¿Cuál es la "congruencia" del carácter de "además"?

.
"Además", como tema, es la persona como "Entender" (el Inteligir que Polo llama intellectus ut coactus), solidario con el hábito de sabiduría (innato al Inteligir como persona), que es su método, pero superior a él.

La "congruencia" del "además" es su insistencia metódico-temática.

Es decir, como el método es "además", congruentemente, el tema es "además".

Y como el tema es "además", insiste, tira del método, que con más razón será "además".

El método tira del tema, alcanzándolo como "además", y el tema tira del método insistiendo.

La insistencia mutua es congruencia.

El carácter de "además" es doblemente solidario: hábito de sabiduría e intellectus ut coactus insisten mutuamente, por lo que el ser humano es un ser nostálgico, sediento, que busca siempre más.

"Además", como tema, es el intellectus ut coactus, solidario con el hábito de sabiduría, que es su método.

Como tema, el carácter de "además" es superior a su valor metódico.

"Además" insiste en "además". Este segundo "además" es el valor metódico del carácter de "además, el hábito de sabiduría.

El Inteligir personal se dualiza o desdobla gracias al hábito innato de sabiduría. Esta actividad intelectual humana, dual en su raíz, la denominamos "congruencia" o "conveniencia dinámica".





De esto habla Polo en Antropología trascendental. Tomo I. p.197.4

Para saber más:
Sobre Método-Tema:…..…..….Etiqueta 2.11.0
Sobre la congruencia…………..Etiqueta 2.11.1
Sobre la sabiduría:……………..Etiqueta 2.14
Sobre el además: ………………Etiquetas 5.4.0 y 5.5.0

 .

¿Qué son las luces iluminantes?

.
Son luces que encuentran.
Son luces sin luz interior. Me explico.

La luz con luz interior es el “además” como tema del hábito de sabiduría. Su transparencia. Luz que siempre busca.

El carácter de además (sabiduría) es luz intelectual que alcanza su tema: el "además" (el intelecto personal), siendo solidaria con él.

El método es interno al tema, en tanto que el tema se alcanza. En atención a ello se describe el tema como pura transparencia.

La intensidad de la transparencia es la luz intelectual que lleva dentro, pues ese dentro es luz.

Pues bien, en los otros hábitos innatos (hábito de los primeros principios y sindéresis) se pierde la solidaridad que existe entre la sabiduría y el intelecto personal. En ellos la intensidad de la transparencia disminuye, es decir, son luces sin luz interior, esto es, luces iluminantes.

Con las luces iluminantes vemos lo que vemos. Cada tema es congruente con su método.

Con la luz transparente vemos que vemos, buscando lo que veremos. Congruentemente.




De esto habla Polo en Antropología trascendental. Tomo I. p.197.2 – 198.2

Para saber más:
Sobre el Intelecto personal:…................. Etiqueta 5.5.2
Sobre el además: …………........………Etiquetas 5.4.0 y 5.5.0

Sobre la luz…………………..…………Etiqueta 2.0.3
.

¿Por qué describe Polo la 4ª dimensión como un "quedar creciente en el límite mental"?

La esencia humana es el "crecimiento" de la vida de cada hombre, de cada mujer.

¿Cómo crece el ver-yo?
Englobando, subiendo y bajando, activado por la libertad.

El "ver-yo" suscita en cascada nuevos actos que enriquecen a la persona:
hacia abajo, manifestando las iluminaciones de la realidad;
hacia arriba, entendiendo la congruencia del mundo.

Gracias a los hábitos adquiridos, englobados por el ver-yo, se manifiestan las operaciones (iluminándolas) y es posible la pugna en que estriba la segunda dimensión del abandono, por la que vamos encontrando las cuatro causas del universo, la tetracausalidad, ¡ya sabemos lo que es el universo como esencia!

Y ahora pasamos de la 2ª a la 4ª.

Al demorarse en el límite mental (4ª dimensión), podemos acceder a la esencia humana, es decir, a entender ese "crecimiento" personal que aportamos, cada uno, libremente. Soy responsable de novedades.

El ver-yo, además, engloba y explica el límite mental, que es la presencia.
Sin perderlo, desaferrándose del límite, el intelecto va más allá, trocándose en búsqueda del destinatario del nuevo don: el destinatario del don de la vida creciente.

