¿A qué se refiere Husserl cuando habla de intencionalidad?

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"Intencional" se puede emplear en un sentido que expuso Husserl con su método fenomenológico.

Husserl contrapone la relación "causalista" que se da en el ámbito de la naturaleza física a la relación "intencional".

¿En qué consiste esta intencionalidad que aparece en la mente humana? 

Pues que, por ejemplo, "lo admirable" objetivamente motiva mi acto de admiración.

El objeto de la conciencia motiva los actos de la conciencia o noesis.

El acto de conciencia tiene su correlato, que es el objeto.

En Husserl y la tradición fenomenológica "la intencionalidad" designa la versión del acto de conciencia al objeto.

Husserl pone la intencionalidad en el acto de conocer cuyo correlato es el objeto. Polo no lo ve del mismo modo. En su teoría del conocimiento es el objeto de nuestro pensamiento el que remite más allá de sí, a la realidad. Es el objeto el que es intencional  El acto de conocer no es un ingrediente de la intencionalidad, sino que es coactual con la intencionalidad del objeto.



Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11, p.54
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¿Cuál es la intencionalidad de los sentimientos?

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Los objetos pensados, son intencionales de la realidad con una intención que llamamos "de semejanza".
Cuando pienso un elefante, el objeto pensado me envía intencionalmente a la "realidad" del elefante.

Los actos de la voluntad son intencionales, con intención que llamamos "de alteridad", de lo "otro", de la "realidad". Tendemos a "aceptar" la realidad, a que la realidad sea más, o a servirnos de la realidad para honrar a los demás. 

Los sentimientos, sin embargo, tienden a enlazar.

Los sentimientos "sensibles" indican, al informar del "estado" de nuestros sentidos, si se debe proseguir la acción y desencadenan las tendencias sensibles.
Sin afectividad, el conocimiento sensible no enlaza con las tendencias.

Nuestros sentimientos sensibles pueden convenir o no al fin de nuestra naturaleza. Ellos son los "indicadores" de la conveniencia. Su intencionalidad está en el "enlace".

En los animales esto sucede "automáticamente". En el hombre, podemos intervenir más o menos según sea la fuerza de nuestra voluntad.


Veamos ahora la intencionalidad de los sentimientos del nivel intelectual. Nuestros pensamientos y deseos pueden convenir o no a nuestro proyecto de vida. Los sentimientos intelectuales nos lo indican.

En el nivel siguiente, íntimo, los sentimientos que llamamos "nativos" (pues nacen con la persona), indican la situación de nuestras aperturas "radicales" que convienen o no a nuestra sed de más.

Finalmente, la situación de nuestra apertura a la transcendencia es indicada por los sentimientos que llamamos "espirituales". La búsqueda de Dios y su encuentro puede estar más o menos de acuerdo con nuestro "destino". Los afectos espirituales nos lo indican. Gozo y paz.


De esto habla Juan Fernando Sellés en el Cuaderno de Anuario Filosófico, nº 227, "Los filósofos y los sentimientos", p. 98.3 y nota 7 en la que cita la frase de Polo que me ha dado pie a señalar la intencionalidad de "enlace" propia de los sentimientos.

Para saber más:
Sobre el ser de la persona humana..:…….Etiqueta 5.0.0
Sobre la intimidad de la persona:…..….....Etiqueta 5.11.0
Sobre los sentimientos sensibles:………....Etiqueta 14.1.0
Sobre los sentimientos intelectuales:….….Etiqueta 14.2.0
Sobre los sentimientos nativos:………….….Etiqueta 14.3.0
Sobre los sentimientos espirituales:……...Etiqueta 14.4.0
(algunas etiquetas están aún en construcción)

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¿A qué llamamos intencionalidad "pura"?

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Se llama "pura" a la intencionalidad que es sólo intencionalidad.

a) No hay nada físico y b) no es constituida por el acto.

a) La fotografía remite a la realidad, pero hay en ella algo físico que no remite : el cartón. El cristal opaco del espejo tampoco remite, lo que remite es la imagen virtual.

b) Tampoco es intencionalidad pura la que está constituida por el acto. Por eso, propiamente sólo es pura la intencionalidad de semejanza propia del "objeto". La intencionalidad del objeto conocido  remite, es solo remitencia a un aspecto de la realidad. El acto de conocer no remite, es coactual con el objeto conocido. Sólo el objeto intencional es pura intencionalidad.

