¿Qué es "aceptar"?

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Aceptar es uno de los elementos de la tríada amorosa de la persona (dar-aceptar-don; cfr. Etiqueta 5.5.3).

Aceptar es añadir, abundar.

El ser personal no es como el ser del universo, sencillo.
El ser personal, a semejanza de Dios, es una novedad "acompañante", que acepta.

Cuando Dios crea la jirafa, la novedad tiene toda la sencillez de la jirafa. La jirafa no es capaz de acompañar.

Cuando Dios crea otra persona, la novedad es su respuesta, que se añade, al aceptar.

Aceptar es su añadirse, su abundar en la novedad. Eso es el "aceptar trascendental".

La aceptación trascendental se realiza según los tres hábitos innatos:

Habito de los primeros principios reales: el ser personal es "generoso" al respetar la voluntad de Dios sobre el cosmos, al que conoce gracias a la luz del hábito de los primeros principios reales.

Hábito de sindéresis: el ser personal es capaz de crecer con sus actos esenciales (que constituye gracias a la luz de la sindéresis).

Hábito de sabiduría: el ser personal busca siempre, "además", agradar a su Origen, búsqueda activada gracias al hábito de sabiduría.

Se trata, pues, de una aceptación sistémica (el conocimiento sistémico lo estudiamos en la etiqueta 2.9).

En definitiva, aceptar es lo propio del hijo. Del buen hijo que hace fructificar el patrimono de tan buen Padre.

De esto habla Polo en Antropología trascendental II, p. 238 y Juan García en La metalógica de la libertad… Studia Poliana nº 10, 2008, p. 22.2

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