Acabamos de describir un capítulo de la metalógica de la libertad: el ascenso y descenso entre la 2ª y la 4ª dimensión del método del abandono.




De esto se habla en Juan A. García. La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 9, 1-2

Ver Etiqueta 6.2.1  la esencia humana
.

¿Qué es el carácter de además como método?

.
El hábito de sabiduría.

Es la 3ª dimensión del abandono del límite mental.




De esto habla Polo en Antropología trascendental. Tomo I. p.190.2

Para saber más:
Sobre el hábito de sabiduría: Etiqueta 2.14.0

Sobre el además:………………… Etiquetas 5.4.0 y 5.5.0
.

¿Qué es el desaferramiento?

.
El desaferramiento es el modo como se abandona el límite en su 3ª dimensión.

Con este término se indica que la tercera dimensión del método poliano toma el límite mental como punto de partida, y así lo abandona, desaferrándose (pero sin excluirlo completamente).

La luz transparente (el Inteligir personal o la persona como Inteligir) coincide (lo que es equivalente a separarse), desaferrándose del límite, buscando la réplica de que carece.

Por eso es luz transparente y no luz iluminante, ya que las luces iluminantes "encuentran", mientras que la luz transparente busca siempre.

Sin embargo, no por ello no es una "coincidencia", pues al desaferrarse alcanza su carácter de "además".




De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p. 61.3
.

Por qué conviene decir “alcanzar” y “advertir” según se trate del ejercicio de la 3ª o de la 1ª dimensión del abandono del límite mental?

.

Conviene decir “advertir” para indicar que el método es irreductible al tema, es decir, que el hábito de los primeros principios (1ª dimensión del abandono del límite mental) es irreductible a los primeros principios.

Sin embargo, conviene decir "alcanzar" cuando hablamos de la 3ª dimensión, cuyo método es el hábito de sabiduría, que coincide con su tema.

El "además" alcanza el "además", la transparencia.

El “alcanzarse” (método de la 3ª dimensión del abandono del límite mental), no es distinto del además: cuando se alcanza se está alcanzando.





Así habla Polo en Antropología trascendental I, p. 117.4
.

¿Existe una fe que no es sobrenatural?

.
Sí.
Se trata de la última fase del desarrollo de la intelección.
No es un don añadido al don de la inteligencia natural, sino la culminación de la intelección humana.
Podemos entender que Dios, como fuente de amor, desea darse a conocer.
La mente es capaz de alcanzar el sentido de la propia existencia. Su culminación es el conocimiento verdadero que el hombre tiene de Dios.

Es, por decirlo así, el fruto de obedecer a la Verdad, siempre más.
.

¿Cómo llama Polo al tema de la fe?

.
Polo llama misterio al tema de la fe.

La fe, como todo acto de conocimiento, está separada de su tema, el cual se llama misterio por ser por completo trascendente a la intelección humana.

La fe se expresa en símbolos; pero el tema de la fe no es el símbolo, sino aquello a lo que el símbolo remite. Por ese doble motivo, porque su tema es misterioso y por aludir a él simbólicamente, se dice que la fe es una luz oscura.

Nótese que por expresarse en símbolos proferidos, la fe se asimila a cierta poiesis. Por eso también se dice fides ex auditu.




Así habla Polo en Antropología trascendental II, nota 30 de la p. 20


.

¿Cuántas dimensiones tiene la apertura transcendente?

.
Cuatro:
la gracia personal inicial, humildad o abajamiento primero;
la esperanza, amanecer o alianza primera;
la fe, alumbramiento o luz primera;
la caridad o arrullo.


El primer abajamiento equivale a la verdad del co-existir personal.

El amanecer de la persona equivale al destinarse de la libertad.

El alumbramiento equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.

El primer arrullo equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.


Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos, con las virtudes a nivel esencial o las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología. Y tampoco se ha de confundir la gracia personal inicial (el primer abajamiento) con la gracia santificante de la teología.

Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (gracia o llamada inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).




Estudiamos la fe sobrenatural en la etiqueta 12.8.1

Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.
.

¿Es la fe una de las dimensiones de la apertura transcendente?