La intencionalidad de alteridad, o intencionalidad del acto de querer, no es pura, pues está constituida por el acto, el acto interviene modificando la tendencia. La persona está presente, interesada, en el querer.

La intencionalidad de los sentimientos, que llamo relacional, es "dual". Es una intencionalidad de enlace. Es un va y viene. En cuanto se "siente" es pura, en cuanto que "tiende" está constituida.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 71.2
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¿Cómo forma el acto de conocer lo conocido?

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Separando.

Nos puede servir para comprenderlo el ejemplo de una fotografía.
Una fotografía envía a una realidad distinta sirviéndose de la cartulina.
La fotografía es intencional: veo la fotografía y me conduce-acompañando al fotografiado.
El acto de conocer forma-acompañando la intencionalidad.

La cartulina es el soporte físico de su intencionalidad. En el conocer no hay soporte físico, sino precisamente separación de lo físico.

La intencionalidad cognoscitiva es como una fotografía "separada" de la cartulina. El acto de conocer es la "separación", el acto de separar.

El acto de conocer forma la intencionalidad al separar

La intencionalidad pura u "objeto" conocido, que nos lleva a la realidad, aparece cuando el acto de conocer hace prescindir la especie impresa de lo físico o material.

De lo físico mío, de lo físico de mi especie impresa, de las condiciones materiales de mi imaginación.
Conocer no es poseer fotografías en el cerebro (algo así es la imaginación) sino iluminar, hacer "aparecer" verdaderamente lo real, prescindiendo de lo físico mío,  para conocer intencionalmente la realidad, que si es física se conoce como física, inmaterialmente.

La intencionalidad es un camino transitado de acuerdo con el acto, de acuerdo con la "separación", con el dejar de lado mi materialidad.

El entender forma la intencionalidad no haciendo algo, sino quitándose lo físico y dejando aparecer, inmaterialmente la forma ajena.

La intencionalidad no es un término formado por un formar, sino que está "en ese formar".
No hay mediación entre el acto de conocer y lo conocido. El acto cognoscitivo prescinde de lo físico, formando o prescindiendo en tanto que forma.
Así "aparece" en la mente la pura intencionalidad de lo real.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 54
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¿Son distintos objeto e intencionalidad?

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Objeto e intencionalidad son lo mismo.

No hay objeto e intencionalidad del objeto, sino que el objeto es según la intencionalidad, el objeto es la intencionalidad misma, la iluminación misma.

El acto de conocer es co-actual con el objeto.

Pero el objeto no es co-actual con el cognoscible en acto, pues el objeto contiene tensamente el cognoscible en acto.

El objeto tiene "dentro" los cognoscibles en acto, el objeto es intencional.
Por eso decimos que la intencionalidad es leer-dentro, intus-legere. No leer dentro de las cosas, sino leer dentro del objeto. El objeto posee en su interior inmanentemente los cognoscibles en acto. Entender es leer dentro del objeto, profundizar en su interior.

Conocer no es viajar, pues "ya" se tiene la pieza en el zurrón.
No sólo se ha vencido el espacio, sino también el tiempo.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 72.2

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¿Es la intencionalidad una mediación silenciosa?

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No.
La intencionalidad es clamorosa.

La mediación silenciosa es el acto de conocer, pero la intencionalidad no es mediación silenciosa, sino clamorosa : la intencionalidad es el objeto.

Ver el objeto significa ser enviado por el objeto, pues éste no es más que intencionalidad

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 55.2
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¿Al conocer, poseemos la realidad?

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El acto de conocer posee la realidad "intentionaliter". No en cuanto realidad. 
Y eso es una iluminación.

La luz es elevación al fin.

El acto de conocer posee el objeto; no hay objeto conocido sin posesión de fin, de télos.

La intencionalidad pura elimina sin más la comparación con la realidad.
No es como un retrato que "se parece" a la realidad.

El conocer no se detiene en el objeto conocido, como si fuera una "cosa en sí" que se pueda comparar con otra "cosa en sí" que es la realidad.

Claro que en la realidad "hay" más por conocer que lo que con una operación cognoscitiva se conoce; pero en cada acto de conocer no hay nada más por conocer que lo que el acto objetiva o ilumina.

Lo que queda por conocer lo conoceremos por otro acto. A un acto sigue otro. El conocer se prosigue de manera discontinua.

