ser del universo, principio de no contradicción. Como veis es un principio real, no lógico, no algo que está en nuestra cabeza, sino en la realidad).

Con la advertencia se "apunta" también el Origen (que es el principio real de identidad, Dios, como fuente y origen), tema insondable. Le adoramos.

Polo, sin embargo,  denomina "alcanzar" al conocimiento del ser personal.

El "alcanzar" dice que es "sobrante" porque es además.

El intelecto personal alcanza a conocer que es siempre más, que siempre sobra. De ahí que se trueque en búsqueda de Aquél de quien le viene el sobrar.

El ser del universo, sin embargo,  no sobra, es sencillísimo.

Por eso el "advertir" no sobra. Gracias al hábito de los primeros principios advertimos metafísicamente la existencia de Dios. Un Ser insondable.

Es claro que el acto de advertir no se consuma, como no se consuma el alcanzar. Dios es incomprehensible.

Volviendo a nuestra pregunta: "advirtiendo" sólo conocemos que Dios existe (y que crea el universo, que no es poco). Adoramos el Origen insondable. Pero esa actividad no da para más (ni para menos). Por eso decimos que "no sobra".

El sobrar es otra cosa: es el alzarse como hijos al abrazo del Padre y ése es el "alcanzar" (le di a la caza alcance) que tampoco se consuma, pero que nos hace depender más y más del Padre, en abrazo amoroso.

A mí me conmueve contemplar la vida interior de don Leonardo, introduciéndose (tantas veces solo) por los entresijos de la Luz filial.



Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 31, p. 340


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¿Cómo se entiende bien la esencia del universo?

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La clave para entender el universo es admirar su orden, su armonía.

Considerémoslo teleológicamente. "Telos" se refiere aquí al orden evidente y asombroso que reina en el cosmos.

Las sustancias elementales, aunque carecen de naturaleza (pues no tienen unidas a ellas una causa eficiente que les haga ser principio de operaciones), "cumplen" el orden a su manera, movidas desde fuera.

Las sustancias naturales, que llamamos naturalezas, contienen en sí mismas una causa eficiente, una relación con el fin, con el orden. Por eso operan "naturalmente", desde ellas mismas, al servicio de la sinfonía natural. También "cumplen" el orden.


Polo nos propone un método para encontrar noéticamente ese orden del universo: si pugnamos con nuestro límite mental (2ª dimensión del abandono, que estudiaremos, si Dios quiere, en la etiqueta 2.1.2), si pugnamos, digo, con la mismidad de nuestro pensamiento, encontraremos la esencia extramental, es decir, el universo como esencia u orden del universo.

El universo como esencia es la unidad de orden, en cuanto unidad ordenante, en tanto que "telos" del conjunto de sustancias y de sus operaciones, que "cumplen" divinamente ese orden.

Estamos en el terreno de la pasión de los científicos, estudiosos de las leyes de la naturaleza, de las brumas, de las cataratas, de los bosques y malezas.

Llamamos causa final al "cumplimiento" del orden. Este es el sentido preciso de la noción de causa final en Aristóteles. Cumplimiento que incluye la indeterminación de la materia, haciéndola maleable por el azar, sí, pero también por la voluntad del hombre.

Y la esencia del universo o el universo como esencia es la totalidad causal, no sólo la causa final, que es el "cumplimiento" sino la tetracausalidad u orden completo del universo.

Tetracausalidad que, por otra parte, es realmente distinta del acto de ser del universo o ser como primer principio o ser extramental, trascendental metafísico (ver etiqueta 3.1.0)


Las causas no son trascendentales (salvo la causalidad trascendental). Las causas son predicamentales y Polo las identifica con el análisis del primer principio. Esa es la  esencia del universo.

La tetracausalidad es el universo como esencia.

Dios es Creador del ser extramental y de su esencia, armoniosamente tetracausal.