.
Las dimensiones de la apertura transcendente, o aperturas iniciales, son cuatro, correspondiéndose con cada radical personal:

la gracia personal inicial, humildad o abajamiento primero;
la esperanza, amanecer o alianza primera;
la fe, alumbramiento o luz primera;
la caridad o arrullo.


El primer abajamiento equivale a la verdad del co-existir personal.

El amanecer de la persona equivale al destinarse de la libertad.

El alumbramiento equivale a la búsqueda intelectual del destino personal.

El primer arrullo equivale a la búsqueda amorosa del encuentro con Dios.

Aunque utilicemos el mismo nombre, no deben confundirse la humildad, la esperanza, la fe y la caridad de las que aquí hablamos, con las virtudes a nivel esencial o con las virtudes sobrenaturales de las que habla la teología. Y tampoco se ha de confundir la gracia personal inicial (el primer abajamiento) con la gracia santificante de la teología.

Para mejor entendernos hablaremos de virtudes teologales (fe, esperanza, caridad, gracia santificante) y aperturas "iniciales" (gracia o llamada inicial, fe, esperanza y caridad iniciales).






Estudiamos la fe sobrenatural en la etiqueta 12.8.1
Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.


 .

¿Es meritoria la fe?

.
La posesión inmanente que sigue a la luz (que nos permite entender) es meritoria, porque proviene también de un dar : se "acepta" el don revelado. (Aceptar es también dar).

Pero la esperanza es más alta que la fe ya que busca la aceptación recíproca. Renuncia a que sobre ella recaiga la atención ajena, resaltando el nuevo premio con que el otro recompensará nuestra tarea.

¿Qué me irás a dar si me pides eso?




Glosa a Leonardo Polo. Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 135.2

Estudiamos la fe sobrenatural en la etiqueta 12.8.1

Las virtudes infusas teologales las estudiaremos en la etiqueta 12.8.0 y también en la etiqueta 5.16.2, en tanto que "nueva" creación.
.

¿Cómo se abandona el límite para "explicitar" la concausalidad predicamental?

.
Para explicitar las cuatro causas predicamentales (tetracausalidad que es concausalidad) se debe desposeer de objeto a la "presencia".

Si la presencia se queda vacía, podremos conocer que la realidad que nos rodea no es "un" objeto, o un "aspecto", sino que está en movimiento: las formas cambian desde la indeterminación de la materia, según las causas eficientes y el orden de la causa final.

Abandonando así el límite mental (que Polo designa como 2ª dimensión del abandono) se pueden explicitar las cuatro causas "en pugna" con la tendencia a objetivar.

La presencia mental, a la que no agrada ser desposeída de objeto, pugna con las causas físicas.

Para desposeer de objeto a la presencia mental, la presencia mental debe mantenerse (recuerden que en la 1ª dimensión la presencia se excluía).

La presencia se mantiene gracias a su hábito, gracias a su manifestación habitual, es decir, gracias a un hábito superior a ella, más alto que ella, que la ilumina y la hace comparecer habitualmente.

Lo que en la 2ª dimensión del abandono se excluye no es la presencia sino el "objetivarse" de las cuatro causas. Hay que excluir el objeto, manteniendo habitualmente la presencia, y es entonces cuando la presencia mental es una luz iluminante que coincide con la temática cuádruple.
La pugna viene de que las causas no deben objetivarse y eso cuesta.

Para explicitar las causas debemos, pues, pugnar por no objetivarlas.



De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p. 61.2


.

¿Es la pugna una separación?

.
Sí.

La 2ª dimensión del abandono del límite mental es la pugna o separación de la operación de concebir y de la operación de juzgar con la concausalidad,
Dicha separación excluye el objeto de la presencia mental, prescindiendo de la conmensuración de la operación con su objeto.

Para explicitar las cuatro causas se debe "desposeer de objeto" a la presencia mental que, como no le agrada estar sin objeto, pugna, tendiendo a objetivar.

Abandonamos el límite en su 2ª dimensión si accedemos a la esencia extramental (tetracausalidad) con esa separación que, como acabamos de decir, prescinde de la conmensuración, excluyendo el objeto de la presencia mental.

En este sentido se dice que la pugna "devuelve" el contenido objetivo, que había sido iluminado por la operación, a la realidad extramental, explicitando la concausalidad.


De esto habla Polo en Antropología trascendental II, nota 30 de la p. 20



.