La verdad no es un "en sí" platónico, ni kantiano, sino que es intencional, posee la realidad, el fin, intencionalmente.


De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 62.3-63

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¿Qué se parece más a la intencionalidad del conocimiento, la intencionalidad de un retrato o la intencionalidad de una palabra?

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La intencionalidad del retrato.

El retrato "muestra", mientras que si no sé el significado de una palabra, no puedo averiguarlo por más que oiga la palabra.
La intencionalidad de la palabra es convencional.

El retrato es de suyo intencional, pues al ver el retrato he visto al retratado "intentionaliter".

Wittgenstein pretendió una interpretación "pictórica" del lenguaje, pero eso es imposible porque no hay retratos para todo, ni todo se deja retratar. Hablar no es hacer fotografías. Y pensar menos aún.

Misterio curioso el del conocimiento.
El acto de conocer sí que posee, como un retrato lo conocido. El objeto intencional se parece a la realidad.

Lo curioso está en que la intencionalidad del conocimiento no es como una fotografía. Es pura intencionalidad. Es una foto sin cartulina, desmaterializada.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 58

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¿Tiene la palabra valor intencional?

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Sí.
El poder de la palabra se debe a que lleva más allá de ella.

La atención no se fija en la palabra, es un medio silencioso (como el acto de conocer); la palabra se oye y no se oye, pues al oírla lanza fuera de ella.

Sin embargo, la intencionalidad de la palabra es convencional.
La palabra no muestra la realidad.

Por eso no es lo mismo pensar que hablar. El conocimiento es de suyo intencional mientras que el lenguaje es intencional por convención.

El paso del conocimiento al lenguaje se consigue con cierto esfuerzo, ha habido que aprenderlo. Una estructura intencional por convención, como el lenguaje, no es de nungún modo una forma intencional pura.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 58
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¿Se parece el acto de conocer a la cosa física?

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No.
El acto de conocer no se parece en nada a la cosa física.
Lo que se parece es lo conocido.
Lo conocido, el objeto, sí que se parece, porque es intencional.

El "acto" por el que conozco una mesa no es una mesa, ni es la forma de una mesa, pero en cambio posee "in mente" la forma de la mesa, que es intencionalidad pura.

El objeto conocido es inmaterial, pero "se parece" a la realidad física.

El acto que posee el objeto inmaterial no es ninguna realidad física.

Sin embargo, para entender la "intencionalidad" y no caer en el idealismo, debemos añadir que el parecerse o semejanza con la realidad no es una "comparación".

La realidad no tiene una copia perfecta que debamos imitar al conocerla.

Conocer es desvelar, "al" conocer.

Puedo equivocarme si desvelo sólo una parte y la tomo por el todo, pero lo desvelado es verdad, la verdad de la parte desvelada.

Aquí no vale lo de "todo es verdad o es mentira, según el cristal con que se mira".
Si veo verde, la verdad de lo que veo es verde.
Si la realidad es también roja, tendría que poner otro cristal, para ver su rojez, pero eso no anula la verdad de lo verde.

Aspiramos a ver más, pero eso no descalifica a lo que ya vemos.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 58.4

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¿Es la intencionalidad un acto inmaterial?

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Sí, es un acto inmaterial.

Sin embargo, en cuanto que incluye la "materialidad" de la realidad a la que remite, podemos calificarla también de "material".

(Este punto parece importante para entender el principio de la Encarnación).

Si se considera la intencionalidad como una operación intelectual sería, efectivamente, un acto inmaterial.

Pero tanto el conocer como el actuar "intencionales" (la intencionalidad cognoscitiva y volitiva respectivamente) son capacidades poseídas de modo habitual. Son actos coactuales, con otros actos.

"Sabemos" que el objeto remite a la realidad (intencionalidad cognoscitiva) y "sabemos" que nuestro querer quiere más otro (intencionalidad volitiva). Entonces, la intencionalidad incluye la "materialidad" de la realidad a la que remite.

Glosa a Urbano Ferrer. Consideraciones sobre la relación mente-cerebro. Studia Poliana 11,  p. 58.4

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¿La verdad está en el objeto o en la cosa?

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En sentido estricto, la verdad está en el objeto conocido, es decir en el objeto intencional, en el objeto en la mente.

Tomás de Aquino lo dice así :"esse rei, non veritas eius, causat veritatem intellectus. Formaliter, veritas est in intellectu".

