nueva entrada en polianos

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Cuando Juan A. García Gz introduce una nueva entrada en el blog de los polianos http://ieflp.blogspot.com, es siempre una buena noticia.

Esta vez, en la etiqueta de gnoseología, se pregunta sobre la "separación" del intelecto agente.

El asunto tiene su miga.

Es un reto.

Estos días estoy leyendo un libro simpatiquísimo de Carlos Goñi, "Platón y yo". Allí encuentro:

No podemos mirar el sol.
Lo vemos como la luna se refleja en un estanque.

¿Es la separación algo de esta vida?


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¿Cuál es la actividad propia del ser personal humano?

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La libertad.
Atención. Estamos hablando de actividad trascendental, no de la actividad física o intelectual. No se trata de pelar patatas o inventar sofismas. Se trata de actividad profunda, trascendental.

La actividad propia del ser personal, en su profundidad, es la libertad que llamamos personal, la libertad trascendental.

La libertad trascendental es uno de los cuatro trascendentales antropológicos descubiertos por Polo, que son :

co-ser;
libertad;
entender;
amar.

Un trascendental es una perfección pura (sin potencia) del ser. Los trascendentales personales son perfecciones puras de cada persona humana.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341

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¿Cómo nace la libertad trascendental?

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Hablamos aquí de la libertad "trascendental" (no de la libertad "de la esencia humana", que es la libertad pragmática y moral).

La libertad trascendental es una de las perfecciones puras de la persona humana

(Polo ha descubierto cuatro : co-ser; libertad trascendental; entender personal y amar donal).

La persona humana es dual en todas sus dimensiones.

La libertad trascendental también es dual.
Sus dos miembros se llaman:

"libertad nativa", el inferior y
"libertad de destinación" el superior.

La libertad nace y co-comienza con la persona.

Ese "nacer" es la libertad nativa.
¿Cómo describir la libertad nativa?

Atendiendo al desdoblarse del ser con los hábitos superiores.

El ser personal no es ser sencillo (el ser sencillo es el universo), no es ser sin más.
El ser personal es "además", co-existe en Dios, con los demás y con el universo.

Pues bien, la libertad nativa es el "co-" del "co-ser" o "co-existir".

Si el ser se desdobla es porque se dispone (tiene esa habilidad) gracias a los hábitos. Por decirlo de otra manera: se abre por dentro a la co-existencia.

La persona humana comienza siendo libre gracias a los hábitos superiores (que clásicamente se llaman innatos, pero que en realidad son non natos, porque nacen con la persona).
La sindéresis abre la persona a su obrar.
El hábito de los primeros principios reales abre la persona a la creación.
La sabiduría abra la persona íntimamente y hacia Dios.

La apertura hacia dentro, que abre la persona a la búsqueda de su identidad de hijo de Dios es lo que llamamos "libertad de destinación".

Lo personal es siempre libre, abierto, holgura en la máxima amplitud. ¡Qué bien se está!

La libertad son mis zapatos cómodos.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340.2

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¿Por qué dice Polo que la libertad trascendental es el además del además?

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Porque la persona humana, a la que llama "además" es libertad trascendental.

La libertad personal o trascendental es uno de los 4 radicales de la persona humana, que se convierten entre sí, aunque no del todo, pues se distinguen.

La actividad propia del co-ser personal (que es otro de los 4 radicales) es ser siempre más, inagotable.

Pero el carácter de además tiene dos sentidos: es por un lado más que la operación mental, sobra, y por otro lado se añade a otros seres, buscando su identidad.

Por tanto es el además del además.

También dice Polo que esa actividad libre es "además y además".


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 32, p. 341

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¿Qué es la felicidad?

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Somos felices cuando se colma el vaso de nuestros deseos.

Esa felicidad es fácil de obtener.

Lástima que sea frágil. No dura siempre porque el vaso se rompe.

El filósofo busca la felicidad que está más allá del tiempo.

Pienso que es la Comunión de personas.
Lo que Agustín de Hipona llama el orden del amor.


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¿Libertad o actividad?

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Las averiguaciones de Polo sobre la libertad trascendental nos ofrecen una de esas conclusiones que nos confortan en la contemplación admirativa:

La actividad radical de la persona es libertad.

No se trata aquí de ser libres para escoger azul o amarillo (que son los colores de la R.D. del Congo), o que me dejen hacer lo que quiero.