¿A qué llama Polo "compensación"?

.
Sin duda, el conocimiento objetivo es más cómodo, ya que para que haya objetos basta con ejercer las operaciones mentales.

Es mucho más arduo el esfuerzo de abandonar el límite en cualquiera de sus dimensiones.

Por ejemplo, concentrar la atención (1ª dimensión) comporta una profundización mantenida, que puede incitar a dejarla en suspenso y volver a objetivar.

Polo llama "compensación" a la aparición del objeto con la que se suspende la explicitación.
(Recuerden que gracias al abandono en su 2ª dimensión se explicitan las cuatro causas físicas del universo).
Pero lo cómodo es objetivar las causas (escribirlas en la pizarra en un bello esquema).

La compensación es un descanso, para volver a objetivar, que es más fácil e interesante.




De esto habla Polo en Antropología trascendental I, p. 124.4-125


.

¿Cómo se abandona el límite para "advertir" los primeros principios reales?

.
Concentrando la atención.

La primera dimensión del abandono del límite mental es la "advertencia" de los primeros principios.

El límite mental se abandona aquí "eliminándolo" de la advertencia. Se excluye.

La "advertencia" coincide metódicamente con los primeros principios reales.
No olviden que el meollo del conocimiento es la "coincidencia" entre método y tema (sin tocarse: "separación").
"Coincidir metódicamente" o "separar" significa "conocer".

De ahí que digamos que el límite mental se abandona aquí en tanto que la advertencia "se separa" o "coincide" con los primeros principios.

Los primeros principios (Dios o principio de Identidad, la causalidad trascendental y el principio de no contradicción o ser extramental) son actos de ser extramentales vigentes entre sí.

Esta "advertencia" es una luz iluminante que se describe como "concentración de la atención".

La concentración de la atención es pues la descripción de la 1ª dimensión del abandono del límite mental.

En efecto, la advertencia habitual de los primeros principios, (hábito de los primeros principios), se ejerce "concentrando la atención". Es una luz iluminante que elimina la presencia mental.

Los actos intelectuales atienden a su tema. No son reflexivos. Y lo atienden con mayor o menor concentración según su nivel.
Dicha concentración es máxima cuando el tema es el primer principio de Identidad, originario e insondable.




De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p. 60.5.


.

¿A qué llama Polo la generosidad de la persona?

.
Al ejercicio del hábito de los primeros principios reales.

La persona es generosa porque se olvida de sí, de su yo que quiere actuar, y se abre hacia el exterior, hacia la creación, hacia fuera, contemplando el ser del universo, dejándole ser, aceptando generosamente que sea.

También advierte la causalidad trascendental y el principio de identidad (que es el Origen, Dios).

La persona advierte estos primeros principios abandonando el límite mental (1ª dimensión).

Ayer me llegué a los rápidos del río Congo, cuando huye de Kinshasa.
No fui yo solo el que abandonó el límite.



Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 31, p. 346.3


.

Por qué conviene decir “alcanzar” y “advertir” según se trate del ejercicio de la 3ª o de la 1ª dimensión del abandono del límite mental?

.
Conviene decir “advertir” para indicar que el método es irreductible al tema, es decir, que el hábito de los primeros principios (1ª dimensión del abandono del límite mental) es irreductible a los primeros principios.

Sin embargo, conviene decir "alcanzar" cuando hablamos de la 3ª dimensión, cuyo método es el hábito de sabiduría, que coincide con su tema. Su tema no es la realidad extramental sino el ser personal que somos, "además".

El "además" alcanza el "además", la transparencia. Siempre seremos más, luz transparente. Fuego.

El “alcanzarse” (método de la 3ª dimensión del abandono del límite mental), no es distinto del además: cuando se alcanza se está alcanzando.






Algo así dice Polo en Antropología trascendental I, p. 117.4
.

¿Cómo define la filosofía clásica el hábito?

.
La definición clásica de los hábitos se refiere a los hábitos adquiridos por las potencias espirituales (inteligencia y voluntad).

Esos hábitos se definen como una "disposición estable".

Es más estable que la operación, pues la operación puede darse o no.

El hábito es la posesión según la disposición.