La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.37.3 a 38.4). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García


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¿Cuál es para la filosofía clásica el principio próximo del operar humano?

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La filosofía clásica refiere el operar humano a un principio próximo: la facultad.

La operación es el acto de la facultad.

El principio remoto es el alma.


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¿A qué llamamos realidad?

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Realidad significa "actividad".

"Lo" pensado, no es real. (El objeto pensado es irreal).

Sin embargo, el "acto" de pensar, es real.


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¿Es real el "entender"?

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Llamamos "realidad" a lo que es. Actividad.

Pero el ser se dice de muchas maneras.

El "entender" es real.
Pero siendo real el "entender", no es sencillamente el ser, porque la realidad del "entender" es "hacerse otro".

Si el ser es acto, el entender es acto de acto.

Si el ser "realea" como acto, el entender "realea" como acto de acto.

Entender es acto noticioso, trasparecer activo: un desdoblamiento del acto tal que, sin dejar de ser acto, acoge cabe sí, como acto novedoso, lo otro.

Entender es pues otro sentido de la realidad, más rico, propio de seres superiores, capaces de crecer con ganancia noticial.





De esto habla Ignacio Falgueras en Studia Poliana n. 2.  2000, p. 197 


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¿A qué llamamos realidad extramental y realidad humana?

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No todo es "real" de la misma manera.

Por ejemplo, una cosa es lo "real extramental" y otra cosa lo "real humano".
Coherentemente, lo real extramental es estudiado por la metafísica y lo real humano por la antropología.

Viene muy bien darse cuenta de que lo "irreal" es el objeto de nuestro pensamiento.
El acto de pensar es real, pero su objeto es irreal, es intencional.


Lo real existe o coexiste aunque yo no lo piense.

El ser fuera de mi pensamiento puede ser Dios, u otra mente, o mi mente fuera de mi mente, o una sustancia física.


Glosa a Polo en Introducción a la filosofía p. 79.2 y en Antropología trascendental I, p. 111.3


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¿Qué es naturaleza y qué es libertad?

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Una de las primeras aporías de la filosofía es cómo conjugar lo Uno y lo Múltiple.

El problema es mal resuelto si optamos por el monismo (Parménides) o si separamos en exceso (dualismo cartesiano).

En la actualidad muchos niegan la libertad pensando el mundo y los humanos como combinatoria de átomos (es la versión materialista de lo Múltiple, como si todo fuera "naturaleza"). Como si fuéramos una red material.

Otros, en su interior, se imaginan de tal modo libres, que deciden vivir según su espontaneidad (es una versión idealista de lo Uno, como si todo fuera libertad espontánea de mi yo).

El filósofo busca el primer principio (arjé) que explique la realidad entera.
Desde Parménides se sabe que ese principio es el ser.

Pero ¿es el ser uno, monolítico?

Polo, filósofo de la distinción, distingue entre ser primero, el ser sencillo que da lugar a los entes naturales y sus acciones, que podemos equiparar a la naturaleza (y que Juan A. García Gz llama sentido genético del ser), y ser segundo.

La naturaleza, que así considerada es ser primero, es entonces el principio estable de movimientos y cambios.

Ser segundo, sin embargo, es la persona humana. La persona no es la actividad "sencilla" de lo ya determinado en la naturaleza por las condiciones iniciales del universo. La persona se destaca siempre de sus obras y no se reduce a ellas.

La persona es un ser que desborda su actuar. Su actividad es un renacer añadido libremente, que no se aquieta nunca. Podemos equipararla a la libertad trascendental.

La distinción entre naturaleza y libertad es pues primaria.
El ser se dice, de entrada, de muchas maneras.

Es creado "sencillamente" por Dios y entonces tenemos la noción de naturaleza, o mejor dicho, el ser del universo (el principio del obrar de los seres materiales).

Y es creado "libre" por Dios y entonces tenemos la noción de libertad (el acto de ser personal, la criatura donal libre).