La verdad es (además de coherencia) adecuación entre la cosa y el intelecto. Pero sin intelecto no hay adecuación.
La adecuación corre a cargo del conocimiento.

Sin intencionalidad no hay verdad.

El ser de la cosa es causa de la verdad, pero la verdad no está en el ser, sino en el intelecto.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 59.5

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¿Es la intencionalidad una "copia" de la cosa?

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No.
La intencionalidad envía a la cosa, posee intencionalmente la forma de la cosa. En el enviar, la cosa ya es conocida.

No existen copias, ideas, sino actos de conocer que poseen intencionalmente la realidad.

"Intencionalmente" quiere decir objeto "conocido" u objeto "intencional".

La verdad de la cosa es el acto cognoscitivo que conoce formando, poseyendo ya intencionalmente (objeto conocido) la cosa.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 60

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¿Dónde está la verdad, en la cosa o en el conocimiento?

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La verdad está "formaliter" en el conocimiento.

Aristóteles afima que si las formas no están en la mente, están en la materia.
Las formas en la mente es conocimiento.
Las formas en la realidad son las cosas.

Las formas que informan la materia no son cognoscibles en acto. Son cognoscibles en potencia. Y devienen "acto" en la intención de la operación cognoscitiva, no en la cosa.
El acto de conocer una cosa, no es una cosa, y no es la cosa.
El acto de la cosa está en la realidad.
La verdad de la cosa está en el acto de conocer.

El problema se presenta si entendemos la intencionalidad del conocer como si fuera una "copia" de la realidad. Una "copia" real. Como si la idea fuera "una realidad" como la realidad de la cosa.

Para comprender la intencionalidad hay que sustituir la noción de "copia" por la noción de "medida". Me explico:

El conocimiento está "medido" por la realidad.
Por eso podemos decir "esse rei causat veritatem", el ser de la cosa "causa" la verdad. Ese "causar" significa "medir".

Lo intencional es "medido" por la realidad. Pero lo intencional no es una "copia" de la realidad. El acto de conocer no posee una "copia" de la realidad, sino que posee "intencionalmente" la realidad. Poseemos, al conocer, un objeto por el que conocermos intencionalmente la realidad.

Debe evitarse la confusión entre objeto y copia.
Ajustar la noción de objeto no es fácil y es imposible si se prescinde del acto de conocer. Como si hubiera objetos volantes, o ideas "en sí" o copias reales.

Lo que hace ser al "objeto conocido" no es el acto de ser de la cosa conocida, sino el acto de conocer del cognoscente.
No hay conocido sin cognoscente.
Una piedra no es conocida en acto si un cognoscente no la conoce. Y el objeto conocido no está en la cosa sino en el cognoscente.

La cosa conocida "mide" la intencionalidad, y en la medida en que mide, "causa" la verdad en el cognoscente, pero sin acto de conocer no hay verdad.

La cosa es original en cuanto causa, no en cuanto verdadera. La verdad de la cosa está en el cognoscente, que es medido por el ser de la cosa.

De esto habla Lluís Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 63.3

Para saber más sobre :
la verdad…………………..….etiqueta 5.2.1
la intencionalidad………...etiqueta 2.2.0
la forma…………………..……etiqueta 1.4.6
el objeto…………………..……etiqueta 2.4.0
el acto de conocer………..etiqueta 2.0.1

Arriba en el blog hay una pestaña titulada "el Inteligir humano" que puede también ayudar a entender este tema.

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¿Es la noción de ente una noción engañosa?

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Sí.

Durante demasiado tiempo se ha considerado al "ente" como el primero de los trascendentales, suponiendo que existen "entes" en la realidad.

"Ente" significa "lo que es", pero el conocimiento objetivo que tenemos del ente, sólo alcanza el "lo que", la esencia. Estamos delante de una "cosa".

El "es" queda al margen del conocimiento objetivo.

La noción de ente es una noción lógica. Cuando decimos "ente", decimos el ente como verdadero, pero no alcanzamos al ente "real".

En la realidad no existen "entes".

El primer trascendental no es el "ente" sino "el acto de ser".

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¿Qué es el ente?

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El comienzo de la filosofía es la admiración.

Ante el firmamento estrellado caemos en la filosofía. Caemos en la cuenta que existe lo firme, lo estable, lo que no pasa.

Acabas de descubrir el ser.