No, no estamos hablando de la libertad en la esencia humana, sino de la libertad trascendental o libertad radical.

Se trata de que, sin ningún condicionamiento previo, la actividad personal prosigue.

La persona no tiene potencia antecedente.

Polo dice en el tomo I de su Antropología trascendental, p. 230, nt 50, que la libertad trascendental "puede describirse como capacidad directamente activa o no potencial".

Invito a no imaginar el ser personal como un mecano en el que los 4 radicales (co-ser, libertad, entender y amar personales) fueran como tubos de una estructura. No. El ser personal es fuente activa. Los radicales se convierten entre sí.

Pero lo que alcanzamos ahora es a darnos cuenta de que esa fuente activa es libre.

Si miramos al co-ser, veremos que la persona es un ser dual.
Si miramos el entender, veremos que la persona busca su identidad.
Si miramos el amar, veremos que la persona busca quién aceptará su don.

Y en cualquier caso, mirando a la libertad trascendental veremos que la persona recomienza (Piá diría co-comienza) sin cesar.


Ésa es su actividad, la libertad, el juego del amor.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341

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¿Para qué recomenzar?

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Para amar siempre más.

Hemos averiguado que la libertad, al no tener condicionamiento previo, es siempre recomenzar. (Piá habla de co-comenzar, pero eso es otra historia).

La libertad es una actividad que nace nueva. Por eso Polo llama libertad nativa al miembro inferior de la libertad trascendental (ver etiqueta 5.5.4).

Recomienza ordenándose a la coexistencia, buscando su réplica, buscando quién acepte su don.

Recomenzamos para ejercer la libertad. Si no, seríamos una planta.

Y así renacerá, al responder a la llamada inicial, de la gracia que la hace transcenderse. Dios no la fuerza, la llama.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341

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¿Es flexible la libertad personal?

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Juan A. García González utiliza el verbo "desplegar" para designar el juego interno que permite coexistir con quien queremos, cuando queremos y en la medida que queremos.

Juego posible porque el ser personal es dual (co-ser; abierto por dentro; con hábitos).

Yo prefiero hablar de "ejercicio" de la libertad.

Pero a fin de cuentas se trata de lo mismo:

Libremente nos juntamos con quien queremos.

Unas veces nos abrimos hacia fuera, otras veces hacia dentro, buscamos y hasta podemos ir más allá de los abismos, transcendiendo hacia Dios.

Es el juego del Amor.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 341.2

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¿Cuándo se ejerce la libertad trascendental?

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Cuando queremos.

Tomás de Aquino en S.Th., I-II, q. 71, a. 4, c., distingue por un lado la posesión del hábito por el alma, que da libertad, pues permite actuar de un modo mejor cuando le parece (cum voluerit).

Por ejemplo, si tengo la virtud de la puntualidad llegaré a tiempo, si quiero.

Y por otro lado la costumbre instintiva del animal, que no da libertad pues la forma sustancial (que sigue al sentido genético del ser o ser primero, tal como explicamos en la etiqueta 17.3.2) actúa "necesariamente".

El alma humana es libre, pues posee hábitos y además tiene la persona dentro.

Libremente vivimos con Dios y con los demás, si queremos.

Y vivimos con pájaros, a los que podemos dejar volar, o meterlos en una jaula.

De ahí la expresión "a modo de virtud" que designa, por ejemplo, una calidad que se ejerce si se quiere.
Soy simpático, cuando quiero.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.2

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¿Tiene la noción poliana de libertad trascendental un antecedente hegeliano?

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En Hegel encontramos la dualidad sujeto-objeto.

El objeto en el que culmina la idea absoluta, es necesario pues abarca la totalidad.

El sujeto es libre en cuanto que conoce esa totalidad.

Puede alienarse saliéndose de la lógica.
Pero su culminar es dios, la idea absoluta, la libertad total, metalógica.

Lo malo es que el ser de Hegel no puede dialogar con un ser superior. Está solo.

No es dialógico, sino dialéctico.

Por lo tanto, aunque encontremos retazos hegelianos en Polo, radicalmente son opuestos.


El dios de Hegel no sabe amar.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 342.3

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¿Cómo juega la libertad trascendental?

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1) gracias a la sindéresis dispone, actuando, con docilidad (hace regalos).