El hábito adquirido es una perfección del principio del obrar (una perfección de lo que clásicamente se llama facultad, y que Polo prefiere llamar potencia espiritual para señalar que es irrestricta).

El principio del obrar, la facultad, se mejora en cuanto principio, y no sólo porque pase de potencia a acto.


.

¿Qué son los hábitos adquiridos?

.
Los hábitos adquiridos son perfecciones de las potencias superiores del alma, adquiridas a través del ejercicio de sus actos.

Existen hábitos de la inteligencia y hábitos de la voluntad.

Polo propone que no se consideren los hábitos solamente como "disposiciones". El hábito es también "acto" (no actual, sino habitual).


.

¿Cuáles son los tres tipos clásicos de hábitos?

.
a) El hábito categorial (ejemplo: tener manos); (nosotros lo estudiaremos en la etiqueta 1.9.2, hábitos categoriales)

b) el hábito adquirido por las potencias espirituales (ejemplo: saber geometría; (nosotros lo estudiaremos en la etiqueta 1.9.2, hábitos adquiridos)

c) el hábito entitativo (ejemplo: la salud) (los estudiaremos en la etiqueta 1.9.2, hábitos superiores).

Los dos primeros son aristotélicos y el tercero es un añadido de la filosofía medieval.

Aristóteles coloca el hábito categorial (el tener con el cuerpo) como uno de los nueve accidentes.

El hábito adquirido lo presenta como la primera especie del accidente cualidad.




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.4
.

¿Se puede considerar la esencia humana como autoperfección "habitual"?

.
Antes de contestar me permito recordar la nota n.1 del Tomo II de la Antropología trascendental de Polo.

Dice así:

"Para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión "esencia humana".

"En atención a la distinción real de ser y esencia, es mejor decir "esencia de la persona humana" que "esencia del hombre".


Pues bien, la esencia humana sí puede considerarse como autoperfección "habitual".

La Universidad de Navarra publicó en 2006 un cuaderno de Polo titulado "La esencia humana"; el capítulo VII se titula precisamente "La esencia humana como autoperfección habitual".

Lo que allí se explica es que la esencia humana es propia de cada persona humana: depende de su libertad.

La esencia del universo o esencia "extramental" es común a todos los entes naturales.
La naturaleza es principio estable de operaciones. Las cosas son lo que son y actúan siguiendo el orden ya establecido. Las causas y principios que mueven el universo conducen al despliegue de las condiciones iniciales.

Sin embargo, con el hombre aparece "la novedad" en el universo.
Existen seres libres que pueden destinarse, desbordando el concepto de naturaleza.

Por eso hablamos de "autoperfección".
La naturaleza física puede condicionarme a crecer, pero soy yo, libremente, quien se hace jugador de básquet. Es una perfección que me doy.

Y hablamos de "habitual" porque se trata de un "tener".
Al gorila se le puede poner un sombrero. Pero soy yo quien, libremente, se pone el sombrero. Lo "tengo" porque estoy añadiéndole un sentido a mi cuerpo (así estoy más "chic").

Los hábitos inferiores (categoriales, como llevar un anillo o espirituales, como saber geografía) componen la "autoperfección habitual" (¡virtudes!) que llamamos esencia humana.

Es, con otras palabras, el crecimiento de mi vida.
Crecimiento inagotable porque depende del acto de ser persona (incluido atópicamente en el ámbito de la máxima amplitud).




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.3
.

¿A qué llamamos hábitos superiores?

.
A los hábitos propios del acto de ser persona o de la persona como acto de ser:
la sindéresis (6.2.0),
el hábito de los primeros principios (3.2.0)
y la sabiduría (2.14.0).
Son hábitos propios a toda persona humana.

También son hábitos superiores los que la tradición llama hábitos infusos: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad.






Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
.

¿Existen hábitos infusos además de los que habla la teología?

.
La teología habla de hábitos "sobrenaturales" infusos (por ejemplo, la gracia santificante como hábito "sobrenatural" entitativo, y las virtudes "sobrenaturales" de la fe, la esperanza y la caridad).

Desde la perspectiva de una antropología trascendental se descubren también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

Me explico, porque se necesita una cierta familiaridad con lo trascendental antropológico para situarse.

En la etiqueta 5.13.1 hemos llamado apertura transcendental (noten que decimos trans y no tras), a una apertura más íntima que la apertura íntima, pues abre el ser humano más allá de su propia intimidad.