Para saber más:
Etiqueta 3.1.0 sobre el ser del universo
Etiqueta 1.1.2 sobre la libertad
Etiqueta 5.5.4 sobre la libertad personal

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¿Qué es lo real?

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La palabra real y la palabra realidad vienen del latín res, "cosa".

"Cosa", para los medievales, es un trascendental que equivale a ente. Todo lo que existe, todo lo real, es "cosa".
(No explicamos aquí por qué Polo descarta "cosa" de la lista de los trascendentales. Lo que nos interesa ahora es solamente indicar el sentido que damos a la palabra “realidad” o “real”).

Lo real es lo que es, pero con un matiz importante: todo lo que es fuera de "mi" mente. Aunque yo no lo piense.

Cuando decimos "real" queremos decir que una cosa "es" fuera de "mi" mente. Es, aunque yo no la piense.
No es real un ente de razón, como la "nada". Porque la "nada" solamente existe en la mente.

No es real el objeto intencional.
Real, sin embargo, es el acto de conocer que se coactualiza con el objeto intencional (éste sí que es irreal) poseyendo así, intencionalmente, la semejanza de las cosas.

Aristóteles (etiqueta 20.4.3) distinguió dos sentidos de lo real: pues no es lo mismo la realidad de una montaña que la realidad del “acto de conocer” (etiqueta 2.0.1).

La sustancia, por ejemplo, una montaña, es un ser en sí, una realidad en sí. Su ser es "sencillo", fuera de mi mente.

Mi "conocimiento" de la montaña también es real, pero su ser no es como el ser de la montaña. "Realea" (Falgueras) de modo distinto.

El ser del "conocer" es una apertura que acoge otro acto en su interior. Es acto de acto. Es un hacerse otro. O, a nivel trascendental, convertirse en otro (ser hacia otro).


La filosofía posterior ha ido perfilando los distintos sentidos de lo real, por ejemplo, la realidad del universo o acto de ser del universo no es lo mismo que la realidad del ser personal.

Entonces :

Dios es real,
las personas son reales,
el conocer es real,
el mundo es real.

Pero son reales de distintos modos. El ser se dice de muchas maneras.

Irreal es sólo el objeto del pensamiento, que es intencionalidad pura y los entes solo de razón, como la "nada".

El acto de conocer, acabamos de decirlo, es real, en un sentido de la realidad distinto del sentido que tiene la realidad física.

Por ejemplo, si usted está pensando, está actuando fuera de mi mente, pero es un estar fuera de mi mente distinto al modo de estar una montaña.
Y si usted está mirando un paisaje, los colores que está sintiendo son reales de modo distinto a como es real la luz física.

Para pensar, el entendimiento, que es real, pero no como una montaña,  forma el objeto, que no es real. (El objeto, siendo irreal, remite a la realidad extramental. Es lo que se llama "intencionalidad" del objeto).
El objeto, lo pensado, no es una realidad en sí, es “en” el acto de pensar.
Ése tener un "en", una interioridad distingue la realidad del entendimiento de la realidad de una montaña.

El acto de pensar es acto que no es sencillo, es un acto abierto, que posee intencionalmente.

En sí, el objeto es irreal, su ser es solamente remitir a la realidad extramental, que si es, por ejemplo, una montaña, será una realidad sencilla, distinta de la realidad del acto de conocer.




Para saber más sobre la intencionalidad ir a etiqueta 2.2.0


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¿Un espíritu, es una cosa?

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No.
Una cosa es real según la sencillez del acto de ser del universo físico. (Aunque la esencia del universo físico sea tan complicada como propugna la física cuántica). A fin de cuentas las cosas son como son.

Sin embargo, un espíritu es real de modo distinto.
Su acto de ser no es sencillo. Su acto de ser se convierte con su acto de conocer y, libremente, con su acto de amar. Está abierto por dentro.