2) gracias al hábito de los primeros principios, se retira, dejando estar (ama la creación, es ecologista).

3) gracias al hábito de sabiduría ratifica su altura, alcanzándose a sí misma (es agradecida).

4) gracias a la gracia y los hábitos que la acompañan, cede su primado para buscar transcendentemente, su sentido último (quiere siempre más).


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.2

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¿Qué sentido tiene la libertad trascendental?

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Coexistir con Dios.

Más precisamente, coexistir en Dios.

Los hábitos superiores son jerárquicos: sindéresis, hábito de los primeros principios, sabiduría y el más alto, la gracia.

La gracia es la llamada inicial de Dios a existir en Él. Es Dios quien abre al hombre a Dios desde Dios.
Más allá de la apertura íntima (interior y hacia dentro), la persona escucha la llamada en cada uno de los trascendentales. Su fruto son las aperturas transcendentales (sí, trans-, que es más que tras-):

gracia en el co-ser,
esperanza en la libertad,
fe en el entender y
caridad en el amar.

Bajemos ahora a la realidad cotidiana: notemos cómo "repercuten" en nuestra vida esas ventanas abiertas en Dios.
Y viviremos una vida divina.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 344.4

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¿Somos libres gracias a los hábitos?

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Sí.
A todos los niveles, los hábitos (ver etiqueta 17.3.1) nos dotan de libertad.

Soy más libre gracias a internet (hábito categorial o hábito del cuerpo, de mis dedos que teclean).

Soy más libre gracias a mi serenidad (hábito del alma).

Soy radicalmente libre gracias a mis hábitos superiores que me permiten abrirme (relacionarme) íntimamente, trascendentalmente, con Dios y las criaturas, y ofrecerles, si quiero, mis dones.

Mis dedos, gracial al hábito categorial, me permiten navegar.

Mi voluntad se volvería loca, ansiosa, sin la serenidad.
(Las potencias espirituales no se dan sin los hábitos pues, por ejemplo, ¿de qué me serviría conocer, si no sé que conozco?, sería un conocimiento meramente sensible, como el de los animales, esclavos de sus instintos).

Y a nivel superior, gracias a mi intimidad, abierta gracias a los hábitos, soy punto de partida que acepta y da, si quiere, los dones que recibo.

Mi ser más profundo no es interioridad psicológica, moldeada por mis genes, mis padres o por el Estado.

Mis hábitos superiores me dejan libre, me incluyen en el ámbito de la máxima amplitud para ser además, en la medida en que quiero.

Soy libre gracias a mis hábitos
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Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 337.2

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¿A quién le corresponde elevar la naturaleza?

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La persona es libertad.

La persona humana, nace y vive en una naturaleza que, de entrada, no es libre: somos lo que hemos recibido.

La persona, gracias a los hábitos que nacen de ella, eleva la naturaleza convirtiéndola en esencia de su ser personal (es decir, en manifestación, disposición, iluminación y aportación, que son cuatro maneras de denominar a la esencia según los cuatro radicales).

Concretamente, es la sindéresis la que va haciendo suya, libremente, la naturaleza recibida, elevándola.

Por ejemplo, el cuerpo, el vestido, mi pluma y mi sangre son entonces cauce de mi libertad. Si quiero.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, nota 26, p. 338

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¿Cuál es la dualidad radical del hombre?

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La distinción real entre ser y esencia es la dualidad clásica, que explica el carácter creado del hombre.
En efecto, no soy un ser arrojado a la existencia o una esencia que se pasea entre bosques y estrellas.

Soy lo que soy (esencia) porque mi ser no cesa. Y ese no cesar no viene de mí (de mi esencia) sino de Dios, que sigue dándome el ser.

Pues bien, para Polo existe una distinción aún más radical.
Es un añadido de la doctrina poliana a la filosofía creacionista.

El hombre se distingue de Dios, claro está, por ser compuesto de ser y esencia (Dios es identidad y el hombre no, sino que es compuesto), pero en el caso de la persona humana existe una dualidad más radical: la distinción entre el ser personal y sus hábitos superiores (personales o existenciales).

En Dios las tres Personas son relaciones subsistentes de su Ser en Identidad.
En el hombre las relaciones trascendentales (gracias a los hábitos superiores) "nacen" de su ser personal. Es un ser inidéntico. Su acto de ser (co-ser o ser-con hábitos) es creado.