La filosofía clásica ha formulado ese descubrimiento diciendo que "lo que" existe "es" el ente. El ente es "id quod" "est". Lo que es.
Hay aquí un gran peligro: se abandona demasiado pronto la admiración para centrarse en el "ente", sin darse cuenta que los "entes" son objetos de nuestro pensamiento y olvidando que lo radical no es el ente, sino el ser.

Sin embargo, los filósofos no se han quedado en estudiar los entes, analizándolos, buscando las causas y principios de todo lo que existe.

El filósofo descubre muy pronto que él es capaz de admirar el firmamento. Que hay algo en él que se corresponde con lo estable : la mente (el nous).

El ente real es el ente que está fuera de "mi" mente.

El ente, en cuanto verdadero, es el ente tal como está en "mi" mente o en la mente de quien lo conoce.

Cuando el ente real es conocido, se asimila al ente en cuanto verdadero. Es real, pues está fuera de la mente, y es verdadero, pues está en la mente.


Pero no olvidemos que tanto los entes "reales" como los entes "verdaderos", son consideraciones lógicas.
En la realidad, lo que existe es el ser.

Ser que puede de muchas maneras.
Ser sencillo : el ser del universo físico.
Ser dual : el ser de la persona humana, capaz de conocer la verdad y los entes como verdaderos.

Mi mente, en cuanto que está fuera de la mente de Dios, y de la mente de los demás, es ente real, es un sentido de la realidad distinto de la realidad física.

Todos los entes que están solamente en mi mente son entes irreales, de razón o verdaderos, en cuanto que están en mi mente.

Serán reales si, además, están fuera de la mente. Fuera porque son seres del universo físico. O fuera porque son realidades espirituales.

Sin embargo, los "objetos" (la intencionalidad de mi pensamiento), son irreales. Y los entes solo de razón son también irreales, como la "nada".

Pero hay más : mi mente se añade, libremente, al ente.
Acabas de entender lo que es la persona.

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¿Qué designa el nombre "ente"?

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El nombre "ente" es participio de presente del verbo ser, lo que es :
"lo que" "es".

Lo primero para filosofar es caer en la admiración justamente de "lo que es" : la presencia, una presencia mantenida.

Parménides utiliza precisamente la palabra "ente" para designar ese principio fundamental que funda, que asiste en presente, que da estabilidad al firmamento.

"Ente" significa lo que es, "lo que" está "siendo", lo esente, la unidad verbal-nominal.
El sentido nominal del ente es el "lo que"; el sentido verbal es el "es".
"Lo que" – "es".

Parménides fija su atención sobre el hecho de que el ser funda, haciendo consistente lo fundado.
Formula el "ente" como "actualidad".

Se trata de una deriva grave hacia el monismo.
Lo primero no es la presencia.
Lo primero es el ser, el acto de ser.
Fijarse en la presencia de "lo que" es, deja al margen la actividad del ser.

El nombre ente designa pues, un modo lógico de pensar a los seres como individuos. No es un trascendental,

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.46.39.4
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¿Cuáles son las dos maneras primariamente distintas de decir el ente?

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Decir ente "real" y decir ente en cuanto "verdadero".

El ente real es el ente que está fuera de "mi" mente.

El ente, en cuanto verdadero, es el ente que solamente está en la mente.

El ente verdadero puede ser real, pero añadiendo un matiz al ente real: el estar siendo concido por una mente. Es real, pero más.


Cuando Aristóteles llama al acto entelécheia (una substancia o un accidente), se está refiriendo al ente fuera de la mente, al ente real.

El ente capaz de verdad es lo que Aristóteles llama ente capaz de energéia. (Y que nosotros llamaremos persona).
¿Qué quiere decir energéia? : mente despierta. Es el noús despierto. Un ente capaz de poseer la verdad de las cosas.

Soy una sustancia y al mismo tiempo puedo conocer, soy capaz de verdad.  
Conocer no es un accidente de la sustancia. Es otra manera distinta de ser. No es un accidente del cuerpo, de la sustancia (entonces sería entelécheia, ente cósmico).

Soy cuerpo y soy, además, espíritu. Ente capaz de verdad. El espíritu no es un accidente del cuerpo.

Soy espíritu dormido, que se puede despertar. Y amar.


Como ven ustedes la noción de ente complica.
Es mejor centrarse en los actos de ser y sus esencias.

Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.78.5

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¿Es ente el "no ente"?

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El "no ente", en modo alguno es el ente real, sino un ente de razón.