Esta apertura no es sobrenatural. Todos los hombres la tenemos y es el fruto de la llamada inicial de Dios, propia a toda persona humana, también cuando no ha recibido los efectos de la salvación.

La llamada inicial de Dios, que no es "sobrenatural", la estudiaremos en la etiqueta 5.15.0 y es una de las etapas trascendentales del ser personal o de la persona como ser (la etiqueta 5.7.0 estudia esas etapas).

Pues bien, teniendo en cuenta la caída y el querer de Dios de que todos los hombres se salven, podemos entender que hay una nueva etapa trascendental que es una nueva creación que los cristianos llamamos redención. Una nueva elevación que nos salvará, "si queremos".
(La estudiamos en la etiqueta 5.16.2).
Es la etapa "sobrenatural" de la que habla la teología.

Ese "si queremos" es nuestra respuesta a la gracia sobrenatural, es decir la manifestación esencial de cómo acogemos la salvación.

La elevación salvadora de Dios redunda esencialmente en nuestra vida, elevando nuestras potencias, la inteligencia y voluntad, elevando toda nuestra vida con lo que los teólogos llaman gracia santificante y virtudes "sobrenaturales" infusas.

Son infusas a la esencia humana como redundancia de la elevación "sobrenatural" de las aperturas transcendentes de los radicales personales.
Elevación que es propiciada por  el encuentro de la persona humana con Aquél de quien es réplica y que es su Salvador.

De ahí que digamos que la gracia santificante es una anticipación.
Es una anticipación del encuentro.
(El encuentro definitivo con Dios lo estudiamos en la etiqueta 5.18.0).

Las virtudes "sobrenaturales" de la teología son pues elevaciones de las aperturas transcendentales, debidas a la anticipación del encuentro con Dios,  que redundan en la esencia humana.
Son pues virtudes infusas "sobrenaturales".

Pero como hemos dicho, existen también otros hábitos infusos que no son sobrenaturales.

La existencia de los hábitos infusos naturales y sobrenaturales muestra que las personas humanas tenemos una potencia "obediencial" superior a las criaturas del universo físico. Polo prefiere hablar de "segunda" creación y "nueva creación".



En las etiquetas que comienzan por 5.13 estudiamos en detalle las aperturas "transcendentales", que son hábitos infusos no "sobrenaturales".

Estudiamos la segunda creación en la etiqueta 5.15.0
Y la nueva creación en la etiqueta 5.16.2


.

¿Dónde radican las virtudes infusas?

.
Las virtudes infusas son aperturas transcendentales del ser personal.
Radican en el co-ser personal.

Las "no sobrenaturales" son el fruto de la llamada inicial de Dios o gracia primera. (Etiqueta 5.15.0).

Las virtudes infusas "sobrenaturales" siguen al bautismo, es decir, al inicio de la "nueva creación" (estudiamos la nueva creación en la etiqueta 5.16.2).

Son regalos gratuitos incrementados por los dones del Espíritu Santo.

Las virtudes infusas, al abrirnos a la transcendencia, redundan en la esencia humana, elevando la inteligencia, la voluntad y demás potencias del hombre de acuerdo con su "proceder" de la persona.

Radican, pues, en la persona. En la persona en tanto que ser (ser personal o acto de ser personal, que es co-ser, aperturas).


.

¿Es correcto hablar de hábitos entitativos?

.
La tradición habla de la salud, la belleza o la gracia como hábitos "entitativos".
No es incorrecto.

Pero decir "entitativo" es decir demasiado poco.

Pues como el ente se dice de muchas maneras, corremos el riesgo de quedarnos en generalidades.
La salud puede ser de alma y de cuerpo. Y es sano el gusano, la jirafa, la palmera y el niño.

Sin embargo, la idea de hábitos entitativos sugiere que al ser la persona una actividad inagotable y desbordarse su acción, se cualifica hacia dentro, se mejora íntimamente.

La persona crece no sólo con virtudes, sino también con disposiciones, hábitos, propios de su acto de ser persona (el esse de cada persona distinto realmente de su esencia).

Estas disposiciones son modos como la persona humana se comunica con otras realidades distintas: Dios, los demás, el mundo y su propia actividad.




Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
.

¿Qué término descubre Aristóteles para designar el conocimiento superior?

.
Para Aristóteles (20.4.2) hay dos modos de incorporación de la verdad a la mente (noús).

Un modo es el pensamiento "objetivo", que capta las esencias de las cosas.

Otro modo superior es una incorporación más íntima, más intensa, a la que llama "hábito".

El conocimiento "habitual", intuitivo-intelectual, consiste en una "memoria" intelectual.

La mente no se olvida de nada esencial; si se olvidara, la globalización, el ver con creciente claridad la unidad de orden, sería imposible.

Tú no eres sólo tú.
Eres, lo sé desde dentro, mi amigo. No me olvido.




Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.65.2


.

¿Qué son tradicionalmente los hábitos adquiridos de la inteligencia?

.
La filosofía clásica considera que los hábitos adquiridos perfeccionan la potencia intelectual. La inteligencia no "se olvida" de que ha ejercido operaciones; dicho ejercicio queda retenido en ella en forma de hábito, de tal modo que la inteligencia tiene la disposición para repetir la operación.

Se crea así una "familiarización" con la temática objetiva de las operaciones que permite volver a pensar de ese modo.

Los hábitos serían algo así como una memoria intelectual, o una especie de depósito, pero sin ser actos cognoscitivos en sentido pleno.

La discrepancia de Polo en este punto se centra en que los hábitos intelectuales adquiridos son también temáticos. Son actos de "conocer" (método que coincide con su tema, sin tocarlo).

El tema de los hábitos es para don Leonardo la manifestación o iluminación de la operación. El tema de la operación intelectual es el objeto. El tema del hábito es el conocimiento de la operación. Conocemos que conocemos a distintos niveles. Es una cascada hacia arriba.





Glosa a Antropología trascendental. I. La persona humana. p.153.2
.

¿Está desprestigiada la noción de hábito?

.
Sí y no.

: en la filosofía moderna, la noción de hábito  se ha perdido o devaluado.
Se dice: "esta persona tiene hábitos" aludiendo a que tiene manías, rutinas, o meras costumbres.

Del punto de vista intelectual, los hábitos serían prejuicios y del punto de vista de la voluntad los hábitos (que entonces se llaman hábitos morales) nos quitarían responsabilidad: orden, puntualidad y otros "amaneramientos".

No: en la filosofía moderna se justifica la falta de compromiso aludiendo al "contexto". Nuestros "hábitos" conforman nuestra existencia.

La noción de "contexto" es una noción debilitada de la visión global (1.17). Se acogen las novedades dentro de unas coordenadas, de un "contexto" que nos determina. Somos así y no podemos salirnos fuera de lo que ya somos.

El hábito aristotélico no es así.
El hábito aristotélico (20.4.2) es un refuerzo que nos permite conocer mejor y actuar con el apoyo del bagaje de la experiencia.

Si recuperamos la noción de hábito se enciende la llama del atleta: mi destino está en mis manos. Puedo mejorarme más allá de lo que mi situación inicial me permitía. No estoy solo.

Soy capaz de novedad.
No se trata de gozar de los múltiplos placeres que ofrece la vida. Al final, el gusto se estraga y el caleidoscopio cansa y cansa, ¡qué aburrimiento!

Se trata más bien de la auténtica novedad: vemos más y mejor; amamos más y mejor. Es un canto.

Por ahí va la noción de hábito… el "refuerzo" que abre horizontes, posibilidades, novedades.




Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.65.3
.

¿Hay en la tradición algún soporte para la noción poliana de ser personal como "además?

.
Sí. La noción de hábito.

Tomás de Aquino dice que el hábito es algo intermedio entre el acto y la potencia.

Pues bien, el ser segundo, el ser personal poliano, o segundo sentido del ser, es un ser sobrante, inacabable, que se desborda.

El hábito es un acto, y al mismo tiempo es del orden de lo potencial.

Podríamos decir que es el desbordarse del acto que incrementa su potencialidad.

Si me levanto temprano soy cada vez más capaz de levantarme temprano. Soy más dueño de mis actos, soy más libre.

La persona es así, se viste con hábitos prosiguiendo más activamente su ejercicio.

El ser personal, la persona, añade. Es además.





Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.2
.