Los hábitos superiores muestran el inagotable ser además de la persona humana, el desbordarse de su actividad existencial ; co-ser siempre más.


Abrirse eterno a Dios, a los demás y al mundo.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 338
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¿Quién da entrada, en la naturaleza, a la libertad?

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Los hábitos.

En nuestro cuerpo la libertad (ver etiqueta 1.1.2) aparece cuando lo elevamos a ser instrumento de nuestro disponer.

Ejemplo: cuando el mendigo abre la mano para pedir limosna.
Es la libertad pragmática.
La mano es ahora hábito categorial.

En nuestra alma la libertad aparece cuando se van actualizando la inteligencia y la voluntad.

Ejemplo: me arrodillo porque quiero o te busco para conocerte mejor.
Es la libertad moral.
Mi voluntad ejerce ahora la virtud (hábito) de la humildad.

En la intimidad de la persona (en mi ser personal) la libertad no aparece, porque la persona es libertad trascendental.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 338.4

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¿Quién permite la libertad pragmática del hombre?

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El hábito categorial.

Si el cuerpo del hombre estuviera acabado, con pieles o caparazones y zarpas o garras, entonces sería pura naturaleza.

En cambio, el hábito categorial (el anillo, el sombrero, mis dedos que teclean), los útiles e instrumentos, permiten que navegue, salude y me comprometa con mi alianza.

Es el hábito categorial el que permite la libertad pragmática (ver etiqueta 1.1.2) del hombre.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 339

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¿Cuándo la inteligencia y la voluntad consiguen la libertad?

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El hombre es moralmente libre gracias a los hábitos adquiridos (hábitos de la inteligencia y virtudes de la voluntad).

Las potencias espirituales (inteligencia y voluntad) no obran exclusivamente en dependencia de su motor.

Si la inteligencia adquiere hábitos y sabe ya ejercerse, no precisa la presencia de lo inteligible para actuar. Obra cuando le parece a la persona que la domina gracias a los hábitos.

Y si la voluntad ha adquirido algunos amores o aficiones no necesita de la presencia del bien que la atraiga. La persona obra cuando quiere.

Las potencias espirituales pueden prescindir de sus estímulos pues en cierto modo los guardan gracias a los hábitos.

El hábito se puede comprender como cierta "memoria" que retiene lo que mueve a las potencias. Así, la persona dispone con ellas libremente.

Las personas obran por sí mismas, no sólo movidas por su naturaleza. Disponen mediante la naturaleza enriquecida con los hábitos.

Aunque no suene el timbre soy puntual. Si quiero.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 339.2

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¿Es la libertad trascendental un hábito?

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No
La libertad trascendental es uno de los cuatro radicales personales (co-ser, libertad, entender y amar).


Es un trascendental (una perfección pura del ser), pero del ser "personal".

Es un trascendental antropológico (no metafísico).

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

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¿Tienen algo que ver los hábitos superiores con la libertad trascendental?

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Del mismo modo que los hábitos inferiores permiten la libertad pragmática (hablo de los hábitos categoriales) y del mismo modo que los hábitos adquiridos por las potencias espirituales permiten la libertad moral, del mismo modo, digo, los hábitos superiores permiten el ejercicio de la libertad trascendental (que es una perfección pura del ser personal, es decir, un trascendental antropológico, no metafísico).

La libertad trascendental, nuestro co-ser inagotable, al desdoblarse gracias a los hábitos superiores, coexiste con el mundo, con Dios y con los demás ; y dispondrá libremente dónde y cómo vivir.

Contigo pan y cebolla.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 340

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¿Hay en la tradición algún soporte para la noción poliana de ser personal como "además"?

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Sí. La noción de hábito.

El ser segundo, el ser personal poliano, o segundo sentido del ser, es un ser sobrante, inacabable, que se desborda.

El hábito es un acto, y al mismo tiempo es del orden de lo potencial.

Podríamos decir que es el desbordarse del acto que incrementa su potencialidad.

Si me levanto temprano soy cada vez más capaz de levantarme temprano. Soy más dueño de mis actos, soy más libre.

La persona es así, se viste con hábitos prosiguiendo más activamente su ejercicio.

El ser natural añade. Es además.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.2

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¿Cuáles son los tres tipos clásicos de hábitos?