El "no ente" se asimila al ente, pero como puro ente de razón.

El ente de razón se asimila al ente verdadero, no al ente real.

De esto se habla en L. Polo. Antropología trascendental. Tomo I. La persona humana. p. 54.2

¿Cuáles son los trascendentales metafísicos según Polo?

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Para él son sólo cuatro, que, por orden de prioridad, son:
el ser (esse),
la verdad (verum),
el bien (bonum)
y la belleza (pulchrum), aunque este último no lo tematiza explícitamente.

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¿Qué pieza es clave para comprender la convertibilidad de los trascendentales metafísicos?

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La convertibilidad del ser, la verdad y el bien  no se comprende sin el ser "cognoscente" y "amante".

En efecto, la verdad y el bien son trascendentales "relativos". Relativos porque es la persona la que conoce el ser como verdadero y lo ama como bueno. Son relativos a la persona que conoce y ama.

Ya desde su primer planteamiento en la escolástica medieval, la "ciencia" y el "amor" divinos son el fundamento del valor ontológico de los trascendentales "verum" y "bonum". Las cosas son verdaderas porque Dios las conoce y son buenas porque Dios las ama. Dios es Persona (Tres).

Sólo el "ser personal" descubre el ser. Sin la persona no se podría dar lo verdadero ni lo bueno, a falta de un ser cognoscente y amante.

Leonardo Polo propone que la doctrina clásica sobre los trascendentales requiere una profundización y ampliación.

No se trata de desprestigiar la doctrina clásica del valor "ontológico" de la verdad y bondad del ser cósmico,  sino de señalar que los trascendentales metafíscios exigen un ser de un orden superior.

Un ser personal que más que realidad inteligible es "conocer" y más que realidad buena o digna de ser amada, es "amar" y "don personal".

La realidad personal no se confunde ni es absorbida por la realidad cósmica.
Ésta es sencilla. Aquélla es libre.

De esto habla César Montijo en su tesis doctoral "Don y criatura. La creación personal según la estructura donal en  la Antropología trascendental de Leonardo Polo". p. 342. Cuadernos doctorales de la Universidad de Navarra.  Volumen 21/2011.

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¿Es lo mismo la admiración que el estupor?

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No
Quedar estupefacto supone no entender y no creer que se pueda entender, por lo cual se desiste.

Admirar significa: tengo que mirar y volver a mirar.
La tarea del filósofo es no archivar.

De esto habla Lluis Pifarré en su libro "Entender a Leonardo Polo", p. 59.3

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¿Qué significa "ser"?

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"Ser" es lo estable, lo que no es mordido por el tiempo.

El "ser", la estabilidad del ser,  es plural. No es un monolito. Ser se dice de diversas maneras.

No es lo mismo el ser increado que el ser creado. El ser creado, siendo estable, tiene también inestabilidad, movimiento, tiempo.

No es lo mismo el ser que es Dios, que el ser humano, o que el ser del universo. Dios no cambia. El ser humano y el ser del universo cambian, pero de modo diverso.

Y no es lo mismo el ser como acto, que el ser como esencia. La esencia es, pero lo es dependiendo del acto de ser. El acto de ser es más estable que el ser de la esencia.

El ser como acto (acto de ser), a su vez, como ya hemos indicado, es plural:
Ser Originario (Dios);
ser "además" (ser humano);
ser persistente (el ser del universo estudiado por la metafísica.

El ser como esencia est también plural:
Esencia divina;
esencia humana (la vida creciente de cada quién);
esencia del universo (o despliegue de la tetracausalidad).

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¿Qué designa el nombre "ente"?

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El nombre "ente" es participio de presente del verbo ser : lo que es.

A lo real se le ha llamado ente.

Pero atención, "lo que es" no es lo que "era", ni tampoco lo que "será".

Es cierto que lo primero que la admiración presenta es justamente eso : presencia, presencia mantenida.

Y Parménides utiliza la palabra "ente" para designar el principio fundamental que funda, que asiste en presente.

"Ente" significa lo que es, lo que está siendo, lo esente, la unidad verbal-nominal. Fundar haciendo consistente lo fundado.

En definitiva, Parménides formula la actualidad como "ente".

Parménides es el gran enemigo de Polo: porque el ser no se agota en la actualidad. El ser que fue, también será. El ser, es y será actividad.

Sólo con entes no vamos a ninguna parte.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, p.46.39.4

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