¿Cuáles son los 4 grandes bloques temáticos en los que Aristóteles organiza las ciencias?

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1. La filosofía primera o ciencia de lo radical (que la tradición ha llamado metafísica y que Polo amplía con la antropología trascendental).

2. Las filosofías segundas del ser vivo (psicología).

3. Las filosofías segundas del ser inerte (física).

4. Las filosofías segundas del hombre.

Filosofías segundas prácticas: técnica, política y ética.

Filosofías segundas teóricas: filosofía de la ciencia (lógica).


Pues bien, Polo sostiene que la Antropología no es filosofía segunda, sino primera.


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¿Por qué dice Polo que Aristóteles es el gran organizador de la Filosofía?

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Porque es el autor de la primera constitución de las diversas ciencias filosóficas que se han mantenido a lo largo de la historia.

Establece que la filosofía primera es el estudio del ente, consecuente al descubrimiento admirativo de lo estable, de lo que no cambia. La ciencia de la realidad radical, de lo primero (que la tradición llamará metafísica).

Sin embargo, el ente se dice de muchas maneras. Esto comporta que la filosofía se abra a una pluralidad temática.

Tema destacable es el ente vivo.

Aristóteles ha entendido la peculiaridad de la vida al descubrir el par potencia-acto.
Se dio cuenta que conocer es despertarse, pasar de potencia a acto. Y eso es vivir, ser ente que crece.

La forma superior de vida es el conocimiento intelectual (crecimiento irrestricto), por eso el estudio del conocimiento forma parte de la filosofía primera.

Las filosofías segundas son las que tienen que ver con el tiempo.
El acto de conocer es atemporal, su ciencia es filosofía primera y es la culminación de una ciencia segunda, la psicología, que es la ciencia aristotélica que estudia el ser vivo.

Otra filosofía segunda es la física, que estudia los entes reales no vivos.

El ente vivo justifica una investigación que constituye un bloque temático en el que confluyen varias filosofías segundas:
la biología, que trata del animal y de los vivientes de nivel inferior, los vegetales.

Otro campo temático es el de las ciencias del hombre, las filosofías segundas del animal dotado de noús (el hombre) que se dividen en dos grandes grupos según tengan que ver con la razón práctica (y la libertad) o con la razón teórica.

La razón práctica es el uso de la razón (en el ámbito de la libertad) para regular la acción :
en vistas a lograr resultados: la técnica;
para asegurar la convivencia: la política;
para bien conducir la vida: la ética.

El estudio de la ciencia, o del uso teórica de la inteligencia, se llama lógica y tiene varios tipos, por ejemplo:
la tópica (las convicciones humanas) y la retórica (comparación de opiniones).

Como una buena ama de casa, Aristóteles sabe organizarse.

Sin embargo, Polo propone considerar la Antropología no como filosofía segunda, sino como filosofía primera.


Glosa a Polo en Introducción a la Filosofía, capítulo 6, p.79..3-82.4

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¿Dónde está la línea de sutura entre la filosofía cristiana y la filosofía griega?

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En la convicción que tienen los griegos de que el hombre pertenece al universo, considerándolo como un ser intracósmico.

La filosofía cristiana no puede aceptar que el hombre sea un ser que se explique como perteneciente al universo.

Por ejemplo, la idea de que el alma humana es directamente creada por Dios, que es una tesis de la filosofía medieval cristiana, ya saca al alma del universo. Si es creada directamente por Dios no está incluída en la creación del universo.

¿El hombre pertenece al universo? No.

La interpretación de la antropología como filosofía segunda en rigor es la consideración del hombre como un ser intracósmico, es decir, que pertenece al universo.

De ahí que Polo sostenga que la antropología es filosofía primera.

El hombre no es un modo de ser del universo.

El ser del universo es distinto del ser persona humana.

Metafísica y Antropología son filosofías primeras. Distintas.