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El hábito categorial (ejemplo : tener manos);

el hábito adquirido por las potencias espirituales (ejemplo: saber geometría;

el hábito entitativo (ejemplo: la salud).

Los dos primeros son aristotélicos y el tercero es un añadido de la filosofía medieval.

Aristóteles coloca el hábito categorial (el tener con el cuerpo) como uno de los nueve accidentes.

El hábito adquirido lo presenta como la primera especie del accidente cualidad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 331.4

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¿Por qué se dice que los hábitos inferiores son como una segunda naturaleza?

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Los hábitos inferiores son los categoriales (los del cuerpo humano, por ejemplo, la capacidad de maquillarse, vestirse o teclear en el portátil) y los adquiridos por las potencias espirituales (por ejemplo, ser poeta, tener buen gusto, ser poliano).

Estos hábitos modelan la naturaleza humana; por eso se dice que son como "una segunda naturaleza".

Notemos, sin embargo, que si podemos teclear o filosofar es porque la persona está detrás. No es que la persona se constituya como el conjunto de capacidades de una naturaleza. Esas capacidades no existirían si la persona no fuera anterior a ellas.

No es que la persona sea el individuo de naturaleza racional, sino que podemos tener una naturaleza racional porque somos, antes, personas.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

La segunda naturaleza proviene, pues, de la libertad personal.

Es entonces más fácil entender que un embrión humano no es humano porque tenga neuronas con capacidad de llegar a pensar, sino que esas neuronas pueden ser un día instrumento del pensar porque, de entrada, hay ya una persona humana.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2

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¿Por qué está el cuerpo humano inacabado?

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Para que cada persona, libremente, lo mejore.

La mano, por ejemplo, no es la garra ni la pezuña, acabadas para sus respectivas finalidades. Por eso, al estar abierta a múltiples usos, la persona puede utilizar guantes, martillos, y hasta sellar alianzas.

La corporalidad humana, gracias a los hábitos que llamamos categoriales (el tener con el cuerpo), amplía sus posibilidades.

El rostro no es la jeta del animal. Está abierto a la sonrisa y también al llanto, o a la burla. Sabe hacer guiños.

El cuerpo humano no está terminado, requiere el concurso de la inteligencia, de la persona, que hace desbordar su actividad, potenciándola al infinito (pues la inteligencia es susceptible de crecimiento infinito).

El cuerpo humano manifiesta así la inagotabilidad propia de la persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 332.2

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¿Pueden crecer las potencias espirituales (la inteligencia y la voluntad)?

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Sí. La inteligencia y la voluntad pueden crecer gracias a los hábitos adquiridos (virtudes).

Las operaciones ejercidas por las potencias superiores desbordan su término, no se limitan a actualizarse (pensar o querer), sino que su acción revierte sobre la propia capacidad, repotenciándola.

Tras haber hecho palotes, ahora "sé" escribir.
A fuerza de silbar, parezco un jilguero.

Y me dispongo a realizar operaciones superiores: ahora podré ser escritor o músico.

Los hábitos adquiridos nos cualifican (Aristóteles los mete en la categoría cualidad).

También es cierto lo contrario: los actos malos nos envician.

La vida puede empeorarse. Pero al ser dueños de ella, también podemos rectificarla y mejorarla.
¡Ahora empiezo!


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.2

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¿Se puede considerar la esencia humana como autoperfección habitual?

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Antes de contestar me permito recordar la nota n.1 del Tomo II de la Antropología trascendental de Polo. Dice así: "En atención a la distinción real de ser y esencia, es mejor decir "esencia de la persona humana" que "esencia del hombre".
Para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión "esencia humana".

Lo digo porque en Anuario filosófico se habla en la entradilla de la página 333 "esencia del hombre". Es mejor decir "esencia humana".


Pues bien, la esencia humana sí puede considerarse como autoperfección "habitual".

La Universidad de Navarra publicó en 2006 un cuaderno de Polo titulado "La esencia humana"; el capítulo VII se titula "La esencia humana como autoperfección habitual".

(verlo aquí: http://www.iterhominis.com/03_Polo/02_Cadernos/EH/EH_07.htm)

Lo que allí se explica es que la esencia humana es propia de cada persona humana, depende de su libertad.