La sustancia material (una "cosa") no ejerce jamás el conocimiento.
Si los animales pueden conocer sensiblemente es porque poseen facultades inmateriales (en soporte material). La materia no piensa ni siente.

La cosa no tiene nada que ver con el conocer.
El conocer es inmaterial, también en los animales.

Una cosa no es un acto de conocer, salvo que su ser sea un acto de conocer (al convertirse el uno en el otro), como es el caso de la persona; pero entonces ya no es una "cosa".


En los espíritus, en las personas,  el conocer se convierte con el ser, pero siendo siempre distintos.
El actus essendi (ser) y el actus cognoscendi (conocer) son distintos, aunque Dios los confiera a la criatura en estricta propiedad privada, en su raíz.


De ahí que los filósofos que parten de la idea de "sujeto", sin distinguir entre el acto de ser personal y el inteligir, tengan tantas dificultades para comprender lo que es el conocimiento. La unidad que piensan es prematura e ignora la distinción.





De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 61.3
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¿Es la realidad un todo?

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No debemos pensar la realidad, el ser que existe "aunque yo no lo piense", como un todo, como un mosaico compuesto de múltiples teselas.

1. Dios es real. Acto puro. Identidad.
2. El ángel y el hombre son acto personal. Realidad abierta por dentro, capaz de conocer y amar.
3. El universo es ser sencillo.

Las tres realidades, Dios, persona, universo no están en el mismo nivel. No se pueden connumerar.

La realidad pensada no es realidad física.
Un perro pensado no muerde.
El acto de conocer un árbol no es un árbol. Está a otro nivel, superior.
Son realidades distintas "jerárquicamente".

Filósofo es el que las admira. Admiremos la jerarquía de la realidad.

De un lado el orden del universo. El firmamento. La realidad de una noche estrellada.
De otro lado el orden en mi conocimiento: la realidad que se desvela en mí. Soy capaz de poseerla intencionalmente y amarla.

Pero cuando digo "de un lado" y "de otro lado" no estoy hablando de dos realidades contiguas que compongan, como teselas, el mosaico de la realidad entera o "total".

La realidad no es un todo. La realidad es Acto.

Acto Puro del que dependen los actos "jerárquicamente" distintos.

Los actos superiores son más acto, capaces de más, capaces de conocer y amar.

Los actos inferiores, que pertenecen al nivel del acto de ser del universo son sencillos. Dependen, sencillamente, del querer de Dios. Son como son. Dios los crea para que los conozcamos y nos amemos a través de ellos.

La realidad del espíritu (de los actos de ser que son abiertos por dentro) es distinta jerárquicamente de la realidad física.
No debemos pensarla componiendo un todo con la realidad física.
Una pantalla de ordenador, por mucho que .rille, nunca podrá "ver".
No se pueden componer "pantalla" y "ver", formando un "todo".

Cuerpo y alma son dos realidades de distinto nivel. No forman un todo.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 42.4

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¿Es jerárquica la realidad?

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Sí.

El ser, en su más alto nivel es el Acto puro, Dios. Identidad.

Las personas (ángeles y hombres) somos de un nivel ontológico inferior. Aunque somos capaces de Dios (somos relaciones subsistentes en el orden del Origen). Somos inidénticos.

El ser del universo es un ser sencillo, inferior a las personas. De ahí que una planta o un animal sean de un nivel ontológico inferior.

Hay pues jerarquía ontológica. Dios – persona creada – ser del universo.

Los niveles de la realidad no forman un "todo". No se tocan. No son las teselas de un mosaico.
Es impropio decir Dios y la criatura.




De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 73


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Hábleme de la realidad extramental y de la realidad humana.

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La temática de la 1ª y 2ª dimensión del abandono del límite mental es la realidad extramental.

La temática de la 2ª y 4ª dimensión del abandono del límite mental es la realidad humana.