La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.36.3). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

Para saber más ver
Etiqueta 2.12.1 : filosofía primera y filosofía segunda
Etiqueta 7.8 : filosofía cristiana
Etiqueta 1.10 : el hombre


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¿Le viene de fuera la perfección a la esencia humana?

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No.
La esencia del universo se perfecciona extrínsecamente. Pero la esencia humana crece desde dentro.

La esencia del universo es la tetracausalidad, la unidad de orden, o dicho de otra manera, la consideración del cosmos como perfecto.

La perfección del universo es extrínseca a los elementos, a las sustancias, que lo componen.

Las sustancias naturales intracósmicas son perfeccionadas por algo extrínseco a ellas que es la unidad de orden, dentro la cual están.

En el sistema ecológico unas cosas tienen que ver con otras, unos vivientes tienen que ver con otros vivientes, de tal manera que se constituye un orden, con un valor causal (la causa final).

Cada naturaleza cumple el orden según la causa final.

La unidad de orden es común a todas las sustancias, es la organización de todas las sustancias.

En el hombre no es así.

En el hombre la perfección se la da él a sí mismo, a través de sus propios actos.
Es una perfección propia a cada hombre.
De ahí que digamos que la naturaleza del hombre es esencializable, pues cada persona humnana se da su perfección, esencializa lo que ha recibido de entrada, su naturaleza.

En cambio, las sustancias naturales no son esencializables, sino que son sencillamente ordenables.

La esencia humana así entendida es una esencia superior a la esencia universo.
Lo que la distingue es su autoperfectibilidad.

El hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección. Consigue su perfección en una redundancia sobre sí misma (¡los hábitos!).

El hábito es la perfección de la naturaleza humana.
Al ejercer el hombre su operatividad natural entonces adquiere hábitos: los hábitos intelectuales, o bien los hábitos de la voluntad, que son las llamadas virtudes morales, y también incluso las tenencias categoriales.

El hombre no es intracósmico.

Cada persona constituye su esencia en una redundancia sobre sí misma, una autoperfección que depende de su libertad.

Las sustancias naturales intracósmicas son perfeccionadas por algo extrínseco a ellas: el orden en el que están.

El hombre se perfecciona desde su interior, desde su libertad.
Esa autoperfectibilidad distingue la esencia humana respecto del universo como esencia.

Correlativamente tendremos que estudiar el acto de ser que corresponde a la esencia humana.

A la esencia del universo le corresponde el acto de ser como primer principio.
Ahora, en el caso del hombre, el acto de ser no es un primer principio, sino que es la persona.

La persona es aquel acto de ser cuya esencia es una naturaleza autoperfectiva.

En el hombre la perfección se la da él a sí mismo, a través de sus propios actos.

Pero la fuente de la perfección son los hábitos superiores trascendentales (no esenciales): sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y gracia. Hábitos recibidos de Dios, que no cesan.

A la superioridad de la esencia humana le corresponde una superioridad en el orden del ser: el ser personal (con cuatro radicales que se convierten entre sí: co-ser, libertad, inteligir, amar).

Aunque en rigor habría que decirlo al revés: porque se trata de un ser superior, de una trascendentalidad superior a la metafísica, es por lo que la esencia humana es superior a la esencia del universo.

De ahí que la esencia humana reciba nombres distintos según los cuator trascendentales personales.

Del co-ser : esencia como manifestación.
De la libertad: esencia como disponer.
Del inteligir: esencia como iluminar.
Del amar: esencia como aportar.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p. 39-41). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

Para saber más:
Etiqueta 1.9.2 Preguntas sobre los hábitos
Etiqueta 4.0 Esencia extramental
Etiqueta 4.1 Sustancia
Etiqueta 6.1.2 El disponer esencial


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¿Es intracósmica la esencia humana?

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No.
La esencia de la persona humana no se confunde con el universo.

Hay dos modos de ser creados, dos tipos, dos actos distintos de ser: el acto de ser humano, que es libertad, que es ser persona humana y el acto de ser tomado como primer principio, que es ser sencillamente, sin libertad.