La esencia del universo o esencia extramental es común a todos los entes naturales.
Las cosas son lo que son y actúan siguiendo el orden ya establecido, según la tetracausalidad.
La naturaleza es el principio estable de operaciones, el conjunto de causas y principios que mueven el universo y conducen al despliegue de las condiciones iniciales. Ese despliegue es la esencia del universo.

Con el hombre aparece la novedad en el universo.
"Lo primero" no es sólo la naturaleza. Existen seres libres que pueden destinarse, desbordando el concepto de naturaleza.

Por eso hablamos de "autoperfección".
La naturaleza física puede condicionarme a crecer, pero soy yo, libremente, quien se hace jugador de basket. Es una perfección que me doy.

Y hablamos de "habitual" porque se trata de un "tener".
Al gorila se le puede poner un sombrero. Pero soy yo quien, libremente, se pone el sombrero. Lo "tengo" porque estoy añadiéndole un sentido a mi cuerpo (así estoy más "chic").

Los hábitos inferiores (categoriales, como llevar un anillo, o espirituales, como saber geografía) componen la "autoperfección habitual" (¡virtudes!) que llamamos esencia humana.

Es, con otras palabras, el crecimiento de mi vida.
Crecimiento inagotable porque depende del acto de ser persona.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 333.3

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¿A qué llamamos hábitos superiores?

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A los hábitos propios del acto de ser persona: la sindéresis (6.2), el hábito de los primeros principios (3.2) y la sabiduría (2.14) son hábitos propios a toda persona humana.

También son hábitos superiores los que la tradición llama hábitos infusos: la gracia, la esperanza, la fe y la caridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3

¿Es correcto hablar de hábitos "entitativos"?

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La tradición habla de la salud, la belleza o la gracia como hábitos entitativos.
No es incorrecto.

Pero decir "entitativo" es decir demasiado poco.
Pues como el ente se dice de muchas maneras, corremos el riesgo de quedarnos en generalidades.
La salud puede ser de alma y de cuerpo.

Y es sano el gusano, la jirafa, la palmera y el niño.

Sin embargo, la idea de hábitos entitativos sugiere que, al ser la persona una actividad inagotable, y desbordarse su acción, se cualifica hacia dentro, se mejora íntimamente.

La persona crece no sólo con virtudes, sino también con disposiciones, hábitos, propios de su acto de ser persona (el esse de cada persona distinto realmente de su esencia).

Estas disposiciones son modos como la persona humana se comunica con otras realidades distintas : Dios, los demás, el mundo y su propia actividad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.3
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¿Qué niveles tiene el crecimiento "habitual" de la persona humana?

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La persona crece, según sus hábitos a tres niveles.

A nivel categorial, en la medida en que, gracias a la posesión de instrumentos (coches, sombreros, ordenadores, teléfonos) se prolonga y se desborda.

A nivel esencial, en la medida en que, gracias a los hábitos de la inteligencia (ser poeta, músico o labrador) y a las virtudes de la voluntad (amabilidad, serenidad, optimismo) crece y se amplía.

A nivel íntimo y personal, en la medida en que, gracias a los hábitos superiores (sabiduría, esperanza, gracia) se abre más a Dios y a los demás.

Se multiplica.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 334.5

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¿Cuáles son las dimensiones del hábito?

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Tres son las dimensiones del hábito: la tenencia, la disposición y la relación.

La tenencia es clara en los hábitos categoriales: me pongo un sombrero.

La disposición es clara en los hábitos adquiridos por las potencias espirituales: sé nadar o ser oportuno.

La relación se muestra especialmente en los hábitos superiores.

En efecto, la sindéresis, el hábito de los primeros principios y la sabiduría (que son hábitos superiores) abren la persona, respectivamente, a relacionarse con su obrar, con el universo y con su intimidad, también divina.

La gracia, la esperanza, la fe y la caridad (que también son hábitos superiores) son distintos modos de abrirse la persona a su creador.

Se trata de relaciones existenciales, no categoriales, que tornan a la persona en coexistente.

No son relaciones subsistentes (eso se queda para las personas divinas), pero tampoco son relaciones accidentales, ya que están en el orden del ser. Las llamaré (aunque algunos no lo aprecien) relaciones trascendentales.

A todos los niveles el hábito aparece como continuación del ser : sombrero, simpatía, filiación divina.

Y eso es así porque su ser es inacabable, siempre además.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 335.4

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¿Expresan los hábitos una progresiva intensificación del carácter activo del ser?