- un león es una realidad extramental;
- una mujer es una realidad humana y extramental (la materia de su cuerpo);
- el alma de una persona humana es una realidad humana;
- el alma de un perro es una realidad extramental;
- pensar es una realidad humana;
- lo pensado es irreal;
- la esencia humana es una realidad humana;
- el método del abandono es una realidad humana;
- el conocimiento objetivo (realidad humana) no versa sobre las dimensiones superiores de la esencia humana (por ejemplo, la inteligencia o la voluntad), pues el conocimiento objetivo parte de la iluminación de lo sensible (lo sensible es extramental), pero la iluminación es humana, versa sobre las formas físicas (realidades extramentales).

- El acto de pensar es realidad humana, el objeto pensado es irreal, la forma física es realidad extramental.




Glosa a Polo, Antropología trascendental I, p. 111,3
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¿Qué es lo real? ¿Descubrió Aristóteles dos sentidos de lo real? Los distintos sentidos de lo real.

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La palabra "real" y la palabra "realidad" vienen del latín res, "cosa".

"Cosa", para los medievales, es un trascendental que equivale a ente. Todo lo que existe, todo lo real, es "cosa".
(No explicamos aquí por qué Polo descarta "cosa" de la lista de los trascendentales. Lo que nos interesa ahora es solamente indicar el sentido que damos a la palabra “realidad” o “real”).

Lo real es lo que es, pero con un matiz importante: todo lo que es, aunque yo no lo piense. Irreal es el objeto pensado.

Cuando decimos "real" queremos decir que una cosa "es" fuera de "mi" mente al pensar. Es, aunque yo no la piense.
No es real un ente de razón, como la "nada". Porque la "nada" solamente existe en la mente.

No es real el objeto intencional.
Real, sin embargo, es el acto de conocer que se coactualiza con el objeto intencional (éste sí que es irreal) poseyendo así, intencionalmente, la semejanza de las cosas.

Aristóteles (etiqueta 20.4.3) distinguió dos sentidos de lo real: pues no es lo mismo la realidad de una montaña que la realidad del “acto de conocer” (etiqueta 2.0.1).

La sustancia, por ejemplo, una montaña, es un ser en sí, una realidad en sí. Su ser es "sencillo", fuera de mi mente.

Mi "conocimiento" de la montaña también es real, pero su ser no es como el ser de la montaña. "Realea" (Falgueras) de modo distinto.

El ser del "conocer" es una apertura que acoge otro acto en su interior. Es acto de acto. Es un hacerse otro. O, a nivel trascendental, convertirse en otro (ser hacia otro).


La filosofía posterior ha ido perfilando los distintos sentidos de lo real, por ejemplo, la realidad del universo o acto de ser del universo no es lo mismo que la realidad del ser personal.

Entonces :

Dios es real,
las personas son reales,
el conocer es real,
el mundo es real.

Pero son reales de distintos modos. El ser se dice de muchas maneras.

Irreal es sólo el objeto del pensamiento, que es intencionalidad pura y los entes solo de razón, como la "nada".

El acto de conocer, acabamos de decirlo, es real, en un sentido de la realidad distinto del sentido que tiene la realidad física. Los tomistas actuales le suelen llamar "ser veritativo".

Por ejemplo, si usted está pensando, está actuando fuera de mi mente, pero es un estar fuera de mi mente distinto al modo de estar una montaña.
Y si usted está mirando un paisaje, los colores que está "sintiendo" son reales, en usted, de modo distinto a como es real la luz física (que es, digámoslo así, "movimiento de fotones").

Para pensar, el entendimiento, que es real, pero no como una montaña,  forma el objeto, que no es real. (El objeto, siendo irreal, remite a la realidad extramental. Es lo que se llama "intencionalidad" del objeto).
El objeto, lo pensado, no es una realidad en sí, es “en” el acto de pensar.
Ése tener un "en", una interioridad distingue la realidad del entendimiento de la realidad de una montaña.