Y correlativamente a esos dos modos de ser, se distinguen dos esencias: la esencia humana y el universo como esencia.

El universo como esencia es distinto de la esencia humana.

El universo como esencia no es libre. Depende físicamente del primer principio, del ser sencillo que Dios ha querido que sea y que se despliega según el orden que Dios le ha dado.

Ese orden, la unidad de orden, el análisis del ser sencillo según las cuatro causas, es lo que llamamos universo como esencia.

El hombre, sin embargo, viviendo en el cosmos, siendo también una sustancia cósmica, no depende sólo del ser del universo, del primer principio, pues tiene en sí mismo la capacidad de autoperfeccionarse, libremente, dando sentido amoroso, si quiere, a su existencia. Por eso decimos que el hombre es extracósmico.

Nuestra esencia no deriva del universo.
Ni del mono, ni del renacuajo.

O diciéndolo de otra manera, la esencia humana es dual: recibimos de nuestros padres una vida cósmica y recibimos directamente de Dios una vida extracósmica, un ser personal libre que se añade novedosamente manifestando libremente su querer.

¡Qué dignidad, amigo mío!


La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.35.2 y 40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿El cuerpo humano es intracósmico o extracósmico?

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No somos entes o esencias intracósmicas: estrictamente no lo somos.

Parece que entonces problematizamos el sentido físico del cuerpo humano, como si la materialidad de nuestro cuerpo no fuera humana. Como si fuéramos ángeles.

Sería una visión incorrecta porque el cuerpo humano no es estrictamente independiente del cosmos.

Para entender cómo el cuerpo humano es a la vez intracósmico y extracósmico debemos aclarar la noción de naturaleza. (ver etiqueta 4.2 naturalezas).

Las naturalezas sí son intracósmicas, pero la naturaleza humana es personalmente esencializable (por eso es humana, si no, sería animal).

Cada persona humana (que es extracósmica) puede hacer suya la naturaleza humana en la que subsiste, la suya concreta, esencializándola, sacándola del universo e insertándola en su "mundo" humano.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.36). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Es lo mismo decir esencia humana que naturaleza humana?

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No.

Expliquemos cómo se distingue la naturaleza o sustancia natural propia de cada persona humana, de la capacidad de automejoramiento, que es lo que llamamos propiamente esencia humana.

Cabe decir, en primer lugar, que el hombre es una sustancia natural capaz de autoperfección.

Un perro no se autoperfecciona, su naturaleza se despliega según el orden del universo. Es intracósmico.

La persona humana sí que se autoperfecciona.
Más que autoperfección podemos hablar de automejoramiento. En efecto, perfección tiene la connotación de algo "acabado", de despliegue "completo" de lo que una naturaleza es capaz de dar.

Pero el crecimiento humano es irrestricto, siempre se puede mejorar.

Esa capacidad de automejoramiento, esa potencialidad peculiar del hombre es lo que Polo llama esencia humana.
Es esencia libre cuyo ápice es el yo. Es la esencia la que manda, la torre de control

Y el yo activa la naturaleza humana, el dinamismo de la voluntad. Nótese cómo llamamos naturaleza a lo recibido de entrada (ver etiqueta 4.2). La persona humana recibe una naturaleza que debe activar desde su yo.

La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.40.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García

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¿Qué es la separación?

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Separación es la distinción de lo que existe.

Es claro que los seres creados se distinguen realmente unos de otros. Están separados entre sí y separados de Dios. Dependen de Dios.

El gran Misterio de Dios es que en su intimidad hay distinción sin separación.

A nosotros nos interesa profundizar en el conocimiento de la separación o distinción de las criaturas.

Los clásicos hablaban de una separación de las substancias.

Y descubren también que el intelecto personal se separa con una separación que es distinta de la separación de la sustancia.

Así, el intelecto personal, que es mejor llamarlo inteligir personal, es separado de su tema.