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No estoy completamente de acuerdo, en este punto, con Juan A. García Gz.

Concretamente, en lo que se refiere a la noción de "intensidad".

A mí me parece que la intensidad es propia de la potencia.
Los actos no son más o menos intensos. Los actos son superiores o inferiores, jerárquicos.

Y los hábitos son actos.

Los hábitos más que intensificar, multiplican la actividad del ser, creando nuevas relaciones.

El ser personal es coexistente y multiplica sus relaciones.
No se trata, claro está, de relaciones accidentales. La persona se desdobla con sus hábitos, hacia fuera y hacia dentro. Es un ser-con hábitos.

No el mit-sein de Heidegger, que apunta a la sociabilidad. Sino el co-ser que rebrota, que sobra. No solo alteridad, sino dualidad interna, radical.

La persona no puede existir sin multiplicarse. Y esta multiplicación es posible por la dualidad (hábitos) y la alteridad.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 336.3

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¿Amplía Polo la distinción aristotélica entre los dos sentidos primarios del acto?

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Los dos sentidos primarios del acto (1.2.1) son la entelécheia (la consideración estática de la actividad que "mantiene" el resultado) y la enérgeia (operación o praxis). No hablamos aquí del tercer sentido aristotélico de acto que es el movimiento.

La filosofía clásica da prioridad a la entelécheia, por lo que la forma substancial es llamada acto primero.
Los accidentes (y las operaciones, desde este punto de vista substancialista, son consideradas como accidentes) son llamados actos segundos.

El acto de ser no había sido descubierto todavía (se le atribuye a Tomás de Aquino). Siendo el acto de los actos, bien podemos aplicarle también el nombre de acto primero.

La propuesta de Polo es ampliar esa distinción de actos.

El acto de ser personal, dice, es distinto del acto de ser del universo.

Es correcto llamar al acto de ser del universo acto primero.

Pero siendo el acto de ser personal distinto, debemos encontrar otro sentido del acto (de ahí que la propuesta sea una ampliación), es el sentido de ser "segundo".

No como acto segundo al modo del accidente o de la operación, sino en el sentido de que el ser personal se añade libremente al ser primero.

Ahora entendemos que Polo diga que el ser personal es distinto de aquél que se ocupa la metafísica.

Clásicamente la metafísica se ocupa del estudio del ente en cuanto ente.

La persona es un tipo de ente.

El conocimiento se considera como un accidente de la sustancia que es cada hombre.

Polo, filósofo de la distinción, y siguiendo la observación aristotélica que dice que no es lo mismo el acto como entelécheia (substancia) que el acto como enérgeia (acto de conocer) propone distinguir el tema de la metafísica, que es el ser natural (ser primero), del tema de la antropología, que es el ser personal humano (ser segundo).

No son dos tipos del ente en general, porque el ser personal es radicalmente libre, no depende de la naturaleza.
Esta distinción no fue alcanzada por Aristóteles. De ahí la novedad de la propuesta poliana.

Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 328.2

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¿Qué es ser primero y ser segundo para Polo?

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Según Polo el ser personal es distinto de aquél de que se ocupa la metafísica.

La metafísica estudiaría el ser como lo primero, como principio y como causa, es decir, el primer sentido del ser.

El segundo sentido del ser es el ser que se añade libremente, es el ser libre de la persona humana.

La filosofía primera, que trata de lo radical, comprende tanto la metafísica (el ser primero) como la antropología (el ser segundo).

Las filosofías segundas estudian todo lo que tiene que ver con el ser en el tiempo.

No nos debe desorientar la terminología utilizada clásicamente para expresar el orden predicamental (no radical) que distingue entre acto primero, entitativo (la forma substancial) y acto segundo, operativo (los accidentes).

Cuando hablamos aquí de ser primero y ser segundo nos movemos en el orden trascendental, en lo radical.

Resumiendo:

Del ser primero se ocupa la metafísica: la persistencia extramental que es comienzo incesante. Principio. Fundamento. Causalidad.

Del ser segundo se ocupa la antropología: la libertad personal que es futuro inacabable. Continuación. Libertad de destino y destinación.


Glosa a Juan A. García González : Existencia personal y libertad. Anuario filosófico nº 95. 2009, p. 328.3 y nota 43.

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