El acto de pensar es acto que no es sencillo, es un acto abierto, que posee intencionalmente.

En sí, el objeto es irreal, su ser es solamente remitir a la realidad extramental, que si es, por ejemplo, una montaña, será una realidad sencilla, distinta de la realidad del acto de conocer.





Para saber más sobre la intencionalidad ir a etiqueta 2.2.0


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¿Es real la relación de la creatura con Dios?

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Sí.
Los actos de ser creados son reales.

Sin  embargo, en Dios, son relaciones de razón.

No se asusten.
Noten que nuestros objetos pensados son irreales. Y bien que jugamos con ellos.

Los actos de ser en Dios se parecen a las ideas en nuestra mente.





Para saber más sobre la creación ver etiqueta 1.6.0

Para saber más sobre la relación ver etiqueta 1.5.2
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¿Es real el universal?

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Nada "general" es real.
No hay nada real que sea general.

El problema de los universales se resuelve clásicamente diciendo que son entes de razón con fundamento en la realidad.

La persona no es un universal. La idea de persona sí es general (universal), pero esa idea sólo existe en quien la piensa.

En la realidad existen personas, cada quién es una persona real.

Sin embargo, no es lo mismo la realidad, el ser de una persona humana (que es dual, abierta por dentro) que el ser del universo, que es sencillo y se despliega en infinidad de formas.
Un orangután es, sencillamente, una de esas concretizaciones del ser del universo.

La persona es extracósmica.


De esto habla Polo en "Ética". Hacia una versión moderna de los temas clásicos. 2ª edición. Unión Editorial. p. 53.3

Para saber más sobre el universal, ver etiqueta 6.2.1


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¿Es lo mismo el hábito de sabiduría que el inteligir personal?

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No.
El hábito de sabiduría (la sabiduría humana) se distingue realmente del intelecto personal, como el método de su tema.

Siendo realmente solidarios, son distintos y no idénticos.

El hábito de sabiduría, que es el ejercicio de la tercera dimensión del abandono del límite mental, es el método y el intelecto personal es el tema.

La sindéresis  y el hábito de los primeros principios proceden del hábito innato de sabiduría. Podemos llamarlos hábitos nativos.

La sabiduría como método busca cómo Dios nos conoce y nuestro destino en Dios.
Y si nos abajamos libremente, la sindéresis como método conoce, englobándola, nuestra esencia.
A su vez, el hábito de los primeros principios nos permite conocer el ser del universo físico






Para saber más:
Etiqueta 5.5.2 hábitos innatos


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¿Cuál es el tema del hábito de sabiduría?

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El tema del hábito de sabiduría es el propio existir humano: saber que existo como persona "creada".

Alcanza el ser personal humano, los cuatro trascendentales personales: co-ser, libertad trascendental, inteligir personal y amar personal.





Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.154.3
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¿Enfoca Polo el hábito de sabiduría del mismo modo que Tomás de Aquino?

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No

Las indicaciones más abundantes acerca del hábito de sabiduría se encuentran en Tomás de Aquino, con precisiones muy notables, pero Polo lo enfoca de otra manera al equipararlo a la tercera dimensión del abandono del límite mental.

De todos modos, Tomás de Aquino  admite que el conocimiento de sí es habitual, hasta el punto de que ese conocimiento es la culminación del alma.





Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.154.2


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¿Equivale la tercera dimensión del abandono del límite mental al hábito de sabiduría?

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Sí. La tercera dimensión del abandono del límite mental equivale al hábito de sabiduría.

Cuando edité por primera vez esta entrada dije que no. Y di la razón siguiente:

"Aunque Polo equipara el hábito de sabiduría a la 3ª dimensión del abandono del límite mental, lo hace porque, al abandonar así el límite, alcanzamos el hábito de sabiduría". Pero una cosa es el abandono y otra cosa es el hábito de sabiduría.