Reservo el término "alejamiento" para designar la independencia, la separación culpable, el error peculiar de la libertad que no quiere depender de Dios, buscando su autorrealización. Lo que en moral se llama pecado.

El 30 de junio 2010 celebramos los 50 años de independencia. Hay un dicho congolés que dice: "los belgas se fueron dejándonos en la más completa independencia".


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¿Qué fórmula nos hace niños?

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La fórmula siguiente reaviva nuestra humildad:

"El ser se divide en dos: la identidad originaria y las criaturas.

Dios es el Origen.

La criatura (niña al fin y al cabo), comienza y depende.

Inspirado en Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales. Juan A. García González. Miscelánea poliana nº 11. Glosa 1, p. 87. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más :

Etiqueta 1.5: distinción

Etiqueta 1.6.1: ser creado.

Etiqueta 1.7: distinción acto de ser-esencia.

Etiqueta 3.1.1: comenzar.


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¿A quién está reservada la unidad trascendental?

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A Dios.

La unidad trascendental será tratada en la etiqueta 1.14.


Inspirado en Notas y glosas sobre la creación y los trascendentales. Juan A. García González. Miscelánea poliana nº 11. Glosa 2, p. 88. Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Se puede hablar de "esencia" en Dios?

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Propiamente no se puede hablar de esencia en Dios.

Dios es realmente idéntico.

Si hay distinción entre esencia y existencia ahí no se puede hablar entonces de identidad.

En Dios no puede haber distinctio realis entre essentia y esse.

La esencia divina se reduce al ser; la esencia es ser, simplemente ser; no hay propiamente esencia en Dios, sino ser.

El Misterio de Dios es su Identidad trina en Personas.


La esencia de la persona humana. Notas sacadas de la conferencia dictada el 25-XI-1994 en el salón de grados Mª Zambrano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Málaga. (Miscelánea poliana nº 4, p.34.2). Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

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¿Qué nos muestra de Dios el autotrascendimiento humano?

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Autotrascenderse es una forma de dar.

No es un aniquilarse, ni tampoco simplemente cambiar a mejor.

Cuando hablamos de autotrascendimiento, queremos decir actividad suprema de dar: darse.

Lo trascendental en sentido estricto es el dar supremo, Dios.

Pues bien, en congruencia con el autotrascendimiento humano, podemos entrever el carácter donal de la actividad divina, del ser de Dios.

Las relaciones personales intratrinitarias son relaciones donales.

La Sagrada Esritura expresa en términos de dar la relación entre el Padre y el Hijo (por ejemplo, Jn 5, 36); e igualmente el Padre da el Espíritu (Lc 11, 13) a petición de Cristo (Jn 14, 14), y lo da sin medida (Jn 3, 34).

Este "sin medida" significa "sin reservas".
Sólo Dios puede dar así.

Sacado del artículo "Aclaraciones sobre y desde el dar, de Falgueras, en Miscelánea poliana nº 9. p.61.2 . Citamos las páginas según la recopilación titulada "Antropología y trascendencia" publicada por I. Falgueras y Juan A. García.

Para saber más ver las etiquetas :
1.0.1 Dios
1.0.2 dar trascendental
1.5.2 relación (en construcción)
5.2 trascendentales
12.1 Trinidad (en construcción)


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¿Por qué es importante la etiqueta 5.2 "Preguntas sobre los trascendentales"?

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Porque la filosofía quiere alcanzar lo último y lo último es lo trascendental.

Lo realmente trascendental es Dios.
Dios es el Dar supremo.

Llamamos, con Falgueras, trascendentales incondicionales o supremos a las actividades supremas de Dios :
Ser supremo,
Entender supremo,
Amar supremo.

En antropología, los trascendentales descubiertos por Polo son cuatro:
La co-existencia;
La libertad trascendental;
El intelecto personal;
El amar donal (amar y aceptar personales);

Los trascendentales metafísicos son también cuatro
el ser (esse),
la verdad (verum),
el bien (bonum)
y la belleza (pulchrum), aunque este último Polo no lo tematiza explícitamente.


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