¿Puede el hombre coexistir en Dios?

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"Lo que podemos a través de los amigos, es como si lo podemos por nosotros mismos" S.Th., I-II, q.5, a.5, ad 1.

Tenía razón Aristóteles al valorar la amistad.

Dios ha hecho libre al hombre para que pueda coexistir, amorosamente, con amor de amistad, en Dios.

No somos hijos forzados.
La coexistencia en Dios es y será un buscarse mutuo, un juego de amor, siempre inmerecido.

Todo es gracia.



Glosa a Juan A. García González: Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 355, 3


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4 comentarios:

  1. ¡Grande, muy grande, precioso!

    Tengo pensado escribir un texto titulado "Desconocedores del bien y del mal". La tesis es que cuando conocemos el mal, no conocemos nada, puesto que al conocer el mal no podemos reconocer el bien (mientras insistamos en conocer el mal)... La promesa del conocimiento del mal comienza con un engaño y acaba en un engaño.

    ¿Qué me recomiendas?

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  2. Oye, no sé si te sigo. Pues cuando conocemos el mal, en tanto que mal, conocemos la carencia de bien que el mal supone. Ya conocemos algo.
    Otra cosa es si quieres decir que estamos engañados creyendo que el mal es bien. Entonces no conocemos, pues estamos en el error. El conocimiento es desvelamiento de la verdad del ser.

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  3. ¡Claro, es eso! Solamente se conoce el bien, entendámonos: la verdad. Pretender conocer el bien y el mal es engañarse: solamente se conoce el bien. Si apartamos la mirada del bien, caemos en la tiniebla, en la confusión: conocer lo que no es bueno es no conocer lo que es bueno.

    Digamos que el bien es estrictamente exclusivo de todo aquello que no sea él mismo o que no esté referido a él.

    Cuando la serpiente dice que para ser dioses hay que conocer el bien y el mal, nos está engañando; Dios no conoce el mal, si conociera el mal dejaría de ser Dios, puesto que Dios no puede negarse ni contradecirse: no puede atribuirse la negatividad en Dios como hicieron los románticos, puesto que ello implica la nada radical, la desaparición de Dios...

    Entonces, ¿qué promete la serpiente sino la desaparición de nuestro propio ser? La serpiente nos da las pautas precisas para alejarnos de Dios: sospechar que no nos ha contado todo lo que debíamos saber. Si consigue que sospechemos, ya no tiene que hacer nada: sospechar que el bien no es bien es negar que el bien sea bueno.

    El problema está aquí: cuando conocemos el mal, ya no reconocemos cómo era (es) el bien, no cabe conocerlos a la vez. Al no reconocer cómo es el bien, no sabemos quererlo, y en esa dinámica de confusión, en la que la inteligencia y la voluntad están inmersas, está la recuperación de la confianza en el bien, en el recuerdo que tenemos del mismo: el recuerdo de Dios es más original que el pecado original. ¿Es posible?

    Cuando conocemos el mal, caemos en el relativismo.

    Tengo que pensarlo más para aclarar lo que quiero decir.

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  4. Cher Rafa :
    Piénsatelo bien a ver si llegas a expresarlo con fórmulas sencillas.

    A mi entender, el pecado original, la ciencia del bien y del mal, tiene su origen en la desconfianza de Dios. Creer que Dios puede ser malo.
    Por eso se puede llegar a conocer el mal: porque no nos fiamos de Dios.

    De todos modos, pienso que Dios sí que conoce el mal. Por eso no quiere que lo hagamos.
    Y por eso sufre…

    JK

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