No es que el abandono en su 3ª dimensión sea el hábito de sabiduría, sino que con ese modo de abandono alcanzamos el hábito de sabiduría".

Después, tras el comentario de Juan A. García rectifiqué:
Aunque se necesite el límite mental para desaferrarse se puede entender que la tercera dimensión del abandono equivalga al hábito innato de sabiduría.

Juan A. García me escribió a este propósito el 10 de agosto 2009: "Yo opino que lo que alcanzamos con el hábito de sabiduría, y con la tercera dimensión del abandono del límite es la existencia personal, el acto de ser persona y sus trascendentales: el intelecto personal, el amar donal y la libertad. La tercera dimensión y el hábito de sabiduría yo sólo los distingo porque uno es permanente (el hábito) y la otra se ejerce en ocasiones: es expresión del hábito, a la postre lingüística.

Y ahora (11 de octubre 2013) vuelvo a la carga, apoyándome en ese "a la postre lingüística".
Estoy de acuerdo en que con el hábito de sabiduría alcanzamos el ser personal. Es permanente como dice Juan, hábito innato unido al intelecto personal, trascendental.
Sin embargo, en el abandono del límite mental pienso que hay que hacer pie, en expresión de Jorge Mario Posada, en el nivel esencial.
Algo así, quizá más extremista, apunta Salvador Piá en "El hombre como ser dual", p.447 (n.29 de la síntesis conclusiva).

De este modo distinguiremos, por ejemplo, entre la tercera dimensión del abandono del límite mental o "desaferramiento" de la presencia mental y el hábito de sabiduría, solidaridad transparente. Uno ejercido en ocasiones y otro permanente.


En definitiva, ahora opino que la tercera dimensión del abandono del límite mental, su ejercicio, es iluminación esencial, hacia dentro, que alcanza o equivale al hábito de sabiduría.

Es el hacer pie de Jorge Mario Posada que interpreto como iluminación, yendo o saltando transparentemente hacia dentro.


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¿Por qué describe Polo el hábito de sabiduría como "buscar-se"?

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Porque el hábito de sabiduría es luz transparente, que por solidaridad con su tema, carente de réplica, puede describirse como "buscar-se".

El hábito de sabiduría alcanza el ser personal humano, su tema, es decir, los cuatro trascendentales personales: co-ser, libertad trascendental, inteligir personal y amar personal.

El inteligir personal busca conocerse. El amar personal busca aceptación. Carecen de réplica en su interior

Su búsqueda es inagotable.

La luz transparente que es el hábito de sabiduría, solidaria con su tema siempre será "además", buscar-se.




De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p.20.3
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¿Por qué es problemática la sabiduría humana?

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Porque nunca se podrá decir "ya lo sé todo".

El ser personal es inagotable.

La sabiduría es alcanzar el conocimiento de sí. La antigüedad concedió a las inteligencias el poder de reflexión del espíritu, con una vuelta completa sobre sí mismo.

Pero esta reflexión completa es imposible para el hombre, es incompatible con su ser además, siempre más.

El hábito de sabiduría reclama continuación.

No, no nos aburriremos en el Cielo.





Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 350.2


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¿Cómo enfoca Polo el hábito de sabiduría para evitar que se detenga?

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El hábito de sabiduría se detendría si alcanzara a conocerse definitivamente. Si llegara a conocerlo todo.

Esta detención se evita si nos atenemos a su dualidad.
Es decir, si no dejamos de considerar su dimensión metódica y su dimensión temática.

El método es además y el tema es además. Es una luz transparente.

La transparencia del intelecto personal es la solidaridad entre sus dimensiones metódica y temática.

Veamos si me explico:

El método para conocerme es evitar pensar un objeto. Debo pensar además del objeto. El método es además.

¿Y cuál es el tema que alcanzo?: un ser que es además, que es inagotable.

El conocimiento es fuente que conoce la fuente. Luz transparente.





Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 350.3


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